Mostrando entradas con la etiqueta obama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta obama. Mostrar todas las entradas

sábado, julio 26, 2014

Benenson: Cómo diseñar encuestas para ganar elecciones

Joel Benenson, uno de los consultores clave en la reelección de Obama en 2012, ofreció durante el congreso de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) en Bilbao (17-19 de julio de 2014) una lección magistral sobre cómo aprovechar la investigación cualitativa para descubrir las preocupaciones de los votantes y así rediseñar cuestionarios cuantitativos que muestren con mayor claridad los ejes sobre los que hacer pivotar el mensaje del candidato.

El reto de Benenson no era fácil. Ningún presidente de EE.UU. había sido elegido con una cifra de desempleo mayor del 7% (Obama estaba en un 8%), ni con un porcentaje de aprobación inferior al 50% (Obama estaba en un 43%). Benenson y su equipo mantuvieron seis sesiones de entrevistas online con un centenar de votantes de clase media sin filiación partidaria definida. Les preguntaron sobre sus valores religiosos, su comunidad, sus esperanzas de futuro y sus frustraciones. Las preguntas no eran totalmente abiertas, sino que solicitaban información sobre situaciones concretas: “Hábleme sobre la última vez que se sintió tratado injustamente en su trabajo”. El resultado fueron 1.400 páginas de transcripciones, que eran analizadas cada noche por un equipo de cinco personas.

Los norteamericanos entrevistados por Benenson revelaron las siguientes características comunes: 1) Sentían que la regla de oro del sueño americano (el trabajo duro lleva siempre al progreso) ya no seguía vigente; 2) Tenían miedo a arriesgarse y a no poder seguir adelante, o incluso a retroceder en su posición social; 3) Deseaban restaurar los valores comunitarios de solidaridad intervecinal. Este era el estado mental post-crisis de los estadounidenses, que sirvió para orientar la redacción de preguntas en encuestas con muestras representativas. Así, como se prefiguraba en el estudio cualitativo, los americanos revelaron altos porcentajes de asentimiento con las siguientes proposiciones:
  • “Estoy menos inclinado a asumir riesgos debido a la crisis financiera” (75%)
  • “El sistema económico en EE.UU. favorece a los ricos, no a la clase media” (68%)
  • “He rebajado mis expectativas financieras como resultado de la crisis financiera y la recesión” (60%) 
A decir de Benenson, estos resultados les permitieron entender algo que a los Republicanos se les escapaba: los americanos creen que el fundamento de una economía fuerte es la clase media, no la alta clase financiera. Es más, creían que la crisis financiera de los últimos cinco años no era “la típica recesión que ocurre de vez en cuando” (23%), sino “una crisis extraordinaria, la más severa de las últimas décadas” (74%). Este resultado llevó a Benenson a recomendar a Obama que parase de hablar de una “recesión” y utilizase la expresión “una crisis extraordinaria” en su lugar, a fin de enmarcar el problema de una manera congruente con el marco interpretativo de los votantes.

Benenson verificó sus intuiciones a través de preguntas en las que se forzaba a los participantes a elegir entre dos opciones, indicando cuál se aproximaba más a su manera de pensar. En junio de 2011, una mayoría de americanos pensaban que “los problemas económicos heredados por el presidente Obama eran demasiado severos como para que cualquiera los pudiese resolver” (61%), frente a un tercio de la población que opinaba que “un presidente diferente habría reflotado la economía” (33%).

Los votantes, insistió Benenson, no querían soluciones rápidas, sino soluciones duraderas. Sus investigaciones mostraron al equipo Obama que una mayoría de los electores querían 1) una economía con sólidos fundamentos, no una economía de burbujas; 2) inversiones a largo plazo (infraestructuras, educación, industria); 3) un retorno al papel protagónico de la clase media en la economía. Según Benenson, los postulados reaganianos del “trickle-down economics” (la idea de que la bonanza de los grandes negocios acabaría redundando en toda la población) ya no eran compartidos por una amplia mayoría de los americanos. Los Republicanos tenían como cabeza de cartel a un exitoso hombre de negocios (Mitt Romney), pero la investigación social revelaba que para los votantes el conocimiento técnico sobre la economía era menos importante que la voluntad de luchar por la clase media.

La clave de las encuestas electorales encargadas por candidatos y partidos, sentenció Benenson, es preguntar por aquello que necesitas saber para luego comunicar y, en última instancia, ganar.

###

jueves, marzo 28, 2013

Periodistas: cada vez menos influyentes



Hace unos días se publicaba una nueva edición del informe anual sobre el estado de los medios de comunicación periodísticos en EE.UU. (State of the News Media 2013). El documento, obra del Pew Research Center, incluye un estudio especial sobre los medios durante la campaña presidencial de 2012. Reproducimos, por su interés, las cinco conclusiones del estudio:

1.- Los periodistas tienen cada vez menos influencia en la configuración de la imagen de los candidatos. El informe estudió las fuentes de las narrativas sobre los rivales presidenciales y descubrió que los partidos y sus acólitos son los responsables de la mayoría de las afirmaciones que se vierten en los medios sobre los candidatos. Y ello a pesar de la proliferación de tertulias periodísticas.

2.- Quizá porque los periodistas tienen menos voz a la hora de hablar sobre los candidatos, los mensajes que aparecen en los medios sobre los políticos en liza son cada vez más negativos. Tres de cada cuatro afirmaciones sobre los candidatos eran de carácter peyorativo.

3.- La cobertura periodística al estilo “carrera de caballos” se redujo con respecto a la campaña presidencial anterior: la horse race coverage bajó del 53% de las noticias electorales en 2008 al 38% de las noticias sobre la campaña en 2012. Sin embargo, dicho descenso no significó un incremento del porcentaje de noticias sobre los temas clave (issues), que apenas varió (22% en 2012 frente a un 20% en 2008).

4.- Obama fue más activo que Romney en las redes sociales: el equipo de Obama produjo el doble de vídeos y el doble de posts en su web que el de Romney. En Twitter el desfase fue aún mayor. La diferencia entre los tuits de Obama y Romney se quedó en una proporción de 25 a 1, es decir, por cada tuit de Romney, Obama publicó 25. Aunque el estudio no entra en otro detalle curioso: las redes sociales favorecieron la organización y la presencia pública de candidatos y partidos insurgentes, como Ron Paul o el Tea Party.

5.- El incremento de la inversión en propaganda electoral por parte de los dos candidatos (se gastaron casi 3 billones en anuncios para televisiones locales, una cifra histórica) no se tradujo en más televidentes, ni siquiera en las cadenas todo-noticias que emiten por cable.

En conclusión: la mediación periodística en periodos electorales, al menos en EE.UU., pierde relevancia en favor de la comunicación no mediada de los candidatos hacia el electorado. Como consecuencia, las campañas se vuelven más personales, más negativas y polarizantes. A pesar de que la cobertura periodística competitiva (carrera de caballos) pierde fuelle, la cobertura interpretativa (sobre la posición de los candidatos en los temas clave de campaña) no la reemplaza, sino que se estanca. Las campañas gastan más en anuncios que nadie ve, y los periodistas hablan más que nunca entre sí ante las cámaras de televisión, pero su influencia a la hora de definir la imagen de los candidatos es cada vez menor.

