sábado, mayo 07, 2016

El ‘politainment’ ya es vieja política


La campaña electoral del 26J será, más que austera, creativa, a decir de Inma Aguilar, asesora política de Ciudadanos. Tendrá que ser una campaña “que no se note”, según María José Canel, catedrática de comunicación política en la Complutense, a fin de no enfadar a los ciudadanos. Será “una campaña de debates y una campaña de redes”, dice Aguilar, lo que a su juicio va a beneficiar a los partidos pequeños. Ya no se verán acciones de ‘politainment’, como las de Pedro Sánchez llamando para entrar en directo en Sálvame o tirando a canasta en El Hormiguero, porque los candidatos en liza ya son lo suficientemente conocidos por el electorado. En la campaña de junio “no se buscará notoriedad, sino rendir cuentas del período que va del 20D al 26J”, advierte Aguilar. “La humanización del candidato ya se ha hecho vieja, al votante ya no le hace gracia”, apunta Canel. Las dos expertas en comunicación política participaron este viernes, 6 de mayo de 2016, en un debate organizado por MAS Consulting en la sede del Instituto Atlántico de Gobierno y moderado por el consultor de marketing político Daniel Ureña.

María José Canel ofreció un exhaustivo análisis de los últimos datos demoscópicos, explicando qué ha cambiado en el electorado español y qué cabe esperar para el 26J. El contexto de las próximas elecciones se parece muy poco al de las últimas décadas. Según Canel, el 20D España dejó de votar por tradición. Tanto PP como PSOE bajaron su suelo de voto a unos 7 y 5 millones, respectivamente. En las encuestas pre-electorales la mitad de los votantes decían que iban a cambiar su opción de voto tradicional. Finalmente solo uno de cada cuatro lo hicieron, pero un 25% del electorado no es poca cosa.

¿Qué ha pasado desde el 20D? Según los datos del CIS interpretados por Canel, solo uno de cada dos votantes está contento con cómo se ha comportado su partido en estos meses de negocioaciones. La posición de los electores sobre la conveniencia de que gobierne la lista más votada, antaño mayoritaria, se ha tornado más matizada: uno de cada dos electores duda ahora sobre si debe gobernar el partido más votado.

El electorado español, en efecto, ha evolucionado, y esta transformación se refleja en los últimos hitos electorales, a decir de Canel. En 2008 España pasó de un voto partidista a un voto realista. El voto se decidió más por la creencia en la capacidad de un determinado partido de superar la crisis económica que en la tradicional simpatía ideológica. En 2011 se pasó, según Canel, del voto económico al voto ético. En la decisión del voto primaron valores como el consenso, la transparencia y la integridad. En 2016 los electores dejaron de lado su deseo de que predomine su opción propia al convencimiento de la necesidad de negociar para llegar a una colación de gobierno.

Según el barómetro del CIS correspondiente al mes de abril de 2016, los votantes se mantienen mayoritariamente fieles a sus opciones de voto en las pasadas elecciones del 20D. Las formaciones que más fugas presentan son, curiosamente, Podemos y sus confluencias. Los que se decantaron por la formación de Pablo Iglesias el 20D están ahora debatiéndose entre pasar a IU o a la abstención. Según Canel, los resultados del 26J dependerán en gran medida del éxito de la coalición Podemos-IU y de la abstención.


Ante este incierto panorama electoral, Inma Aguilar descarta las campañas negativas y apuesta por una mayor “feminización” que introduzca valores tradicionalmente identificados con las mujeres como la empatía, la colaboración, la desjerarquización y la movilización de abajo hacia arriba. Según la asesora de Ciudadanos, la consultoría política está muy influenciada por el marketing político americano, y éste a su vez está marcado por las ideas de Sun Tzu en su tratado El arte de la guerra. “Pero una guerra no es solo lo que ocurre en el campo de batalla, adonde solo iban los hombres, sino lo que ocurría en las trincheras, donde seguramente había muchas mujeres que jugaron un papel fundamental y que lamentablemente no nos lo han contando en ningún libro”, apostilla Aguilar.

