martes, agosto 17, 2010

Estrategas del poder

Aprovechando el congreso de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) celebrado en Bilbao el pasado mes de junio, el programa ‘Informe Semanal’ de Televisión Española realizó un reportaje titulado ‘Estrategas del poder’, sobre el oficio de los asesores en comunicación política y la comunicación de los gobiernos en momentos de crisis. El documento puede ser un buen recurso didáctico para un seminario introductorio sobre márketing político.

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sábado, agosto 07, 2010

El archivo Gerbner, a golpe de ratón

La biblioteca Annenberg de la Universidad de Pensilvania ha puesto a disposición de los investigadores el archivo personal del académico George Gerbner (1916-2006), figura clave en los estudios sobre la violencia en televisión. Acuñó el término ‘mean world syndrome’ para referirse a la distorsionada visión del mundo real que un televidente puede tener al creer que el mundo exterior es tan violento como el que se refleja en el televisor. Es la ya famosa ‘teoría del cultivo’, que sostiene que nuestro imaginario social y personal está altamente influenciado por el imaginario televisivo. De gran predicamento en la América conservadora (por aquello de encontrar una excusa para censurar los contenidos televisivos), la teoría del cultivo sería criticada con dureza por Paul M. Hirsch, para quien la relación causal entre visionado y creencias defendida por Gerbner distaba de ser conclusiva.

Los documentos más jugosos sólo están disponibles en papel, pero la biblioteca Annenberg está abierta a visitas de los investigadores. Por el momento, nos conformamos con la rica colección de fotografías del archivo en su versión digital.

Vía: CommPilings.

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lunes, julio 05, 2010

Información sin noticias

La producción y el consumo de información periodística en Internet, así como la ‘creación de valor’ para el negocio periodístico en soporte digital, son áreas de investigación en plena ebullición. Destaca por su carácter comprensivo el trabajo del profesor de la Universidad de Northwestern Pablo Javier Boczkowski, que en septiembre publicará su segundo libro, titulado News at Work: Imitation in an Age of Information Abundance (University of Chicago Press, 2010). Boczkowski estudia simultáneamente las trincheras de la producción periodística digital y el consumo de información periodística en los entornos laborales posmodernos para, según leemos en los anticipos de su libro, ofrecernos una paradójica conclusión: la diversidad de noticias es si cabe menor que en la era impresa (todos los medios digitales se copian unos a otros) y, lo que es peor, el público lector parece demandarlo. El trabajo se enriquece además con apuntes comparativos entre Estados Unidos y Argentina. El pasado 16 de junio Boczkowski participaba en una mesa redonda sobre ‘El mercado de la información periodística en la web’, organizada por el Social Media Club France en el restaurante La Cantine de París, coincidiendo con la publicación del último número de la revista Réseaux (Communication – Technologie – Société), que aborda el estado de la investigación sobre el periodismo digital.

En relación a este tema, la revista The Atlantic publicaba en su número de junio de 2010 un informe sobre los presuntos esfuerzos de Google para salvar el negocio periodístico. En el artículo, firmado por el veterano periodista James Fallows, se destacaba un hecho intrigante: el trabajo periodístico de calidad parece sucumbir a los criterios de los motores de búsqueda más populares en Internet. Un resumen de situación sobre un tema determinado en Wikipedia tiene más posibilidades de figurar entre los primeros resultados de una búsqueda en Google que la última noticia sobre el tema publicada por el New York Times, Le Monde, o El País. Los resultados de los buscadores priman los contenidos temáticos frente a los episódicos, de ahí el reciente experimento de Google y algunas cabeceras de prensa norteamericanas conocido como Living Stories, que permite agrupar noticias creando una especie de página temática gestionada por el propio diario digital. Como ejemplos, destacamos las páginas temáticas sobre la reforma sanitaria del Washington Post y sobre el cambio climático del New York Times. El código fuente de Living Stories está a la libre disposición de cualquier medio digital que desee utilizarlo.

Investigación académica y experimentación profesional. Quizá sean ésas las claves para entender el presente y ganar el futuro.

