jueves, septiembre 15, 2016

Kevin G. Barnhurst (1952-2016): Maestro de investigadores en España y América Latina



Publicado en: La Revista de ACOP, Núm. 8, Septiembre de 2016, p. 55.

El 2 de junio de 2016 nos dejaba a los 64 años el profesor Kevin Barnhurst, que acababa de jubilarse (pasando a ser profesor emérito) como investigador y docente en la Universidad de Illinois en Chicago. En los últimos años había ocupado una cátedra sobre Comunicación en la Era Digital en la Universidad de Leeds, en Reino Unido. Barnhurst fue un destacado investigador en comunicación política, historia del periodismo y comunicación visual. Enamorado de lo español y lo latino, deja muchos discípulos y amigos en España y Latinoamérica, donde impartió conferencias y clases durante su intensa carrera investigadora.

Conocí al profesor Barnhurst como alumno suyo en el máster en Comunicación en la Universidad de Illinois en Chicago (del 2004 al 2006), que cursé en virtud de una beca de la Fundación Pedro Barrié de la Maza. Gracias a él aprendí a escribir académicamente –conocida es la verbosidad de la que pecamos los latinos– y a encontrar el principal motivo que anima cualquier investigación: “la contradicción entre lo que todo el mundo dice y lo que tú realmente piensas”, decía. En sus clases de teorías de la comunicación y de investigación en métodos cualitativos aprendí a cuestionar las vacas sagradas de nuestro campo. Accedíamos a los textos originales y los comentábamos en el aula, descubriendo la sorprendente modernidad de las investigaciones de la famosa Escuela de sociología de Chicago, una de sus favoritas. Precisamente, tras leer una magnífica biografía sobre el padre de dicha Escuela, Robert Park (Rolf Lindner, The reportage of urban culture: Robert Park and the Chicago School, Cambridge University Press, 2006), descubrí que los seminarios del profesor Barnhurst eran muy similares a los del propio Robert Park. La clase era una especie de redacción en la que se comentaban las tareas pendientes y pasadas, reflexionando sobre lo ocurrido durante el trabajo de campo en las calles de Chicago.

Kevin Barnhurst era un investigador situado fuera del mainstream. Así, mientras en la investigación en comunicación política predominan los estudios de framing, priming y las encuestas de opinión, Barnhurst destacó por un proyecto multi-nacional y multi-lingüe en el que los jóvenes redactaban breves historias de vida sobre su relación con los medios y la política. Otra de sus marcas características era el establecimiento de conexiones improbables. En el libro The form of news: A history, co-escrito con su colega John Nerone (Guilford Press, 2002), conectaba su pasado como investigador en comunicación visual (uno de sus primeros intereses) con la comunicación política. Establecía una relación entre el aspecto visual de los periódicos y los ideales de esfera pública en cada momento histórico. Lo que para los periodistas representaba un triunfo histórico, la ‘tematización’ y la reducción del número de historias a favor de una mayor profundidad en las mismas, era para Barnhurst un empobrecimiento del animado bazar de los periódicos de antaño, con notas más breves y misceláneas de sucesos. En realidad, con la tematización los periodistas hablaban más entre sí y con las élites, restándole protagonismo a la propia sociedad sobre la que pretendían informar.

Los investigadores españoles y latinos en comunicación política hemos perdido a un gran interlocultor con el mundo anglosajón. En lo personal, he perdido a un gran mentor y amigo. Nos queda el consuelo de su último gran libro, que envió a la imprenta días antes de fallecer: Mister Pulitzer and the spider: Modern news from realism to the digital (University of Illinois Press, 2016), una obra llamada a ser una referencia en la investigación sobre la historia y la sociología del periodismo.

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miércoles, junio 01, 2016

Fraga y Pablo Iglesias: unidos por Carl Schmitt


La Editorial Trotta acaba de poner a la venta el libro Carl Schmitt: Pensador español, de Miguel Saralegui. Schmitt es un autor maldito, tabú en Alemania durante muchos años por su pasado filo-nazi, pero de eterna actualidad en la ciencia política de raigambre realista y hobbesiana. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha citado al jurista alemán en varias ocasiones, llevando incluso al Congreso de los Diputados una copia de la Teoría del partisano en pleno periodo de negociaciones para formar gobierno. El líder conservador Manuel Fraga Iribarne llegó a cultivar una amistad académica y personal con el propio Schmitt. De hecho, en su libro Saralegui rescata la correspondencia entre Fraga y Schmitt y entre Fraga y la hija de Schmitt, Ánima Schmitt, que se casó con un profesor de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela.