Tanto Canel como Aguilar coincidieron en la conveniencia de que el asesor político ofrezca una valoración honesta y, en la medida de lo posible, distanciada y no lisonjera del comportamiento de un candidato. Pero ambas reconocieron que es difícil. Aguilar recordó una frase de Cesare Pavese que tiene aplicación al respecto: “Sabemos utilizar la estrategia amorosa solo cuando no estamos enamorados”.

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viernes, mayo 06, 2016

La ley de transparencia, infrautilizada por los periodistas


En 2013 España saldó al fin su deuda como país democrático-liberal al aprobar la ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno. Pero por lo que comentaron este jueves en Madrid los periodistas de precisión convocados por las IV Jornadas de Periodismo de Datos organizadas por el capítulo español de la Open Knowledge Foundation, el número de peticiones anuales es muy bajo.

Según Karma Peiró (Nació Digital), las administraciones todavía no sienten la presión ciudadana o periodística. Eso sí, las escasas peticiones son suficientes para volver locos a los funcionarios, que todavía están adaptándose a la nueva era de la transparencia. El portal a través del cual se pueden cursar las peticiones tampoco ayuda. En opinión de Borja Bergareche (Vocento), es “un desastre”. La novedad de la ley también requiere un proceso de aculturación entre los periodistas. “Es importante tener de mano a un jurista que nos ayude a escribir bien las peticiones”, afirma Bergareche, “porque uno no puede solicitar de golpe toda la información sobre el contencioso entre España y Gibraltar”. Las peticiones que no sean concretas no prosperarán.

Las limitaciones de las leyes de acceso a la información pública también se sienten en otros países, como Perú. Antonio Cucho (Ojo Público) considera que “los periodistas y la sociedad civil deben unirse para hacer sentir la demanda de datos a la administración”. En Estados Unidos, el equipo de datos del Washington Post, liderado por la jovencísima Kaeti Hinck, lleva cuenta del estado de sus peticiones de información al abrigo de la FOIA (Freedom of Information Act), clasificándolas en exitosas, rechazadas y en trámite. Hink animó a los periodistas a no depender exclusivamente de los datos de la administración. “Nosotros también podemos crear bases de datos”, animó, refiriéndose a su contabilidad de las muertes por arma de fuego en Estados Unidos, una iniciativa pionera que luego copió el mismísimo FBI, que hasta entonces no manejaba datos a nivel nacional del número de muertos por disparos.

Sacarle partido al periodismo de datos requiere dinero para contratar a buenos especialistas, pero fundamentalmente depende de la pasión, según los ponentes. Incluso un solo individuo puede minar las bases datos y obtener un reportaje de máximo impacto. “Los periodistas”, confiesa Bergareche, “éramos hasta hace poco la última profesión en utilizar el Excel para todo”. Peiró pone el ejemplo del equipo Spotlight del Boston Globe, popularizado en un reciente film: “no tenían las herramientas de las que disponemos ahora y, sin embargo, crearon su propia base de datos”. De hecho, según Helena Bengtsson (The Guardian), los periodistas de datos no deberían ser una clase aparte dentro de la redacción. “Saber mezclar dos tablas relacionales es una habilidad más, como entrevistar. Es uno de los múltiples métodos que utilizamos para obtener información”.

España ha recorrido un gran camino en poco tiempo, en lo que a la adopción del periodismo de datos se refiere, según Marta Ley (El Mundo Data). Pero todavía queda un gran trecho por andar en lo que a cultura de la transparencia se refiere, insiste Bergareche. Si bien las peticiones de acceso a la información pública son ya una rutina en los países de nuestro entorno, los periodistas españoles todavía tienen que acostumbrarse a lo que a día de hoy es todavía una novedad. En un futuro inmediato, Bergareche espera que las unidades de datos de las redacciones sean una parte integral del periodismo de investigación. Ahora que la ley de transparencia se ha hecho efectiva en todos los niveles administrativos y ya permite hacer peticiones a ayuntamientos y gobiernos autonómicos, ya no hay excusa.