###

miércoles, febrero 27, 2013

Jeffrey Alexander en la Carlos III



Jeffrey Alexander, figura destacada de la sociología cultural norteamericana, pronunciará una clase magistral abierta el público este viernes, 1 de marzo de 2013, a las 12 del mediodía en Aula Magna del Rectorado de la Universidad Carlos III de Madrid (campus de Getafe). La charla, titulada “The Performace of Politics 2012: Obama’s Last Campaign”, ahondará en dos de los últimos libros del autor, The performance of politics: Obama's victory and the Democratic struggle for power (Oxford, 2010) y Performance and power (Polity, 2011).

Frente a los que defienden que las campañas electorales se ganan a través del dominio de las variables demográficas y la recaudación de fondos, Alexander sostiene que los símbolos y las metáforas son claves en cualquier victoria electoral. Así, en su libro sobre la campaña de Obama, Alexander afirma que uno de los momentos más peligrosos para el triunfo del ex senador de Illinois tuvo lugar en julio de 2008, cuando los asesores de McCain pusieron en circulación un vídeo en el que se comparaba a Obama con una celebridad del estilo de Britney Spears o Paris Hilton. Según los datos que maneja Alexander, el vídeo llegó al 70% de los norteamericanos e hizo que McCain igualase a Obama en las encuestas de intención de voto. La metáfora de la celebridad representó, en palabras de Alexander, una “polución simbólica” que a punto estuvo de costarle a Obama la presidencia. La campaña demócrata reaccionó a tiempo: trató de modificar el escenario de su discurso de aceptación en Denver para que el candidato resultase más sobrio, solemne y contenido. Es decir, para que recordase más a Lincoln y menos a una celebridad pasajera.

La elección de Palin como compañera de McCain (septiembre de 2008) fue otro momento peligroso para Obama, pero la crisis financiera que irrumpió a mediados de ese mismo mes (y la desigual fortuna con la que cada candidato la afrontó) hicieron que la elección estuviese ya decantada desde octubre.

El programa completo de la visita de Alexander puede consultarse en la web del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid.

###

viernes, enero 18, 2013

La campaña de los números



“Tengo una mala noticia para los politólogos, los sociólogos y los comunicólogos”, dijo ayer el consultor de comunicación política Antoni Gutiérrez-Rubí durante una mesa redonda sobre las pasadas elecciones presidenciales en Estados Unidos. “La última campaña de Obama ha sido la campaña de los matemáticos, de los tipos de ciencias duras”, afirmó, indicando que el éxito de los Demócratas se debió fundamentalmente al reconocimiento de perfiles de votantes a partir del análisis de grandes cantidades de datos. Por ejemplo: un 10% de los votantes Demócratas practican yoga, mientras que entre Republicanos la cifra no llega al 2%. Cuando se trata de movilizar a los propios votantes, el conocer que en ese grupo se encontrarán votantes progresistas en una proporción de 5 a 1 permite maximizar los esfuerzos organizativos y financieros del candidato. Un refrendo de uno de los aforismos de Marshall McLuhan, quien aseguraba que en un contexto de sobreabundancia de información, la clave del éxito está en el reconocimiento de patrones.

En la campaña de Obama en 2012, como en todas desde la épica insurgencia de Howard Dean, el activismo online se hibridó con la acción offline, aquélla en la que se gasta suela de zapato llamando a los simpatizantes puerta a puerta. Según los datos de Gutiérrez-Rubí, Obama se llevó consigo al 93% de los afroamericanos, al 60% de los jóvenes, al 72% de los latinos, y al 55% de las mujeres. “Cuando te llevas el talento, es decir, a los jóvenes y a las mujeres, las posibilidades de éxito aumentan”, sentenció.

En la mesa de debate, organizada en Madrid por la Asociación de Comunicación Política en colaboración con el Colegio Nacional de sociólogos y politólogos, participaron también Alana Moceri, profesora de comunicación política en la Universidad Europea de Madrid y fundadora de los Democrats Abroad en España, y Jeff Galvin, agregado de prensa en la Embajada de Estados Unidos en España. Moceri coincidió con Gutiérrez-Rubí en la importancia de la estadística en la última campaña de Obama. “Todo se medía, incluso el éxito de cada uno de los e-mails en los que se pedían donativos”. Al igual que ocurre en España, en Estados Unidos la base electoral de los Demócratas es amplia pero difícil de movilizar en su totalidad, mientras que los Republicanos son menos pero muy fieles. La clave estuvo en la planificación temprana. Organizing for America, la plataforma para la reelección de Obama, comenzó a trabajar un año antes de los comicios.

Galvin hizo un repaso de los datos sobre uso de medios sociales y compromiso político en Estados Unidos, aludiendo al ya famoso experimento del sociólogo James Fowler. El investigador de la Universidad de California en San Diego demostró que conocer a través de Facebook que un conocido tuyo ha acudido a su cita con las urnas es capaz de animarte a ir a votar de manera más efectiva que un mero mensaje informativo sobre la celebración de las elecciones. Una confirmación la “influencia personal” de la que hablaban Katz y Lazarsfeld hace casi 60 años.

###

viernes, enero 11, 2013

Axelrod vuelve a la universidad



El director de campaña de Obama, David Axelrod, acaba de ponerse al frente del nuevo Institute of Politics de la Universidad de Chicago. Una vuelta a su alma máter (se graduó allí en 1976) tras dos intensas campañas con el actual presidente. El instituto es, lo admite el propio Axelrod, una copia del ya existente en Harvard desde los 60 (fundado por los mismísimos Kennedy). No ofrecerá clases ni otorgará títulos. Se centrará en tres aspectos: conferencias y debates sobre asuntos nacionales y globales (tendrá una dura competencia en el Center for Political Communication de la Universidad de Delaware), charlas profesionales a cargo de sus colegas en el mundo del marketing político, y programas de implicación juvenil en asuntos públicos. También ofrecerá un programa de becas residenciales, siguiendo el modelo del Joan Shorenstein Center de Harvard.

Nada nuevo bajo el sol, salvo la propia localización del instituto. Chicago es una de las ciudades más divertidas desde el punto de vista político (la famosa "Chicago political machine" puede estudiarse en detalle en la biografía del viejo alcalde Daley), pero la Universidad de Chicago es de las más aburridas del mundo. A pesar de su prestigio académico y la belleza de su campus neogótico, su lema no oficial es “Where fun comes to die.” El reto del estratega de Obama es conectar la universidad con la vida política de la ciudad.

Axelrod dice en una entrevista concedida a Chicago Magazine que va a dejar de lado la consultoría activa que venía haciendo a través de Axelrod Strategies para dedicarle tiempo a su familia. Según Bloomberg Businessweek, Axelrod no solo ha dirigido campañas para políticos, sino también para empresas. Se le considera un genio del ‘Astroturfing’, esto es, la creación de movimientos ficticios que simulan un gran apoyo popular hacia una causa. El apoyo popular hacia Obama, sin embargo, no fue solo virtual, sino muy real. Por ahora, el Institute of Politics de la Universidad de Chicago es poco más que un sitio web. Ojalá se convierta en el gran foro de debate político que la gran metrópolis del Medio Oeste se merece.