Así como Fraga conoció en persona a Schmitt, Iglesias probablemente haya accedido a la obra del autor alemán a partir de las intrepretaciones de la politóloga belga Chantal Mouffe, que resucitó a Schmitt y su crítica a la eterna deliberación liberal sin, obviamente, secundar sus veleidades hitlerianas. Frente a la socialdemocracia descafeinada de la tercera vía, Mouffe recomienda oponerse al neoliberalismo con una política de izquierdas que trate de recuperar a los damnificados por la globalización, que encuentran en soluciones de derecha radical proteccionista a sus únicos valedores frente a la creciente concentración de la riqueza mundial en cada vez menos manos. Ahí radica la conexión entre Podemos y Le Pen que señalaba Íñigo Errejón en una reciente entrevista: en el apoyo a ambas formaciones hay muchos desahuciados del sistema político tradicional. Son los extremos los que proveen algún tipo de alternativa al consenso del establishment.

No es díficil encontrar trazas de Schmitt en los políticos contemporáneos. Sin ir más lejos, y por citar a un líder opuesto a Podemos, Alberto Núñez Feijóo dice a menudo –como sostenía Schmitt– que el acto político por excelencia es la decisión.

Fraga, Pablo Iglesias, Feijóo… ¡todos Schmittianos!

sábado, mayo 07, 2016

El ‘politainment’ ya es vieja política


La campaña electoral del 26J será, más que austera, creativa, a decir de Inma Aguilar, asesora política de Ciudadanos. Tendrá que ser una campaña “que no se note”, según María José Canel, catedrática de comunicación política en la Complutense, a fin de no enfadar a los ciudadanos. Será “una campaña de debates y una campaña de redes”, dice Aguilar, lo que a su juicio va a beneficiar a los partidos pequeños. Ya no se verán acciones de ‘politainment’, como las de Pedro Sánchez llamando para entrar en directo en Sálvame o tirando a canasta en El Hormiguero, porque los candidatos en liza ya son lo suficientemente conocidos por el electorado. En la campaña de junio “no se buscará notoriedad, sino rendir cuentas del período que va del 20D al 26J”, advierte Aguilar. “La humanización del candidato ya se ha hecho vieja, al votante ya no le hace gracia”, apunta Canel. Las dos expertas en comunicación política participaron este viernes, 6 de mayo de 2016, en un debate organizado por MAS Consulting en la sede del Instituto Atlántico de Gobierno y moderado por el consultor de marketing político Daniel Ureña.

María José Canel ofreció un exhaustivo análisis de los últimos datos demoscópicos, explicando qué ha cambiado en el electorado español y qué cabe esperar para el 26J. El contexto de las próximas elecciones se parece muy poco al de las últimas décadas. Según Canel, el 20D España dejó de votar por tradición. Tanto PP como PSOE bajaron su suelo de voto a unos 7 y 5 millones, respectivamente. En las encuestas pre-electorales la mitad de los votantes decían que iban a cambiar su opción de voto tradicional. Finalmente solo uno de cada cuatro lo hicieron, pero un 25% del electorado no es poca cosa.

¿Qué ha pasado desde el 20D? Según los datos del CIS interpretados por Canel, solo uno de cada dos votantes está contento con cómo se ha comportado su partido en estos meses de negocioaciones. La posición de los electores sobre la conveniencia de que gobierne la lista más votada, antaño mayoritaria, se ha tornado más matizada: uno de cada dos electores duda ahora sobre si debe gobernar el partido más votado.

El electorado español, en efecto, ha evolucionado, y esta transformación se refleja en los últimos hitos electorales, a decir de Canel. En 2008 España pasó de un voto partidista a un voto realista. El voto se decidió más por la creencia en la capacidad de un determinado partido de superar la crisis económica que en la tradicional simpatía ideológica. En 2011 se pasó, según Canel, del voto económico al voto ético. En la decisión del voto primaron valores como el consenso, la transparencia y la integridad. En 2016 los electores dejaron de lado su deseo de que predomine su opción propia al convencimiento de la necesidad de negociar para llegar a una colación de gobierno.

Según el barómetro del CIS correspondiente al mes de abril de 2016, los votantes se mantienen mayoritariamente fieles a sus opciones de voto en las pasadas elecciones del 20D. Las formaciones que más fugas presentan son, curiosamente, Podemos y sus confluencias. Los que se decantaron por la formación de Pablo Iglesias el 20D están ahora debatiéndose entre pasar a IU o a la abstención. Según Canel, los resultados del 26J dependerán en gran medida del éxito de la coalición Podemos-IU y de la abstención.