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martes, abril 19, 2016

Las noticias nos encuentran… o eso creemos


Cuando Homero Gil de Zúñiga preguntó a uno de sus alumnos de periodismo en Texas dónde había leído, escuchado o visto la noticia que comentaban al inicio de la clase, el estudiante no fue capaz de mencionar ningún medio en concreto. Simplemente, se había enterado de una manera pasiva. La noticia lo había encontrado. Es lo que Gil de Zúñiga llama la “news finds me perception”. A pesar de que la atención que prestan a los medios convencionales es escasa, muchos estudiantes se creen bien informados y confían en las redes sociales para estar al tanto de la actualidad.

En una investigación presentada este martes 19 de abril en la Universidad Carlos III de Madrid en calidad de catedrático de excelencia de la UC3M-Santander, Gil de Zúñiga reveló que aquellos que más confían en que las noticias les lleguen sin ningún esfuerzo tienden a consumir menos prensa y televisión y beben fundamentalmente de las redes sociales (algo esperable) pero, sin embargo, no están más informados sobre la actualidad política.

Podría pensarse, pues, que un consumo pasivo de información a través de las redes sociales es un depresor de la participación política. Es lo que ya sugirieron investigadores de la Universidad de Wisconsin a finales de los noventa: el consumo recreativo de contenidos online, a diferencia del consumo informativo, está relacionado con una menor implicación política.

Pero las redes sociales no son un contenido online cualquiera. En cierta manera, nos obligan a expresarnos políticamente aunque no seamos proclives a revelar nuestras inclinaciones ideológicas. De las múltiples identidades que manejamos en las redes sociales, una de ellas es política, y ésta acaba por descolgarse en alguna opinón en forma de tuit o post en Facebook. Según las investigaciones de Gil de Zúñiga, el uso de las redes sociales nos lleva a revelar nuestra identidad política. Otra cosa es que esa expresión política se traduzca en participación política efectiva, de ahí que últimamente se haya acuñado el término ‘slacktivism’ para referirse al activismo que no va más allá del ‘me gusta’.

Homero Gil de Zúñiga es profesor en la Universidad de Viena, donde dirige el Media Innovation Lab. Sus investigaciones se centran en el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación en el comportamiento político.

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sábado, diciembre 26, 2015

Apuntes para una España consociativa

Mirándolo bien, el gran derrotado en las últimas elecciones generales ha sido el populismo. En contra de lo que dice el credo populista (sostenga quien lo sostenga), “la gente” no es una, o al menos no tiene una opinión unívoca, con preferencias unánimes. La gente ha hablado, y el resultado es un arco de opinión que se parece más a las plumas de un papagayo que al vúmetro bicolor. De repente la serie de referencia para entender el momento ya no es House of Cards, sino Borgen. España se ha vuelto consociativa.

Hay que desempolvar los apuntes de Ciencia Política y releer a Lijphart (2010 [2000]), que dividía en dos los tipos posibles de democracia: a) las democracias mayoritarias (como Reino Unido o EE.UU.), en las que el gobierno de la sociedad se encomienda a una mayoría, aunque sea exigua; b) las democracias consensuales (casi todas), en las que el gobierno de la sociedad debe incluir al mayor número de gente posible: es decir, la mayoría que gobierne debe ser lo más amplia e inclusiva posible. España encajaría en el modelo consensual, pero la actual crisis se lee en términos de modelo mayoritario.

Una sociedad tan plural como la española soportaría difícilmente un modelo Westminster. Ni siquiera en Reino Unido la distorsión entre proporción de votos y proporción de escaños es fácilmente asumible y es objeto de continuo debate.


En el otro extremo se situaría el parlamento belga, dividido no sólo ideológicamente, sino también lingüísticamente. Es el ‘lado oscuro’ al que España teme aproximarse.



Lo interesante es que, visto de manera abstracta, y recurriendo a la clasificación de sistemas de partidos de Blondel (1968, citado por Lijphart, 2000), España pasaría de ser un sistema de “dos partidos y medio” a un sistema multipartidista sin un partido claramente dominante.