###

miércoles, noviembre 28, 2012

El duelo Obama-Romney, a debate en Madrid

Mas Consulting y George Washington University organizan la décima edición del Seminario International en Comunicación Política, que tendrá lugar en Madrid el 14 de diciembre de 2012, en apenas un par de semanas. La jornada contará con la presencia de consultores de los partidos Demócrata y Republicano, además de expertos y periodistas españoles. A continuación reproducimos el programa del encuentro, disponible en la web de Mas Consulting:

10º Seminario Internacional de Comunicación Política
Viernes, 14 de diciembre de 2012
Aula Magna de la Universidad Pontifica Comillas (ICADE), C/Alberto Aguilera, 23, 28015, Madrid.

Programa

8:30 - 9:15 Acreditación.
9:15 - 9:30 Bienvenida y presentación.
9:30 - 10:30 Comunicación en tiempos de crisis política: claves del liderazgo político actual.
  • Peter Fenn, profesor de The George Washington University y consultor del Partido Demócrata.
10:30 - 11:00 Pausa.
11:00 - 12:30 Lecciones de la campaña de Barack Obama.
  • Jim Margolis, presidente de GMMB, la agencia de publicidad principal de las campañas de Obama en 2008 y 2012.
12:30 - 14:00 Lecciones de la campaña de Mitt Romney.
  • César Martínez, asesor de la campaña de Romney-Ryan 2012.
16:00 - 17:30 ¿Y después de la era Obama qué? ¿Hacia dónde va el futuro de la comunicación política?
  • Andoni Aldekoa, Director delegado de Alcaldía del Ayuntamiento de Bilbao.
  • Antoni Gutiérrez Rubí, Consultor de comunicación.
  • Daniel Ureña, Socio-Director de MAS Consulting.
17:30 - 19:00 Periodistas y políticos: claves para una buena relación.
  • Helena Resano, presentadora de informativos de La Sexta.
  • Sonia Sánchez, Jefa de Política de la Cadena SER.
  • Vicente Vallés, Antena 3, presentador de informativos de Antena 3.
19:00 Clausura y entrega de certificados.

Observaciones:
  • Se ofrecerá servicio de traducción al español para las sesiones dictadas en inglés.
  • Todos los participantes recibirán el Certificado Académico de The George Washington University.

###

martes, agosto 14, 2012

Las raíces intelectuales de Paul Ryan



Cuando este domingo leía el perfil que el Washington Post hacía sobre Paul Ryan, el candidato republicano a la vicepresidencia de EE.UU., había una cosa que no me cuadraba: su catolicismo. Recordemos que lo que más molestaba al politólogo Samuel Huntington de los latinos en EE.UU. era la presunta relación entre catolicismo y ‘fatalismo’, la creencia de que el ser humano tiene poco en su mano para cambiar su destino. Toda una afrenta al credo protestante y al ethos norteamericano, que pone toda la responsabilidad en el individuo. Pero el perfil religioso que sobre el congresista de Wisconsin ha publicado el Pew Forum on Religion & Public Life me ha hecho encajar las piezas. El principio católico que guía la praxis política de Ryan es el de la subsidiariedad, que defiende la idea de que las entidades administrativas superiores no deben ocuparse de aquellas tareas que puedan realizar las entidades administrativas inferiores. Una doctrina de autonomía local que legitima una mayor independencia de los Estados frente a las ambiciones centralizadoras del poder federal. Curiosamente, el principio de subsidiariedad, de raigambre católica aunque con réplicas en el mundo protestante, es una de las claves de bóveda de la Unión Europea. Con un matiz: la UE no es una federación ni una nación (no hay edificios ‘federales’ de la UE en cada Estado miembro, y el poder supranacional de la Comisión Europea es intencionadamente tecnocrático, independiente de las voluntades populares) por lo que el principio de subsidiariedad contribuye a hacer más invisible (si cabe) al poder supranacional europeo.

Aclarada la paradoja católica, el resto de fuentes intelectuales de Ryan son más predecibles. El libro de cabecera de su adolescencia fue Atlas Shrugged (La rebelión de Atlas, 1957), de Ayn Rand, musa libertaria que era un auténtico personaje de novela. Tal era su aversión al Estado y a lo colectivo que Federico Jiménez Losantos, líder del commentariat libertario español, la considera más anarquista que liberal. Los libros de Rand siguen siendo long-sellers en EE.UU., quizá porque es la autora que mejor expresa el deseo de los líderes de despojarse de las ataduras de los comités que les hacen producir camellos cuando quieren diseñar caballos. Rand ensalza la libertad del creador individual frente al conservadurismo y la incomprensión de las masas. Su credo se resume en el famoso discurso del arquitecto Howard Roark en la novela The Fountainhead (El Manantial, 1943), llevada al cine por King Vidor en 1949. Rand es un éxito entre los adolescentes norteamericanos, talvez porque es en esa edad cuando el joven quiere separarse de su entorno y encontrarse a sí mismo en su sacrosanta individualidad. Por no hablar de la maravillosa bondad de ajuste entre el espíritu libertario de Rand y la (muy americana) idea de que hacerse rico no es algo moralmente reprobable, sino encomiable.

Cuenta el Post que cuando Ryan era el chico de los recados del senador Robert Kasten a principios de la década de los 90, leyó dos de los libros que han sustentado el credo neoliberal: The Way the World Works (1978), de Jude Wanninski, del que Reagan reconoció haber copiado su modelo económico, y Wealth and Poverty (1981), de George Gilder, en el que se defiende la superioridad del mercado sobre la economía planificada de los gobiernos.

Y si es cierto que las compañías nos sirven para definir a las personas, podemos conocer a Ryan a través de dos de sus amigos en el mundo periodístico: Paul Gigot, editorialista del Wall Street Journal, y William Kristol, el director de la revista conservadora Weekly Standard.

Es Paul Ryan, y no su compañero Mitt Romney, la auténtica némesis de Obama. A falta de una autobiografía como Dreams From My Father, nos quedamos con un manifiesto intelectual que sabe a programa de gobierno: A Roadmap for America’s Future (2008).

###

sábado, febrero 27, 2010

El telemaratón de Obama

Las crónicas dicen que el pasado jueves el presidente Obama reunió durante siete horas y media a demócratas y republicanos en un ‘Health Care Summit’ para debatir la reforma sanitaria en EE.UU. A uno le sobreviene la pregunta (nada académica) de si sus señorías tuvieron tiempo para ir al baño durante tan maratoniana jornada. La pasada noche, en el debate nocturno del Canal 24 Horas de Televisión Española conducido por el periodista Vicente Vallés, se comparaba la presunta transparencia del debate norteamericano con la opacidad de las reuniones del pacto anticrisis español, que tienen lugar en el Palacio de Zurbano (un claro intento, por cierto, de iconizar las reuniones, elevándolas al rango simbólico de los Pactos de la Moncloa de 1977).