Ante este incierto panorama electoral, Inma Aguilar descarta las campañas negativas y apuesta por una mayor “feminización” que introduzca valores tradicionalmente identificados con las mujeres como la empatía, la colaboración, la desjerarquización y la movilización de abajo hacia arriba. Según la asesora de Ciudadanos, la consultoría política está muy influenciada por el marketing político americano, y éste a su vez está marcado por las ideas de Sun Tzu en su tratado El arte de la guerra. “Pero una guerra no es solo lo que ocurre en el campo de batalla, adonde solo iban los hombres, sino lo que ocurría en las trincheras, donde seguramente había muchas mujeres que jugaron un papel fundamental y que lamentablemente no nos lo han contando en ningún libro”, apostilla Aguilar.

Tanto Canel como Aguilar coincidieron en la conveniencia de que el asesor político ofrezca una valoración honesta y, en la medida de lo posible, distanciada y no lisonjera del comportamiento de un candidato. Pero ambas reconocieron que es difícil. Aguilar recordó una frase de Cesare Pavese que tiene aplicación al respecto: “Sabemos utilizar la estrategia amorosa solo cuando no estamos enamorados”.

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viernes, mayo 06, 2016

La ley de transparencia, infrautilizada por los periodistas


En 2013 España saldó al fin su deuda como país democrático-liberal al aprobar la ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno. Pero por lo que comentaron este jueves en Madrid los periodistas de precisión convocados por las IV Jornadas de Periodismo de Datos organizadas por el capítulo español de la Open Knowledge Foundation, el número de peticiones anuales es muy bajo.

Según Karma Peiró (Nació Digital), las administraciones todavía no sienten la presión ciudadana o periodística. Eso sí, las escasas peticiones son suficientes para volver locos a los funcionarios, que todavía están adaptándose a la nueva era de la transparencia. El portal a través del cual se pueden cursar las peticiones tampoco ayuda. En opinión de Borja Bergareche (Vocento), es “un desastre”. La novedad de la ley también requiere un proceso de aculturación entre los periodistas. “Es importante tener de mano a un jurista que nos ayude a escribir bien las peticiones”, afirma Bergareche, “porque uno no puede solicitar de golpe toda la información sobre el contencioso entre España y Gibraltar”. Las peticiones que no sean concretas no prosperarán.

Las limitaciones de las leyes de acceso a la información pública también se sienten en otros países, como Perú. Antonio Cucho (Ojo Público) considera que “los periodistas y la sociedad civil deben unirse para hacer sentir la demanda de datos a la administración”. En Estados Unidos, el equipo de datos del Washington Post, liderado por la jovencísima Kaeti Hinck, lleva cuenta del estado de sus peticiones de información al abrigo de la FOIA (Freedom of Information Act), clasificándolas en exitosas, rechazadas y en trámite. Hink animó a los periodistas a no depender exclusivamente de los datos de la administración. “Nosotros también podemos crear bases de datos”, animó, refiriéndose a su contabilidad de las muertes por arma de fuego en Estados Unidos, una iniciativa pionera que luego copió el mismísimo FBI, que hasta entonces no manejaba datos a nivel nacional del número de muertos por disparos.

Sacarle partido al periodismo de datos requiere dinero para contratar a buenos especialistas, pero fundamentalmente depende de la pasión, según los ponentes. Incluso un solo individuo puede minar las bases datos y obtener un reportaje de máximo impacto. “Los periodistas”, confiesa Bergareche, “éramos hasta hace poco la última profesión en utilizar el Excel para todo”. Peiró pone el ejemplo del equipo Spotlight del Boston Globe, popularizado en un reciente film: “no tenían las herramientas de las que disponemos ahora y, sin embargo, crearon su propia base de datos”. De hecho, según Helena Bengtsson (The Guardian), los periodistas de datos no deberían ser una clase aparte dentro de la redacción. “Saber mezclar dos tablas relacionales es una habilidad más, como entrevistar. Es uno de los múltiples métodos que utilizamos para obtener información”.

España ha recorrido un gran camino en poco tiempo, en lo que a la adopción del periodismo de datos se refiere, según Marta Ley (El Mundo Data). Pero todavía queda un gran trecho por andar en lo que a cultura de la transparencia se refiere, insiste Bergareche. Si bien las peticiones de acceso a la información pública son ya una rutina en los países de nuestro entorno, los periodistas españoles todavía tienen que acostumbrarse a lo que a día de hoy es todavía una novedad. En un futuro inmediato, Bergareche espera que las unidades de datos de las redacciones sean una parte integral del periodismo de investigación. Ahora que la ley de transparencia se ha hecho efectiva en todos los niveles administrativos y ya permite hacer peticiones a ayuntamientos y gobiernos autonómicos, ya no hay excusa.