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lunes, junio 14, 2010

Habermas contra Merkel

El archiconocido filósofo alemán Jürgen Habermas, profesor emérito de la Universidad de Frankfurt, recibirá este miércoles, 16 de junio, la medalla Ulysses del University College de Dublín. En una entrevista concedida a Paul Gillespie del Irish Times, Habermas reprocha a la canciller Angela Merkel el haber dilapidado su prestigio al sacrificar la estabilidad de la Unión Europea por la expectativa de réditos electorales domésticos. A continuación reproducimos los fragmentos de la conversación que aluden a temas de comunicación política:

Paul Gillespie: Political communication and a deliberative public sphere are at the centre of your philosophical reasoning. What role does this imply for quality media?

Jürgen Habermas: It is easier to detect the mote in the eye of the other than the beam in one’s own. This is why the destruction of political communication in the United States in particular – a case in point being the ideological indoctrination of the population during the debates over [President Barack] Obama’s health care reform – is more apparent to us Europeans. But the breakdown of public discourse is also progressing quite rapidly in our own countries. The major national newspapers, which played a decisive role in forming political opinion over the past century-and-a-half, have come under economic pressure and have yet to find a business model that would ensure their survival on the internet.

PG: Is there a case for public subsidy schemes to protect them from the effects of market rationalisations?

JH: In contrast to commercial television, the programming of the public broadcasting companies has not yet completely lost sight of the fact that its audience is not only composed of consumers but also of citizens. They are even bound by law to offer their audience not just entertainment but also information, education, and cultural programmes, and thus to provide solid underpinnings for the formation of independent political opinions. On the other hand, this BBC – or, in Germany, ARD and ZDF – model is not easy to apply to newspapers, which have to secure their independence in the private sector. But we should all wake up to the fact that the disappearance of an argumentative press represents an extremely acute danger for democracy. There are isolated experiments that seek to combine public subventions for the leading press with guarantees of their ongoing editorial independence. We should put such experiments on a broader footing before the New York Times or Le Monde or El País or the Frankfurter Allgemeine are rationalised out of existence or go bankrupt.

[…]

PG: The economic crisis puts public discussion of European integration at the centre of political debate. Can this politicisation of mass public awareness contribute to a deeper political union of the EU?

JH: In every country the tabloid press is eager to exploit any opportunity to foment nationalistic and xenophobic prejudices. In Germany, the Greek crisis provoked the Bildzeitung to such excesses, and the politicians allowed themselves to be carried away by this climate of opinion. Especially in times of crisis, reasonable proposals can gain the upper hand only if the national press keeps a clear head, together with the government and the major political parties. It should not let itself be taken in by populist slogans and it must maintain a halfway deliberative climate in the country. In the final analysis, it is the responsibility of the political parties to ensure that the population does not succumb to its fear reflexes and that it makes decisions only after reflecting on its own long-term interests. But past experiences leave me sceptical. To date there has not been a single European election or referendum in any country that wasn’t ultimately about national issues and tickets.

Habermas pronunciará mañana martes una conferencia bajo el título “The Political: The Rational Meaning of a Questionable Inheritance of Political Theology” a las seis de la tarde en el Auditorio Clinton del University College de Dublín.

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miércoles, junio 09, 2010

“Join, or die”


La que se considera como la primera viñeta de la historia de los Estados Unidos de América es aquella en la que se muestra una serpiente cortada en trocitos bajo el título “Join, or die”. Publicado por el mismísimo Benjamin Franklin en su Pennsylvania Gazette en 1754, el dibujo ha sido utilizado con varios motivos desde su primera aparición, siendo su intención original la de azuzar a las colonias americanas para que se unieran contra los franceses y los indios. Con el tiempo, la viñeta ha acompañado las llamadas a la unidad federal de los Estados Unidos, frente a las veleidades confederales que abogaban por una mayor diferenciación entre sus estados. La actual crisis europea hace pertinente su aplicación a nuestro viejo continente.

Europa no es una nación, sino un racimo de naciones, decía el famoso europeísta Salvador de Madariaga. He ahí el drama de Europa, que tanto preocupaba al padre fundador Altiero Spinelli: un continente que necesita estar unido para ser competitivo en el mundo global, pero que todavía no tiene una identidad colectiva lo suficientemente sólida como para formar un gobierno dependiente del pueblo (una democracia). La actual crisis es una prueba de fuego para Europa: si los griegos y españoles son capaces de aceptar reformas inducidas por una dama de hierro germana, la idea de un presidente europeo elegido por sufragio universal será un poco menos imposible.