La investigación académica ofrece interesantes hallazgos respecto a la efectividad y el efecto de las reuniones públicas frente a las privadas. La tesis doctoral del politólogo Daniel Naurin, publicada bajo el título Deliberation behind closed doors: Transparency and lobbying in the European Union (European Consortium for Political Research Press, 2008), pone a prueba el efecto civilizador de la publicidad. La teoría dice que en las reuniones a puerta cerrada los lobbies hacen valer sus intereses privados con descaro, mientras que en público estarían obligados a aquilatar sus argumentos con referencias al bien común. Tras comparar los comunicados de prensa de los lobbies europeos con su correspondencia privada con la Comisión Europea, Naurin descubrió que, en privado, los lobbies hacen continuas referencias al bienestar general de la población, mientras que en público ‘politizan’ su discurso. Es decir, expresan sin ambages los intereses del grupo al que representan. En conclusión: La publicidad de los debates no civiliza, sino que politiza las discusiones. La privacidad, en cambio, facilita el consenso entre las partes. En público, los negociadores han de teatralizar, exagerar sus posiciones, para que los grupos a los que representan no se sientan defraudados. En contra de lo que predice la teoría, es en privado, fuera de los focos, cuando más se tiene en cuenta el bienestar general. Es en privado cuando uno puede traicionar a los suyos para favorecer el bien común.

El telemaratón moderado por Obama no nos ofreció una ocasión única para acceder al auténtico discurso político de los representantes. Quizá, sin haber leído la tesis de Naurin, Obama sabe que la publicidad politiza. Apoyándonos en los argumentos de Jonathan Cohn, de la revista The New Republic, podríamos aventurar la siguiente hipótesis. Obama sabía que el debate no produciría consenso. El acceso universal a la salud requiere intervención estatal y, a corto plazo, más gasto público. Bajo los focos, los Republicanos jamás admitirán tal medida. Pero Obama buscaba esta negativa a la mayor de los Republicanos para sentirse legitimado para actuar en solitario. Intenté negociar con ustedes, dirá el presidente, pero fue imposible. No me queda más remedio que tirar del carro por mi cuenta. Obama habría teatralizado el debate para forzar su politización. Habría sido un intento de coger impulso para desatascar la tramitación legislativa de la reforma sanitaria. Como cuando uno remueve las brasas para que se avive el fuego. Naturalmente, habrá nuevos intentos (verdaderos) de lograr un consenso. Pero los Republicanos, aunque no lo admitan en público, lo harán más a gusto en privado.

###

sábado, septiembre 12, 2009

Un discurso para cambiar la historia

“You smile, and then the spell is cast.” (Sonríes, y el hechizo está echado). La letra de la canción At Last, que Beyoncé cantó al matrimonio Obama en la gala de su inauguración presidencial, estaba escrita mucho antes de que la figura del antiguo Senador de Illinois alcanzase el estrellato, pero parece cobrar pleno sentido aplicada a Obama. En su esperado discurso sobre la reforma sanitaria ante el Congreso, el presidente ha conseguido calmar los ánimos y meterse en el bote a los moderados de ambos partidos. Quizá no en las dos cámaras parlamentarias, pero sí en la calle, a decir de las encuestas posteriores a su alocución.

Estudiar el impacto en la opinión pública de las acciones de comunicación política (discursos, protestas, anuncios, campañas…) es la principal ocupación de muchos académicos. Se dice que hay discursos que cambian la historia, como si un puñado de palabras (variable independiente) fuesen capaces de modificar conductas y opiniones (las variables dependientes). Obama parece confiar en el poder de su palabra. Sus elaborados discursos (cuya sencillez esconde horas de trabajo) han sido, en efecto, desequilibrantes en momentos clave. Ocurrió con su discurso en Berlín, que afianzó su status internacional, y con su discurso sobre la raza, que calmó animosidades internas. Con su discurso ante el Congreso el 9 de septiembre de 2009, Obama ha embridado a la desbocada bestia del partidismo y los grupos de interés de manera magistral. Descomponemos a continuación el texto su discurso:

1.- Introducción: Obama explica las razones de la ineficiencia del actual modelo sanitario norteamericano, y encuadra su reforma en el contexto de sucesivos intentos en la historia del país. Sitúa a la clase media, y no a los americanos más pobres (los denostados vividores del welfare), como los principales perjudicados por el actual sistema y, en consecuencia, como los mayores beneficiarios de la reforma. Obama ilustra con casos individuales el drama de muchos americanos medios que ven cómo sus compañías de seguros deciden retirar su cobertura en los momentos más difíciles, aludiendo a enfermedades no declaradas como principal argumento para justificar dichos cambios. La principal función de esta introducción es la de justificar la reforma sanitaria, la de hacer entender a la audiencia que un cambio es necesario, imprescindible. “Estos son los hechos”, dice Obama. “Nadie los disputa. Sabemos que debemos reformar el sistema. La cuestión es cómo.”

2.- Obama explica el espíritu de la reforma y sus puntos básicos, y aprovecha deshacer malentendidos y despejar temores. Tres son los pilares de su reforma: 1) Proteger a los consumidores (en Europa jamás llamaríamos a los usuarios del sistema de salud “consumidores”) garantizando que jamás se les negará cobertura sanitaria por enfermedades previas; 2) Ofrecer un mercado de seguros sanitarios asequibles y de calidad para aquellos que cambian de trabajo (cabe recordar que en Estados Unidos son los empleadores quienes suelen pagar --y negociar-- el seguro médico de sus asalariados); 3) Obligar a aquellos que pueden permitirse pagar un seguro sanitario suscribir una póliza básica de bajo coste, lo quieran o no (como ocurre con los seguros de automóvil, que son obligatorios en muchos estados). Obama quiso afrontar los mitos que rodean a su reforma: Tachó de mentira los “paneles de la muerte” que denunciara Sarah Palin (fue de las pocas ocasiones en que Obama no refutó acusaciones con argumentos); prometió que su reforma no daría cobertura los inmigrantes ilegales; y dijo que no habría financiación federal para los abortos.

3.- Menos gobierno y más libertad de mercado. Obama parece dar por descartada una opción pública de financiación federal, y propone en su lugar la existencia de compañías privadas sin ánimo de lucro que entren a competir en el mercado para forzar los precios de los seguros a la baja, sobre todo en el segmento de mercado de los más desfavorecidos. “Mi principio guía es, y ha sido siempre, que los consumidores salen beneficiados cuando se les ofrece elección y competencia”, declaró solemne Obama, defraudando a sus seguidores más izquierdistas. Aquí está la clave para entender el golpe maestro del presidente: Ha enmarcado su reforma como una iniciativa de libertad negativa. Queridos americanos, no les ofrezco un seguro médico gubernamental, sino que trataré de evitar monopolios y garantizar la cobertura de las clases bajas mediante la ley. No les ofrezco la solución prediseñada por el gobierno, sino que creo el marco legal propicio para que un mercado justo (con competencia leal y unas garantías mínimas) ofrezca la solución por sí mismo. Obama volverá a insistir en este punto en la clausura del discurso, donde intenta calificar su reforma como netamente americana. Es decir, no como una intervención gubernamental, sino como una ley para garantizar una justa competencia.