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martes, abril 19, 2016

Las noticias nos encuentran… o eso creemos


Cuando Homero Gil de Zúñiga preguntó a uno de sus alumnos de periodismo en Texas dónde había leído, escuchado o visto la noticia que comentaban al inicio de la clase, el estudiante no fue capaz de mencionar ningún medio en concreto. Simplemente, se había enterado de una manera pasiva. La noticia lo había encontrado. Es lo que Gil de Zúñiga llama la “news finds me perception”. A pesar de que la atención que prestan a los medios convencionales es escasa, muchos estudiantes se creen bien informados y confían en las redes sociales para estar al tanto de la actualidad.

En una investigación presentada este martes 19 de abril en la Universidad Carlos III de Madrid en calidad de catedrático de excelencia de la UC3M-Santander, Gil de Zúñiga reveló que aquellos que más confían en que las noticias les lleguen sin ningún esfuerzo tienden a consumir menos prensa y televisión y beben fundamentalmente de las redes sociales (algo esperable) pero, sin embargo, no están más informados sobre la actualidad política.

Podría pensarse, pues, que un consumo pasivo de información a través de las redes sociales es un depresor de la participación política. Es lo que ya sugirieron investigadores de la Universidad de Wisconsin a finales de los noventa: el consumo recreativo de contenidos online, a diferencia del consumo informativo, está relacionado con una menor implicación política.

Pero las redes sociales no son un contenido online cualquiera. En cierta manera, nos obligan a expresarnos políticamente aunque no seamos proclives a revelar nuestras inclinaciones ideológicas. De las múltiples identidades que manejamos en las redes sociales, una de ellas es política, y ésta acaba por descolgarse en alguna opinón en forma de tuit o post en Facebook. Según las investigaciones de Gil de Zúñiga, el uso de las redes sociales nos lleva a revelar nuestra identidad política. Otra cosa es que esa expresión política se traduzca en participación política efectiva, de ahí que últimamente se haya acuñado el término ‘slacktivism’ para referirse al activismo que no va más allá del ‘me gusta’.

Homero Gil de Zúñiga es profesor en la Universidad de Viena, donde dirige el Media Innovation Lab. Sus investigaciones se centran en el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación en el comportamiento político.

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sábado, diciembre 26, 2015

Apuntes para una España consociativa

Mirándolo bien, el gran derrotado en las últimas elecciones generales ha sido el populismo. En contra de lo que dice el credo populista (sostenga quien lo sostenga), “la gente” no es una, o al menos no tiene una opinión unívoca, con preferencias unánimes. La gente ha hablado, y el resultado es un arco de opinión que se parece más a las plumas de un papagayo que al vúmetro bicolor. De repente la serie de referencia para entender el momento ya no es House of Cards, sino Borgen. España se ha vuelto consociativa.

Hay que desempolvar los apuntes de Ciencia Política y releer a Lijphart (2010 [2000]), que dividía en dos los tipos posibles de democracia: a) las democracias mayoritarias (como Reino Unido o EE.UU.), en las que el gobierno de la sociedad se encomienda a una mayoría, aunque sea exigua; b) las democracias consensuales (casi todas), en las que el gobierno de la sociedad debe incluir al mayor número de gente posible: es decir, la mayoría que gobierne debe ser lo más amplia e inclusiva posible. España encajaría en el modelo consensual, pero la actual crisis se lee en términos de modelo mayoritario.

Una sociedad tan plural como la española soportaría difícilmente un modelo Westminster. Ni siquiera en Reino Unido la distorsión entre proporción de votos y proporción de escaños es fácilmente asumible y es objeto de continuo debate.


En el otro extremo se situaría el parlamento belga, dividido no sólo ideológicamente, sino también lingüísticamente. Es el ‘lado oscuro’ al que España teme aproximarse.



Lo interesante es que, visto de manera abstracta, y recurriendo a la clasificación de sistemas de partidos de Blondel (1968, citado por Lijphart, 2000), España pasaría de ser un sistema de “dos partidos y medio” a un sistema multipartidista sin un partido claramente dominante.