Si representamos los resultados electorales de las últimas tres elecciones generales con base 100, este sería el resultado:

  • España, elecciones generales de 2008, resultados (base 100):
    • PSOE (48), PP (44), Resto (8)
  • España, elecciones generales de 2011, resultados (base 100):
    • PP (53), PSOE (31), Resto (16)
  • España, elecciones generales de 2015, resultados (base 100):
    • PP (35), PSOE (25), Podemos (19), Ciudadanos (11), Resto (8)

Sin fuerzas claramente hegemónicas habrá que ceder, y eso es algo que no casa con el purismo ideológico. Es el precio del gobierno inclusivo: para que todos ganen algo, todos tendrán que perder algo.

Referencias:
Lijphart, A. 2010 [2000]. Modelos de democracia: Formas de gobierno y resultados en treinta y seis países. Barcelona: Ariel.

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sábado, noviembre 28, 2015

Las cinco lecciones del debate de la Carlos III


Dice El Mundo en su portada de este sábado que el debate organizado por la Asociación Demos en la Universidad Carlos III que enfrentó a Iglesias y a Rivera (Sánchez y Rajoy declinaron ir) ha marcado “un punto de inflexión en la historia de los debates en España”. Es cierto. He aquí las claves:

1.- No hace falta cronómetro. Cuando la voluntad de los organizadores y del moderador es la de ser justos y propiciar un debate dinámico y equilibrado, nadie se va a molestar por tener tres segundos de más o de menos. En el debate de este viernes no hubo cronómetro y nadie considera que la administración de los tiempos fuese injusta. Había una organización mínimamente pactada (cinco minutos de introducción, un minuto para finalizar, dos minutos de introducción para cada bloque: economía, sanidad y pensiones, educación y reforma democrática). Y ya está.

2.- El moderador fue un auténtico moderador. El periodista de Onda Cero Carlos Alsina supo pedir brevedad en las exposiciones y animó a una contrarréplica en cada argumento. Actuó como buen periodista al pedir a los candidatos una explicación sobre las diferencias entre la renta básica y el complemento salarial. Sabiamente, optó por dar voz al público cuando vio que el debate entre candidatos se comía la posibilidad de participación de la audiencia. Alsina hizo dos preguntas clave ligadas a la actualidad del momento: 1) ¿Existen guerras justas? (en referencia a la conveniencia de intervenir en Siria) y 2) ¿Debe el Gobierno rescatar a Abengoa? (en pre-concurso de acreedores, la noticia acababa de saltar el día anterior). Preguntas acertadas en su formulación que nadie consideró fuera de lugar pese a salirse del programa pactado.

3.- Vuelve la retórica. La capacidad para saber expresarse es un arma poderosísima y peligrosa. Que se lo pregunten a Pizarro, que perdió un debate con un Solbes de zorrería desconocida. A Rivera se le nota su formación en las ligas de debate: sus puntos argumentales no son más de tres (frente a las interminables listas de Iglesias) y el final, con la cita de Suárez (hacer normal en las instituciones lo que es normal en la calle) estaba muy bien preparado. Iglesias también tenía bien trabajadas sus frases-titular: “muchas gracias, 1978, hola 2016” (reforma frente a ruptura, quién lo diría) y “cortar el agua al pez” en vez de “dar una patada al avispero” en referencia a la necesidad de priorizar el corte de la financiación de los terroristas frente a nuevos bombardeos.

4.- La universidad como foro político idóneo. Estamos acostumbrados a que las universidades norteamericanas se ofrezcan como las sedes de los debates presidenciales, pero el debate de este viernes en la Carlos III fue el primero en sede universitaria en la historia de la democracia española. No por casualidad los propios universitarios provocaron el principal motivo de guasa en el debate (sobre si los candidatos han leído o no a Kant) y le otorgaron a la convocatoria un tono festivo y jovial, pero al mismo tiempo serio y comprometido.