4.- Financiación del plan. Un político debe dar cifras para cuantificar sus planes, por más que los cálculos tengan pocos visos de realidad. Obama cifró el coste de su reforma en 900 billiones de dólares, pero se apresuró a decir que el nuevo plan sanitario no se financiará con una subida de impuestos sino con un gasto más eficiente de los recursos actualmente empleados en el sistema sanitario ahora vigente. Apuntilló que el coste de la reforma era menor que el de las guerras de Irak y Afganistan, o que la rebaja de impuestos a los americanos más pudientes. Era otra manera de decir que el déficit presupuestario se debe a Bush y no a la reforma sanitaria.

5.- Conclusión enérgica: Nueva llamada a la necesidad de reforma, apelación emotiva (con referencia al recientemente finado Ted Kennedy) y defensa del americanismo de su plan. Obama recapitula incidiendo una vez más en la justificación de sus planes: La reforma es necesaria, inaplazable. El status quo es imperdonable. El presidente eleva aquí el tono religioso su discurso, diciendo que sus medidas responden a “una llamada” y, más que una acción política, son “una cuestión moral.” De nuevo introduce historias individuales en su discurso, las de miles de americanos que le han escrito contando sus problemas y clamando por una reforma. Obama hace un homenaje a Ted Kennedy, figura controvertida y quasi-comunista para muchos americanos, pero el presidente desactiva el sambenito de radical de Costa Este que pesa sobre el difunto para calificarlo como un ser humano que dedicó su vida a la reforma sanitaria por razones personales (dos de sus hijos padecían cáncer). Esa preocupación por el otro, esa capacidad de empatía, el ser “my sister’s keeper”, como dijo en campaña, son a juicio de Obama cualidades netamente americanas. En el fondo, el presidente se presenta de nuevo como la promesa del (incumplido) sueño americano. En un contexto de crisis económica sin precedentes, el trabajo duro ya no garantiza prosperidad ni seguridad. La reforma de Obama no es una muestra más de intervencionismo estatal, sino el toque de corrección que garantiza un mercado justo. Frente a la mano invisible del mercado, Obama habló explícitamente de una “leavening hand of wise policy”, la mano elevadora de las políticas hechas con sabiduría. Sin esa mano (que no controla, sino que corrige abusos), “los mercados pueden quebrarse, los monopolios pueden paralizar la competencia, y los vulnerables pueden ser explotados.”

En definitiva, frente a los que lo acusaban de socialista, Obama se presentó como el hombre de ley que combate la anarquía para garantizar una competencia justa en un mercado libre. Obama no ofreció una libertad positiva (una solución cerrada, financiada por el gobierno, para la opción pública de cobertura sanitaria) sino una libertad negativa (poner límites a los abusos del mercado, dejando que sea la propia competencia la que ofrezca soluciones).

Y concluyó, claro está, con una de las máximas poéticas que tanto gusta de utilizar en sus discursos: “No hemos venido aquí para temer al futuro. Hemos venido para darle forma.”

Technorati tags: , , , , , , .

miércoles, agosto 26, 2009

A vueltas con el Obamacare

Los europeos no dan crédito a lo que ven en sus televisores. Muchedumbres airadas se manifiestan contra los planes de cobertura sanitaria universal de la Administración Obama, mientras en un polideportivo de Los Ángeles médicos voluntarios atienden a una pequeña parte de los 40 millones de norteamericanos que carecen de seguro médico. Para colmo, los Estados Unidos se presentan como el país que más proporción de su PIB gasta en sanidad, lo que unido a la falta de cobertura universal acrecienta la sensación de ineficiencia. A mayor abundamiento, en las comparativas internacionales la esperanza de vida media de los ciudadanos USA se encuentra por debajo de la de varios países europeos.

¿Irracionalidad? ¿Masoquismo? No, ni mucho menos. El modelo de cobertura sanitaria de Estados Unidos es un ejemplo más del excepcionalismo americano del que hablaba Lipset. Una manifestación más de la filosofía del ‘gobierno limitado’. Las iracundas protestas son el síntoma más evidente de que Obama está tocando fibras sensibles, órganos vitales de la sociedad que preside. Aún a riesgo de simplificar, la diferencia entre Estados Unidos y Europa, en todos los ámbitos, es la siguiente: En USA se prima la libertad sobre la seguridad. En Europa el deseo de subir a todos al carro empuja hacia abajo, hacia la media (algunos dirían hasta la mediocridad) al libertario, al aventurero, al soñador. En América la primacía de la libertad sobre la seguridad hace que el exitoso pueda disfrutar de sus logros al máximo, mientras que el rezagado se hunde todavía más en su miseria. El europeo, y en especial el latino, dirá que esto es totalmente injusto, que a veces el destino nos podría convertir en perdedores. El americano dirá que el destino no existe, y que está en la mano de cada uno salir de la miseria para alcanzar cotas de bienestar mayores.

¿Cómo se traduce esta filosofía de fondo al caso sanitario? En Estados Unidos, quien tiene un buen trabajo puede permitirse un buen seguro sanitario, lo que implica poder elegir doctor, llamarlo a altas horas de la madrugada un sábado para relatar un episodio de hipocondría, y acceder a carísimos tratamientos experimentales en caso de enfermedades graves. En Europa no hay nadie sin cobertura sanitaria, pero sí hay listas de espera, los episodios de hipocondría han de tratarse como urgencias y los tratamientos experimentales quedan vedados al paciente hasta que el gobierno nacional o la agencia sanitaria competente considera que el coste de su adquisición se ve compensado por sus beneficios (medibles, por ejemplo, en semanas de esperanza de vida). “¡Pero no todo el mundo tiene un buen trabajo!” dirá el europeo. “El virtuoso sí” replicará el americano, para el que la buena fortuna no es tal sino la justa recompensa a su esfuerzo individual y rectitud moral.

El Presidente Obama no se cansa de decir que libertad y seguridad no tienen por qué ser incompatibles, de la misma manera que en Estados Unidos conviven universidades privadas de máximo nivel (Yale, Harvard) con universidades públicas que en nada las desmerecen (California, Illinois). Sin embargo, puesto que la reforma sanitaria toca la columna vertebral de valores de Estados Unidos, Obama está arriesgando todo su capital político en un asunto que podría extinguir su buena estrella presidencial. Tan delicada es la situación que incluso llegó a descartar la ‘public option’ en favor de cooperativas privadas sin ánimo de lucro. Se equivocan muchos columnistas europeos al presentar a las compañías de seguros como el principal enemigo de Obama. Tampoco lo son los Republicanos. La prioridad de la libertad sobre la seguridad es un valor netamente (USA)mericano, que trasciende a las diferencias ideológicas partidarias. El reverso lo tenemos a este lado del Atlántico, donde una mayoría de los ciudadanos de derechas apoyan el ‘welfare state’ y una intervención estatal que serían anatema para un Demócrata moderado.