Si representamos los resultados electorales de las últimas tres elecciones generales con base 100, este sería el resultado:

  • España, elecciones generales de 2008, resultados (base 100):
    • PSOE (48), PP (44), Resto (8)
  • España, elecciones generales de 2011, resultados (base 100):
    • PP (53), PSOE (31), Resto (16)
  • España, elecciones generales de 2015, resultados (base 100):
    • PP (35), PSOE (25), Podemos (19), Ciudadanos (11), Resto (8)

Sin fuerzas claramente hegemónicas habrá que ceder, y eso es algo que no casa con el purismo ideológico. Es el precio del gobierno inclusivo: para que todos ganen algo, todos tendrán que perder algo.

Referencias:
Lijphart, A. 2010 [2000]. Modelos de democracia: Formas de gobierno y resultados en treinta y seis países. Barcelona: Ariel.

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sábado, noviembre 28, 2015

Las cinco lecciones del debate de la Carlos III


Dice El Mundo en su portada de este sábado que el debate organizado por la Asociación Demos en la Universidad Carlos III que enfrentó a Iglesias y a Rivera (Sánchez y Rajoy declinaron ir) ha marcado “un punto de inflexión en la historia de los debates en España”. Es cierto. He aquí las claves:

1.- No hace falta cronómetro. Cuando la voluntad de los organizadores y del moderador es la de ser justos y propiciar un debate dinámico y equilibrado, nadie se va a molestar por tener tres segundos de más o de menos. En el debate de este viernes no hubo cronómetro y nadie considera que la administración de los tiempos fuese injusta. Había una organización mínimamente pactada (cinco minutos de introducción, un minuto para finalizar, dos minutos de introducción para cada bloque: economía, sanidad y pensiones, educación y reforma democrática). Y ya está.

2.- El moderador fue un auténtico moderador. El periodista de Onda Cero Carlos Alsina supo pedir brevedad en las exposiciones y animó a una contrarréplica en cada argumento. Actuó como buen periodista al pedir a los candidatos una explicación sobre las diferencias entre la renta básica y el complemento salarial. Sabiamente, optó por dar voz al público cuando vio que el debate entre candidatos se comía la posibilidad de participación de la audiencia. Alsina hizo dos preguntas clave ligadas a la actualidad del momento: 1) ¿Existen guerras justas? (en referencia a la conveniencia de intervenir en Siria) y 2) ¿Debe el Gobierno rescatar a Abengoa? (en pre-concurso de acreedores, la noticia acababa de saltar el día anterior). Preguntas acertadas en su formulación que nadie consideró fuera de lugar pese a salirse del programa pactado.

3.- Vuelve la retórica. La capacidad para saber expresarse es un arma poderosísima y peligrosa. Que se lo pregunten a Pizarro, que perdió un debate con un Solbes de zorrería desconocida. A Rivera se le nota su formación en las ligas de debate: sus puntos argumentales no son más de tres (frente a las interminables listas de Iglesias) y el final, con la cita de Suárez (hacer normal en las instituciones lo que es normal en la calle) estaba muy bien preparado. Iglesias también tenía bien trabajadas sus frases-titular: “muchas gracias, 1978, hola 2016” (reforma frente a ruptura, quién lo diría) y “cortar el agua al pez” en vez de “dar una patada al avispero” en referencia a la necesidad de priorizar el corte de la financiación de los terroristas frente a nuevos bombardeos.

4.- La universidad como foro político idóneo. Estamos acostumbrados a que las universidades norteamericanas se ofrezcan como las sedes de los debates presidenciales, pero el debate de este viernes en la Carlos III fue el primero en sede universitaria en la historia de la democracia española. No por casualidad los propios universitarios provocaron el principal motivo de guasa en el debate (sobre si los candidatos han leído o no a Kant) y le otorgaron a la convocatoria un tono festivo y jovial, pero al mismo tiempo serio y comprometido.

5.- La sociedad civil toma protagonismo. Los politólogos suelen decir que los partidos políticos pertenecen más a las instituciones que a la sociedad civil. Hasta ahora, era cierto. Pero el hecho de que este debate haya sido organizado por una asociación universitaria es elocuente. La realización fue sobria pero efectiva. No hicieron falta grandes despliegues técnicos. Había ilusión y ganas. Seguramente los debates que faltan contarán con mucho más presupuesto, pero carecerán de la energía y la espontaneidad del de la Carlos III. Los universitarios han hecho historia y han puesto a la clase política en el brete de intentar estar a su altura. La Fundación Encuentro se preguntaba hace años en la portada de uno de sus libros si existía sociedad civil en España. Ahora no hay duda. La hay. Está pidiendo paso.

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