5.- La sociedad civil toma protagonismo. Los politólogos suelen decir que los partidos políticos pertenecen más a las instituciones que a la sociedad civil. Hasta ahora, era cierto. Pero el hecho de que este debate haya sido organizado por una asociación universitaria es elocuente. La realización fue sobria pero efectiva. No hicieron falta grandes despliegues técnicos. Había ilusión y ganas. Seguramente los debates que faltan contarán con mucho más presupuesto, pero carecerán de la energía y la espontaneidad del de la Carlos III. Los universitarios han hecho historia y han puesto a la clase política en el brete de intentar estar a su altura. La Fundación Encuentro se preguntaba hace años en la portada de uno de sus libros si existía sociedad civil en España. Ahora no hay duda. La hay. Está pidiendo paso.

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martes, noviembre 24, 2015

La clave del 20D es la brecha generacional


“There’s a whole generation with a new explanation” rezaba el himno hippy de Scott McKenzie. Los periodistas Juan Luis Sánchez (eldiario.es) y María Ramírez (El Español), así como el politólogo del CSIC Pepe Fernández Albertos, siguieron la letra de la famosa canción al avanzar las claves de las elecciones generales del 20D en la mesa redonda “Medios de comunicación y cambio político”, organizada por la asociación Demos en la Universidad Carlos III de Madrid el martes, 24 de noviembre de 2015.

Juan Luis Sánchez no tiene dudas de que el aspecto generacional es el más relevante a la hora de analizar los inminentes comicios: “Hay una fractura generacional electoral entre los jóvenes de entre 18 y 35 años, que se decantan mayoritariamente por Ciudadanos y Podemos, y las franjas de edad más altas, que todavía confían en PP y PSOE”. Según Sánchez, el 50% de los votantes de PP y PSOE no tienen e-mail, por lo que su capacidad de reforzar el voto o de ganar adeptos a través de Internet es más bien limitada. “Desde eldiario.es nos dirigimos a la población más conectada, que es la que más apuesta por un cambio en la forma de hacer política”. Sánchez sitúa el punto de inflexión en el 15M: “Lo que pasó en el 15M cambió la socialización de la política. El 15M cambió todas las instituciones, entre ellas los medios de comunicación”. La nueva generación de votantes tiene su reflejo, a decir de Sánchez, en una nueva generación de politólogos y periodistas.

El politólogo Pepe Fernández Albertos ahondó en el argumento de la brecha generacional. Siguiendo una expresión acuñada por la socióloga Belén Barreiro, Fernández Albertos habló de dos Españas, una analógica y otra digital. El último barómetro del CIS revela que los jóvenes se diferencian de los mayores de 65 en sus canales de información política: los primeros tienen Internet como referencia primordial, mientras que para los mayores la televisión sigue siendo todavía su principal fuente. A juicio del politólogo del CSIC, la crisis ha generado mayores niveles de interés en la política. Las tradicionales preguntas sobre eficacia y cinismo político revelan que los jóvenes son menos cínicos que sus padres. Fernández Albertos cifró en tres las características del nuevo sistema mediático: 1) es más plural, la agenda ya no la controlan unos pocos medios; 2) es más atomizado, el consumo de información es diferente en cada persona (el famoso ‘daily me’), una ‘exposición selectiva’ que puede dificultar la capacidad para comprender al otro; 3) es más polarizado, en parte por las necesidades de financiación de los nuevos medios, que necesitan lectores cómplices (suscriptores). “Esta polarización”, defiende, “puede implicar una pérdida de espacios de discurso y consenso”.

Para María Ramírez, el nacimiento de El Español ocurre en el mismo contexto en el que nacen partidos como Podemos y Ciudadanos. “A pesar del desencanto que ha traído la crisis, también ha habido más interés en informarse, en ser activos y cambiar las cosas”. Además del contexto socio-político, el gran aliado de El Español ha sido, según Ramírez, la tecnología. De la misma manera que formaciones como Podemos se dieron a conocer a través de redes sociales como Facebook, antes de arrancar oficialmente el pasado mes de octubre El Español empezó a ganar presencia pública a través de sus cuentas en redes sociales gratuitas como Twitter, Instagram, o mediante un simple blog de Wordpress.