Lecciones de comunicación política
Una vez explicada la aparente irracionalidad de la soledad de Obama, el estudioso de la comunicación política gustará de reflexionar sobre los límites de la movilización permanente. El poder siempre desgasta, y la Obamanía no puede durar siempre. El presidente se ha remangado de nuevo la camisa, viajando estado por estado para explicar su reforma sanitaria en multitudinarios foros ciudadanos, donde por cierto se presentaban individuos con escopeta al hombro (de nuevo, el excepcionalismo norteamericano, la libertad extrema, la desconfianza del estado como monopolizador de la violencia). ¿Han servido de algo estos foros-mítin? A Obama le gusta la argumentación razonada. Su histórico discurso sobre las relaciones raciales consiguió dar en la diana del consenso y acalló la polémica de su antiguo pastor espiritual. En una jugada retórica maestra, Obama tocó fibras sensibles y las reparó sin dañarlas. La estrategia para reformar el sistema sanitario es la misma, pero fuera de campaña un gobierno no puede responder con la misma artillería sentimental que utilizan las compañías de seguros en sus anuncios televisivos. Obama no puede responder con el mismo grado de dureza a los Political Action Committees que lo pintan con bigote hitleriano.

Desde el punto de vista de los marcos interpretativos, lo que los académicos llaman ‘discursive frames’, se enfrentan las palabras ‘Obamacare’ frente a ‘public option’. Con la primera los Republicanos quieren ridiculizar la reforma sanitaria de Obama, connotando que se trata de una segunda versión de su precedente más inmediato, el malogrado Hillarycare. El término ‘public option’ denota que Obama no quiere un sistema totalmente público, sino una opción pública en competencia con las opciones privadas. Según la métrica de Technorati, que lleva cuenta de las etiquetas utilizadas a la hora de describir los posts de los blogs, el término ‘Obamacare’ gana terreno en la blogosfera a pasos agigantados.

Tras su breve descanso vacacional, interrumpido por el fallecimiento del león Ted Kennedy, Obama necesitará de toda su fortuna (perdón, de todo su empeño) para operar al paciente sin que éste lo agarre del pescuezo en plena cirugía.

Technorati tags: , , , , , , .

martes, julio 21, 2009

Todos los discursos de Obama en una web

Desde su alocución revelación en la Convención Demócrata de 2004 hasta su reciente intervención en El Cairo el 4 de junio de 2009, las transcripciones de más de 200 discursos de Barack Obama están disponibles en una web del proveedor askSam eBooks & Databases.

Como ya advertía sabiamente Mark Ambinder en The Atlantic, la era internet premia el discurso elaborado frente al sound-bite de la era televisiva. Nunca antes como ahora fueron necesarios buenos redactores de discursos y documentalistas. De ahí la utilidad de esta web, que se puede entender como un repositorio de buenas prácticas.

Vía CommPilings.

Technorati tags: , , , , , , , .

jueves, marzo 19, 2009

De la campaña a la movilización permanente

Al politólogo Patrick Caddell, asesor del presidente Carter en los 70, se le atribuye el concepto de “campaña permanente.” Según este principio, las campañas no acaban con las elecciones; la propia acción de gobierno ha de ser comunicada de manera persuasiva en el día a día, pensando ya en la campaña siguiente.

El seminario de comunicación política al que hace una semana asistieron los socialistas Jesús Caldera y Juan Fernando López Aguilar en Washington ha ido un paso más allá. El Center for American Progress, la fábrica de ideas de Barack Obama, quiere inculcar a los progresistas del mundo la necesidad de mantener una “movilización permanente” cuando se llega al gobierno o, por decirlo citando el programa del seminario, “a sense of urgency (...) while in office.”

El propio Obama parece guiarse por esta nueva filosofía: A los pocos días de jurar el cargo se ha consagrado ya como el presidente más mitinero de la historia. Mientras escribo estas líneas, el 44 presidente pronuncia un discurso-mítin en Orange County, California, defendiendo su plan para salir de la crisis. Colocadas estratégicamente a sus espaldas se sientan unas cuantas fans que jalean las figuras retóricas del orador. El encuentro parece una réplica del celebrado hace un mes en Florida, bajo el lema de doble sentido “Making America Work” (“work” se puede traducir como “trabajar” y “funcionar”).

Además de acuñar el principio de “movilización permanente”, el seminario de Washington ha confirmado la existencia de una especie de internacional socialdemócrata a la que Obama no tiene reparos en apadrinar: Además del PSOE, en el programa figuraban representantes del Partito Democratico italiano y del SPD alemán.

Durante su estancia en la capital federal, los partidos europeos habrán escuchado fascinantes historias sobre la aplicación de Internet a las campañas electorales. La mayoría no las podrán imitar. En algunos casos, por limitaciones externas: Las leyes de protección de datos europeas son más restrictivas que las americanas, lo que impide la creación de exhaustivas bases de datos sobre votantes. Pero en otros casos, las limitaciones son internas: Los partidos europeos son estructuras estables (algún atrevido diría que inamovibles) y menos permeables al voluntariado espontáneo de lo que predican.

En cuanto a Internet, los partidos y candidatos a este lado del Atlántico harán bien en aplicarse el cuento de Howard Dean, a quien hace unos días escuché en primera persona las siguientes palabras: “Internet es sólo una herramienta. No hará nada por los que no tienen nada que decir.”

Technorati Tags: , , , , , , .

martes, enero 20, 2009

Obama: El reto de gobernar en poesía

La revista cultural del diario argentino Clarín publica un completo reportaje de Sonia Jalfin sobre el modelo de democracia que la presidencia de Obama podría alumbrar a través del uso de las nuevas tecnologías de la comunicación. El 44 Presidente ha hecho campaña en poesía, pero defraudará a muchos de sus seguidores si, como reza el proverbio, gobierna en prosa. La web de transición Change.gov ha ofrecido foros para la participación ciudadana, haciendo soñar a algunos con la democracia electrónica deliberativa y con un gobierno en poesía. Sin embargo, como destacaba ya Marc Ambinder en The Atlantic, las burocracias no funcionan bien con excesiva transparencia. Y, como se menciona en el reportaje, todavía está por ver lo que puede hacer un presidente o su equipo con las miles de sugerencias que llegan a través de los foros. Quizá la red sea fundamental para hacer campaña, pero no para gobernar. Tal vez sea ideal para organizar el trabajo voluntario de activistas y recaudar donaciones, pero no para poner en práctica políticas públicas, que ciertamente requieren consulta pública, pero también consenso y negociación entre los distintos interestes.

De nuevo, el viejo debate entre la sabiduría del hombre común y el experto, entre la transparencia y la deliberación a puerta cerrada. Stephen Coleman, profesor de la Universidad de Leeds, sugiere en el reportaje de Clarín que, para ser poético, el Presidente Obama ha de seguir tres pasos: “Conectarse con las redes de debate, comunidades locales y grupos de afinidad que ya existen online para sumarlos a la producción de políticas. Asegurarse de que las principales decisiones de gobierno estén precedidas por consultas online. Y continuar usando las redes sociales, en especial Youtube, para hacer inteligible su mensaje.”