Los comentaristas de los medios anglosajones como James Surowiecki o Niall Ferguson lo tienen claro: España o Grecia no están mucho peor que California o Michigan. Pero estos últimos estados pertenecen a una federación que hace transferencias financieras allí donde es necesario, y cuentan con una Reserva Federal que puede comprar deuda pública, a diferencia del Banco Central Europeo, atenazado por una cláusula del Tratado de Lisboa que le impide explícitamente socorrer a un estado miembro.

El proyecto europeo siempre ha sido indirecto, frío y gris. Como si Monnet y Schuman supiesen que la unidad europea jamás se conseguiría con llamadas a la implicación popular (el modelo Spinelli), sino por la cooptación de élites nacionales y por la famosa integración funcional (lenta, por sectores económicos) en lugar de una clara división competencial legible en una constitución.

La complejidad es la consecuencia inevitable de la diversidad, se suele afirmar. El ideal europeo defiende la compatibilidad de lo pequeño (de las casi trescientas regiones o naciones del continente europeo) con lo grande (un mercado común de 500 millones de personas, el más amplio del mundo). ¿Es posible sostener tal equilibrio?

En un reciente e interesantísimo libro (Euro-clash: The EU, European identity, and the future of Europe, Oxford, 2008), el sociólogo Neil Fligstein defiende la idea de que Europa está divida entre una nueva y emergente clase netamente europea (la mujer de negocios que viaja casi a diario en el Eurostar y acumula tres números de Seguridad Social de otros tantos países europeos, o el estudiante Erasmus que se queda a trabajar en el país de destino) y otra clase social de europeos (quizá la mayoritaria) que sólo conciben su vida dentro de los confines del viejo estado-nación, al que siguen pidiendo protección en medio de la tormenta financiera que nos asola. Los primeros estarían preparados para un mercado europeo en el que un holandés les pueda arrebatar una plaza de profesor universitario, porque saben que ellos podrán hacer lo mismo en Rotterdam. Los segundos ven en esa nueva Europa una ilusión fútil, el caballo de Troya del temido neo-liberalismo, o una reedición de las conquistas hitlerianas o napoleónicas al mando de una burocracia sin rostro.

¿Están los europeos preparados para revivir el viejo sueño de los Estados Unidos de Europa? ¿O prefieren que una tecnocracia no-electa revise las cuentas de los estados antes de que éstos las ratifiquen en sus parlamentos, con tal de mantener la ficción administrativa de que nada ha cambiado? El debate entre las dos Europas (la dinámica que pide libertad y movilidad frente a la reaccionaria que pide protección y seguridad) fascina a los americanos (Fligstein es profesor en California-Berkeley), pero parece eludir a los propios europeos. ¿Hasta cuándo?

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miércoles, mayo 26, 2010

Puro teatro



Los investigadores tenemos reglas muy claras para presentar los resultados de nuestros estudios: empezamos con la introducción, la revisión de la literatura y el enunciado de las hipótesis; pasamos luego a la explicación del método, al análisis y a la interpretación de resultados, concluyendo con el reconocimiento de las limitaciones del estudio, y sugiriendo ideas para futuras investigaciones. No obstante, la tradición cualitativa heredera de la Escuela de Sociología de Chicago siempre ha insistido en la necesidad de que los informes antropológicos sean tan amenos como una novela. No en vano, el padre de dicha escuela, Robert Park, era reportero urbano de vocación y ponía títulos netamente periodísticos a las investigaciones sociológicas de sus colegas. Así lo recuerda Rolf Lindner en su delicioso ensayo The Reportage of urban culture: Robert Park and the Chicago School (Cambridge University Press, 1996), cuya lectura recomendamos encarecidamente.

El profesor Stephen Coleman, de la Universidad de Leeds, en colaboración con su colega Steve Bottoms, profesor de Teatro en la misma institución, ha ido un paso más allá. Está presentando los resultados de su investigación sobre las razones ciudadanas para la participación política en forma de obra de teatro. Así, las entrevistas con gentes de las más diversas condiciones (desde presidiarios a madres solteras, pasando por hombres de negocios o miembros de un club de golf) se dramatizan para el público en la obra Counted, que se representa estos días en la West Yorkshire Playhouse de la ciudad de Leeds, tras su estreno en Londres el pasado 15 de abril, en vísperas de las elecciones británicas.