El politólogo Lluis Orriols, el profesor de la UC3M que moderaba el debate, preguntó si realmente existe una generación 15M. Para el periodista Juan Luis Sánchez, tal generación existe sin lugar a dudas: “la generación 15M se ha socializado en política no a través de los grandes medios, los sindicatos o los partidos tradicionales, sino a través de las manifestaciones contra la guerra de Irak y movimientos como V de Vivienda, Nunca Máis, o la oposición a la Ley Sinde. Esa generación se refugió en la red para debatir sobre los temas que obviaban los grandes medios”. Para el subdirector de eldiario.es, la generación 15M se atrevió con los tabús de la generación de la Transición: no tuvo miedo en poner duda la calidad de la democracia española y arrastró al debate público a las entidades financieras. Según Sánchez, “la generación 15M es la generación más politizada después de la generación de la Transición”.

Desde el público se preguntó sobre los peligros de la política-espectáculo. Fernández Albertos opina que “el hecho de los medios de comunicación reflejen la existencia de conflictos políticos es positivo. Es cierto que deberíamos tener un debate más sensato al estilo del programa La Clave, pero quizá no engancharía tanto a la audiencia como la política-espectáculo. Si al menos ésta nos permite sumar gente al debate político, bienvenida sea”.

El público inquirió sobre la vigencia de los medios tradicionales, que todavía son los más seguidos a través de Internet. Los invitados observaron que medios nativos digitales como El Confidencial ya se han colado entre la lista de los más consultados online. Además, Juan Luis Sánchez apuntó que los grandes medios juegan a incluir todo tipo de contenidos en sus webs, por frívolos que sean, para seguir mostrando abultados datos de audiencia. “Pero eso no los hace más influyentes”, observó. “La competencia en el entorno digital no va sólo de audiencias, sino también sobre socios y suscriptores. La calidad de tu comunidad es la que puede darte prestigio e influencia”. María Ramírez abundó en la misma idea, indicando que los lectores-suscriptores son un puntal para la independencia de los nuevos medios: cuanto más dependas de los lectores y menos de los anunciantes, más fuerte se sentirá el periodista.

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domingo, septiembre 27, 2015

La voz del liberalismo


Decía Salvador de Madariaga que una de las consecuencias más nefastas del comunismo había sido el olvido del apellido liberal de las democracias occidentales. Así, el ciudadano medio cree que la no discriminación por razones de raza o religión es un valor democrático, cuando en realidad es liberal. La semana pasada los responsables del proyecto de investigación ‘Economics in the public sphere’, financiado por el European Research Council, reunieron en Londres a casi todos los directores (editors) vivos del semanario que siempre se ha presentado como la voz del liberalismo desde 1843: The Economist.

El edificio Darwin del University College of London acogió el 24 de setiembre de 2015 una mesa redonda moderada por Ruth Dudley Edwards (autora de una voluminosa historia del semanario, The pursuit of reason, en 1995) en la que participaron Andrew Knight (director desde 1974 a 1986), Rupert Pennant-Rea (director desde 1986 1993), Bill Emmott (director desde 1993 a 2006) y Zanny Minton Beddoes (la actual directora). El gran ausente fue John Micklethwait, director entre 2006 y 2014 que ahora trabaja en Bloomberg. Cuando hace unos meses se supo que Pearson iba a vender el Financial Times, se rumoreó que The Economist prodría caer en las garras de, precisamente, Bloomberg. Pero las acciones de Pearson en The Economist no entraron en el trato con Nikkei y el semanario ha blindado su independencia a costa de vender su histórica sede, el edificio brutalista de la calle Saint James en Londres.