Mientras tanto, los seguidores de Obama preparan ya la campaña de 2012.

Technorati tags:
, , , , .

jueves, diciembre 04, 2008

Obama no triunfaría en Europa

Los partidos políticos europeos están fascinados con el fenómeno Obama. Todo candidato que se precie ha de lucir ahora una web interactiva, adornada con los recursos de la llamada Web 2.0. Los consultores políticos reciben encargos del estilo “Hazme una web como la de Obama, a ver si se me pega algo.” Pero la americanización de las campañas electorales europeas se limita al personalismo del candidato. La auténtica revolución de la campaña de Obama (los voluntarios) tiene pocos visos de encontrar su réplica a este lado del Atlántico.

En un capítulo en el que comparan las campañas americanas con las británicas, Anstead y Chadwick (2008) advierten del peso del contexto institucional en la aplicación política de las tecnologías de la comunicación. Tanto en el Reino Unido como en España, el ejecutivo depende de una mayoría parlamentaria, que es la que elige al presidente del gobierno. En Estados Unidos, son los electores (no el Parlamento) quien elige al presidente. Cualquier ciudadano norteamericano nacido en Estados Unidos puede presentar su candidatura a la presidencia. En España uno ha de ser miembro de un determinado partido (y tener el pago de las cuotas al día, dicen los estatutos del PSOE) para poder optar a que el propio partido lo elija como candidato. En las primarias presidenciales norteamericanas, cualquier ciudadano registrado como votante puede participar. En España, el PSOE introdujo las primarias tras su derrota en las generales de 1996, pero sólo los militantes del partido (y no cualquier ciudadano) pudieron participar en la elección del candidato socialista. El ganador, Josep Borrell, resultó no ser del agrado del aparato, y finalmente no concurrió como candidato en las generales del 2000. El corsé del partido no es privativo de España. En el Reino Unido, el que sería alcalde de Londres, Ken Livingstone, también ganó las primarias laboristas para competir por la alcaldía de la capital británica. El partido lo vetó, y tuvo que ganar las elecciones municipales como candidato independiente (Hopkin, 2001).

En Europa, ha escrito algún politólogo, los partidos pertenecen más al Estado que a la sociedad civil. La hipermediatización de la política prima al candidato telegénico, es innegable. Pero la americanización de las campañas europeas acaba ahí. Ni Facebook, ni YouTube, ni Twitter, ni los blogs nos darán un Obama europeo.

Referencias:

Anstead, Nick and Andrew Chadwick (October 2007) Parties, Election Campaigning and the Internet: Toward A Comparative Institutional Approach (RHUL PIR/NPCU Working Paper No.5).

Hopkin, Jonathan (2001) Bringing the members back in? Democratizing candidate selection in Britain and Spain. Party politics, 7 (3). pp. 343-361

Technorati tags: , , , , .

viernes, noviembre 07, 2008

Rahm Emanuel, fontanero mayor

Es lo más parecido a Karl Rove que tiene la izquierda estadounidense. Rahm Emanuel, que acaba de aceptar el puesto de jefe de Gabinete en la Casa Blanca, es un veterano de la era Clinton. Se le considera el gran artífice de la mayoría demócrata en las elecciones legislativas de 2006. Las fotos de aquella noche electoral, claro precedente de la nueva mayoría de Obama, muestran a un Emanuel eufórico junto a Nancy Pelosi, la portavoz demócrata en el Congreso.

Apodado “Rahmbo” por su atlético físico (iba para bailarín profesional) y por sus finos modales (“Esto es importante: No la jodas”, le espetó al mismísimo Tony Blair antes de que el Premier británico defendiese públicamente a Clinton en medio del escándalo Lewinsky), Emanuel es un personaje de película. De hecho, su trasunto televisivo, el Josh Lyman de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca, lo ha precedido en popularidad. Una vez más, la naturaleza imita al arte.

Con esta elección Obama defraudará al bando más izquierdista de su partido. Emanuel es el epítome del insider capitolino, la bestia negra para los seguidores de Howard Dean. Congresista electo por uno de los distritos urbanos de Chicago, Emanuel simboliza mejor que nadie el pragmatismo de Obama. Si el vicepresidente Biden aporta al nuevo presidente el pedigrí internacional del que carece, Rahmbo asumirá encantado el papel de poli malo, el de dóberman que ataca sin piedad a quien osa desafiar a su amo.

Emanuel es, en teoría, un fiel Clintoniano. Se cuenta que él y Hillary estuvieron detrás del lanzamiento de los “Fighting Democrats” (abreviados Fighting Dems), unos 60 veteranos de guerra que concurrieron a las legislativas del 2006 bajo el sello demócrata. El objetivo era subir el perfil guerrero de la izquierda americana frente a los Republicanos, que monopolizaban el repertorio de hazañas bélicas.

Para los interesados en conocer a fondo las tácticas del Karl Rove demócrata, recomendamos la lectura del libro The Thumpin': How Rahm Emanuel and the Democrats Learned to Be Ruthless and Ended the Republican Revolution (2007), de Naftali Bendavid, periodista del Chicago Tribune. En el momento de escribir estas líneas el libro está “temporalmente agotado” en Amazon.

Technorati tags: , , , , , , .

miércoles, noviembre 05, 2008

Obama, el nuevo Reagan

Obama quiere ser el nuevo Reagan. Lo dijo él mismo en un polémico vídeo que su equipo de campaña consiguió neutralizar hábilmente. Quiere ser un presidente transformador, como lo fue el difunto actor de Hollywood, quien a pesar de ser un destacado gobernador en California, nació en Illinois, el estado que eligió a Obama senador. El amanecer americano (morning in America) de Reagan quedó sutilmente cristalizado en el logotipo de Obama, con una enorme O anunciando un nuevo horizonte.

El senador de Illinois ha sorprendido en muchos aspectos. En contra de todo augurio, no se desinfló durante la campaña, sino que se creció y respondió ante cada desafío. Su retórica tiene mucho de predicador (la emoción nubla la razón) pero en varios discursos (entre ellos el famoso speech sobre la raza) y en la notable, casi sobresaliente, prosa de sus dos best-sellers (Dreams from my father y The audacity of hope) nos hemos encontrado a un líder articulado, con capacidad para pensar, analizar y comunicar. Sus propuestas para sacar a América de la crisis no han sido mucho más explícitas que las de McCain, pero al menos sabemos que estará rodeado de un buen equipo de asesores.

Obama, por su propia condición de hombre mestizo y cosmopolita, representa mejor la América del siglo XXI que McCain. El veterano de Vietnam apuntaba al pasado: Su metáfora era la de la fortaleza -“our country first” fue su lema electoral- y su vicepresidenta Palin era un guiño a la América más conservadora e insular, la América del small-town living.