La investigación de Coleman se publicará en forma de libro el año que viene, pero el profesor ya ha avanzado algunas de sus conclusiones en The Guardian: “Es sólo cuando la gente cree que puede cambiar las cosas a través de sus palabras, sus acciones y sus votos que la democracia adquiere un significado práctico.” Además, los ciudadanos sienten que el mero voto “es una conexión muy débil entre ellos y las personas que dicen representarlos.” Quieren algo más que “la posibilidad de marcar una cruz en un trozo de papel”, desean “información más fiable, oportunidades para la discusión pública, y participación en el diseño de las políticas públicas.” La democracia, sentencia Coleman, “no consiste sólo en estructuras, mecanismos y reglas, sino también en la sensación de ser reconocido y en la recompensa psicológica de tener la misma voz que los demás.”

El teatro ha sido desde sus inicios una válvula de escape para la denuncia social. Obras como Counted demuestran que también puede ser un vehículo original para la presentación de los resultados de una investigación etnográfica.

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posted by Paco Seoane @ 6:18 AM   1 comments

martes, mayo 04, 2010

Rumores que matan

Los rumores han recibido escasa atención por parte de los investigadores en comunicación política. Quizá porque la propia naturaleza de las habladurías es sin duda particular: su origen suele ser tan desconocido como destructiva es su circulación. En el día en que la bolsa española se ha desplomado por los rumores de que España está en una situación no muy distinta a la de Grecia, viene a cuento dar noticia de la reciente publicación del libro de Cass R. Sunstein Rumorología: Cómo se difunden las falsedades, por qué nos las creemos y qué se puede hacer (Ed. Debate, 2010).

Sunstein es conocido entre los politólogos por sus estudios sobre la polarización política que favorece Internet, siendo el más citado de todos ellos el titulado Republic 2.0. En su nuevo libro, el jurista de la Universidad de Chicago reflexiona sobre la inusitada atención y credibilidad que recibieron habladurías como la que sugería que Obama no había nacido en territorio norteamericano, lo que lo habría descalificado como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. El lector no podrá evitar recordar el reciente escándalo sobre la presunta recíproca infidelidad entre el presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, y su esposa, la cantante y modelo Carla Bruni.

Sunstein tiene en estos momentos la oportunidad y el reto de poner en práctica su recetario de soluciones para combatir los rumores. Es el Administrador de la Office of Information and Regulatory Affairs (OIRA), un organismo federal que vela por la calidad y accesibilidad de la información gubernamental. Curiosamente, como se refiere en la recensión que sobre su libro publicó la revista New Yorker, el propio Sunstein vivió en sus carnes una campaña que pretendía frenar su nombramiento como cargo oficial del Gobierno Obama.

Como apunte para la reflexión, convendría detenerse en el papel que ha podido jugar la prensa internacional en la súbita depreciación bursátil española. Nada de lo que publicaban el Herald Tribune o Les Echos esta mañana era una novedad (la renuencia de Zapatero a congelar los salarios públicos o a flexibilizar las normas que regulan el mercado laboral), pero la sorprendente coincidencia de varias noticias sobre el posible contagio español del virus griego ha precedido al desplome de la bolsa madrileña.

“Sólo la mentira necesita cómplices”, dice el sabio proverbio griego. La verdad se las arregla muy bien sola, pero a menudo triunfa demasiado tarde. Los rumores destruyen vidas y, a la vista de lo que ocurre en los mercados, haciendas. ¿Estamos ante una especie de propaganda negra de los especuladores, en la que en vez de arrojarse folletos desmoralizantes se sueltan habladurías destructivas? ¿O son los rumores en este caso un sano aviso, un anticipo de una dolorosa verdad que los gobiernos de la Europa meridional no quieren oír? En la mitología clásica, la figura de la Fama, ilustrada con una trompeta, es ambivalente: a veces es buena, a veces es mala. En ocasiones anuncia la buena reputación, en otras el escándalo.

Ante la crisis helena, en esta Europa pseudo-confederal de 27 Estados Miembros no ha habido un sólo líder que proclamase, cual Obama desafiante, un ‘We are in this together’ o un ‘We rise and fall as one’. A punto de cumplirse 60 años de la Declaración Schuman, los padres fundadores europeos, desde el Mount Rushmore que no tienen, observan apenados cómo el sueño de la Europa unida se tambalea.

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posted by Paco Seoane @ 2:38 PM   1 comments