Una de las características definitorias de The Economist es el anonimato de sus artículos. Para Andrew Night, The Economist “no va sobre personalidades, sino sobre temas: cuál es el tema de esa semana y qué posición tomamos”. El semanario es a menudo criticado por su tono doctrinario, palmario en su abuso de los verbos should y must. Pese a que no siempre lo consiguen, los directores presentes en la mesa redonda coincidieron en la preferencia de un análisis “en el que no le digamos a nadie lo que tiene que hacer, y que sin embargo nuestra posición sobre el tema quede clara”, en palabras de Night.

A decir de Pennant-Rea, The Economist es “95% democracia anárquica, representada por la redacción, y 5% dictadura, a cargo del director”. En su opinión, el anonimato de sus artículos otorga una gran autoridad al director: “todos los redactores aceptan que puedes corregir su texto en el nombre de algo más grande, el propio Economist”. Para Emmott el anonimato produce “un espíritu de responsabilidad colectiva: no sólo te preocupas de lo que escribes tú, sino de lo que el resto de redactores escriben”.

The Economist es con frecuencia caricaturizado por su habilidad para tener una respuesta o una solución mágica para cada problema. Bill Emmott recordó con humor el momento en el que el embajador de EE.UU. en Londres lo invitó a comer para preguntarle sobre el futuro de la OTAN. Emmott admitió no tener “ni la más remota idea”, pero aún así elaboró una respuesta improvisada que parecía fruto de una concienzuda reflexión. Para sus críticos, la mayoría de los editoriales de la revista son el resultado de un proceso semejante.

El anonimato de los artículos produce quizá otra consecuencia inesperada: los periodistas que quieren hacerse un nombre abandonan la revista para que se les pueda conocer por su trabajo. Tradicionalmente, la redacción de The Economist presenta un plantel de periodistas en la veintena que, protegidos por su anonimato, admonizan a lectores que les doblan la edad y que seguramente no admitirían la autoridad de la publicación si supieran que los redactores apenas han tenido la oportunidad de tener responsabilidades adultas.

El origen de los directores y de los periodistas de The Economist es, en muchos casos, la Universidad de Oxford y su Magdalen College. No obstante, según Zanny Minton Beddoes, primera mujer que dirige la publicación en su historia y que pese a su origen británico ha pasado poco tiempo en Londres, “en la redacción de The Economist hay ahora más alemanes que Old Etonians” (en referencia al Eton College, el elitista instituto de secundaria en el que se educan buena parte de los líderes británicos). A Minton Beddoes le ha tocado dirigir el semanario en un mundo convulso, no sólo por las crisis climáticas, financieras y terroristas, sino por el propio momento disruptivo en el que se encuentra la industria periodística. “Necesitamos ser algo más que un resumen inteligente de las noticias de la semana. Eso no es suficiente. Tenemos que ser una guía para el futuro. Y podemos evaluar temas actuales siendo leales a nuestros viejos valores liberales”.

¿Hace la vorágine digital más necesario un semanario analítico distanciado de las prisas del día a día? Para Andrew Night, el no tener la presión diaria de los periodistas convencionales permite a los reporteros del semanario abordar los temas con tiempo y volverse “seriamente informados” sobre el área que abordan (el semanario, no obstante, cambia a sus periodistas de sección y de destino con cierta frecuencia). Night admitió que llegó a tener una relación muy cercana con Kissinger gracias a esa distancia de las premuras diarias. En opinión de Bill Emmott, la característica clave de The Economist es “que no somos parte de ningún establishment nacional”. No estamos “in the loop”, por lo que no somos vulnerables a la presión que los ejecutivos nacionales intentan ejercer sobre los periodistas. Emmott, de hecho, llegó a ser una de las bestias negras de Silvio Berlusconi, al quien la revista situó como el ejemplo más claro de los peligros que entrañana para la democracia su contaminación por parte de los intereses del mundo de los grandes negocios.

Como todas las revistas políticas, The Economist es tan informativa como prospectiva: es decir, cuenta lo que ha pasado pero también especula sobre lo que podría pasar. Pennant-Rea cree que la gran noticia de los próximos años será la caída del Partido Comunista Chino. Dicho queda.

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