Obama, como Reagan, es optimista y pragmático. Le achacan falta de experiencia, pero su conocimiento de la política en Chicago, menos violenta que en los años 20 pero igual de sucia, será el mejor entrenamiento para sus futuros tira y afloja con Irán, Rusia, y demás adversarios en la política internacional.

En cuestión de comunicación política, Obama tendrá que dar nuevos incentivos a sus seguidores a fin de no dejar morir la extraordinaria red de apoyo que ha creado. Hay quien se pregunta si Obama será no sólo el candidato-red, sino el gobernante-red, creando nuevas herramientas de interacción entre gobierno y ciudadanos. Lo veremos. Por ahora, Obama tiene enormes desafíos ante sí, entre ellos el de sobrevivir a su propio mito.

Technorati Tags: ,, , , ,.

viernes, julio 25, 2008

Obama, el cosmopolita pragmático

Soy un berlinés, dijo Kennedy a la multitud que lo jaleaba en la capital alemana en 1963, mientras la Unión Soviética levantaba el famoso muro. Soy un ciudadano del mundo, dijo ayer Obama a los miles de seguidores que lo saludaban en las calles berlinesas, encandilados por su potente retórica.

El cosmopolitismo es una de las corrientes filosóficas que más terreno ha ganado últimamente en la academia. Con raíces en la Grecia Clásica y en el universalismo pacifista de Kant, la interconexión del mundo actual ha revitalizado la idea de “un sólo mundo”, como rezaba una de las pancartas colgadas en el puente de San Francisco al paso de la llama olímpica china. Sin ir más lejos, la reciente guerra de Irak enfrentó a la traditional realpolitik norteamericana con el multilateralismo de raigambre europeísta. El discurso de Obama es un claro intento de unir lo que Ortega y Gasset llamó “los dos lóbulos de Occidente”: Europa y Estados Unidos.

El Obama del discurso de Berlín es un cosmopolita pragmático. Su referencia a la OTAN como la mayor alianza de paz de la historia no fue gratuita. Obama intentó la cuadratura del círculo. Por una parte, reconoció la necesidad de colaborar en la derrota de amenazas comunes que ni la más grande de las potencias puede afrontar en solitario. Por la otra, su apoyo a la OTAN (“la alianza más grande jamás creada para defender nuestra seguridad común”) fue una implícita negación de los sueños de una federación mundial, cuyo embrión fue la difunta Sociedad de Naciones, madre de la actual Organización de Naciones Unidas (ONU).

El debate entre proto-federaciones mundiales (tipo ONU) y alianzas estratégicas entre estados-nación (tipo OTAN) ha sido una constante durante el Siglo XX. Habrá quien no se lo acabe de creer, pero en plena Segunda Guerra Mundial el manifiesto cosmopolita One World del -¡Republicano!- Wendell Willkie fue todo un superventas en 1943. La idea, tan europea, de que la mutua dependencia favorece la paz, tenía todavía vigor en los Estados Unidos. Walter Lippmann no tardaría en responder. Como nos recuerda Ronald Steel en su magnífica biografía sobre el insigne periodista y asesor de presidentes, Lippmann sacó a la luz el libro U.S. Foreign Policy: Shield of the Republic en abril de 1943. También cosechó éxito en las librerías y, sobre todo, en el Despacho Oval. Steel resume así la posición de Lippmann, que sería suscrita en su totalidad por los futuros presidentes de Estados Unidos: “La seguridad se basa en el poder, no en principios abstractos. Las alianzas y las esferas de influencia, y no una mayoría de votos en una asamblea internacional, son las que gobernarán el comportamiento de las naciones.” (Steel, 1980, p. 407).

Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 se prepararon en Alemania y Pakistán, y sobre suelo americano perecieron víctimas de todas las nacionalidades, recuerda Obama. Pero que nadie espere que el primer presidente negro se convierta en un acérrimo defensor de proto-federaciones mundiales como la ONU. Quizá porque, mal que nos pese, el mundo en que vivimos dista mucho del ideal kantiano. Pero tendremos en la Casa Blanca a un cosmopolita pragmático, que no es poco. Ojalá haga suya la famosa frase de Terencio: “Humano soy, y nada humano me es ajeno.”

Referencias:

Steel, Ronald. 1980. Walter Lippmann and the American Century. Boston & Toronto: Little, Brown and Company.

Technorati Tags: ,, , , ,, , , , , .

sábado, junio 07, 2008

Obama y la naturaleza de Internet

Cuenta Joe Trippi, el consultor político que usó Internet para aupar a un desconocido Howard Dean a las puertas de la nominación presidencial en 2004, que Obama jamás habría ganado a Clinton de no ser, precisamente, por Internet. La campaña de Hillary, dice Trippi, es la más perfecta de cuantas se hayan ejecutado hasta el momento. La más perfecta entre las del viejo modelo, claro. Los contactos de los Clinton les proporcionaron donaciones millonarias. Pero Internet le dio a Obama millones de humildes donaciones que, en el agregado, dejaban pequeñas a las suculentas recaudaciones de las cenas en apoyo a Hillary. Como podemos ver en los documentales sobre animales, el trabajo en equipo de cientos, millones de hormigas puede hacer sucumbir a la más grande de las tarántulas.

McLuhan tendría sin duda algo que decir sobre Obama y la naturaleza del medio Internet. La red permite jugar en el plano local y nacional (también en el internacional, como atestiguan las redes altermundializadoras). Ayuda a los seguidores del candidato a encontrar a otros simpatizantes en su lugar de residencia (de ahí que todos los candidatos soliciten el código postal como campo obligatorio en sus formularios web), y permite también donar dinero en pequeñas cantidades, incluso de manera pautada, en forma de modestas mensualidades.

Obama es un gran candidato. Ha demostrado que la retórica y el discurso en público tienen tanta vigencia hoy como en la Grecia clásica. Este renovado vigor del discurso político se debe en parte también a Internet. En un penetrante artículo publicado en el número de junio de la revista The Atlantic, Marc Ambinder comenta que, mientras la era de la televisión primaba el ‘sound bite’ y la declaración breve e inconexa, “los discursos de Obama suenan bien en YouTube”. Habrá quien no se lo acabe de creer, pero nunca antes como ahora son tan necesarios los escritores de discursos. La oratoria revive en la era de Internet. El ‘negro’ de Obama es tan importante como el propio Obama.

En otro artículo publicado en la misma revista, Joshua Green nos revela otro de los secretos del candidato demócrata a la presidencia: Su hábil captación de la élite de Silicon Valley. Descuidados por los Clinton, los cerebros detrás las ‘start ups’ tecnológicas pusieron sus billeteras al servicio del equivalente político de una ‘start up’: Obama. Joven, diferente, con un potencial inmenso y dispuesto a comerse el mundo. Obama era un nuevo ‘hype’ en busca de mecenas. Un iPod en fase de desarrollo. Una apuesta arriesgada, pero el tipo de apuesta que gusta en Silicon Valley.

FDR parecía nacido para la radio. JFK era el epítome de la telegenia. Obama es, muy probablemente, el candidato Internet.

Technorati Tags: , , , , , .