lunes, octubre 27, 2014

Las primarias, arma de doble filo

Las elecciones primarias “son un bien reclamado por el electorado, pero la dirección del partido puede controlarlas”, afirma Jorge Galindo, investigador de la Universidad de Ginebra. Sería ésta una de las dos principales “trampas” que, a su juicio, presentan este tipo de elecciones. La segunda residiría en la diferencia entre el selectorado (los electores de las primarias) y el electorado general: “los que demandan primarias no son los que luego realmente votan al PSOE”, apunta Galindo. Según el investigador, existiría una gran tensión entre el electorado tradicional de los socialistas (jubilados o empleados de renta media, con contrato fijo, próximos a los sindicatos) y los electores entre 24 y 30 años (sobrecualificados, potenciales emigrantes) que encontrarían en Podemos una propuesta más cercana a sus intereses.

Galindo compartió estas reflexiones durante el III Congreso Internacional en Comunicación Política y Estrategias de Campaña de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE), que tuvo lugar en Santiago de Compostela del 24 al 27 de septiembre de 2014. Allí coincidió, entre otros, con Begoña Gonzalbes Cutillas, de la consultora Integridad Política, que advirtió que el eje del debate político ha cambiado en España: del conflicto entre derechas e izquierdas se ha pasado a la pugna entre ciudadanos y grupos de poder. Gonzalbes, experta en coaching político, reveló lo que piden los candidatos que acuden a ella: cuando concurren a elecciones, quieren “lustrarse” y aplacar sus dudas y sus miedos. Cuando pierden el poder, se preguntan qué hacer con su vida, lo que requiere una gestión emocional de la nueva situación.

Entre las ponencias presentadas al congreso destaca la de la investigadora y consultora Ángela Paloma Martín, que a partir de los datos de la encuesta postelectoral del CIS tras las Europeas de 2014 reveló que la pifia machista de Arias Cañete tuvo un efecto nimio en la movilización del voto femenino en favor de Elena Valenciano.

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sábado, septiembre 20, 2014

Paradojas y curiosidades del referéndum escocés

1.- La victoria del no en el referéndum ha sido saludada como una apuesta por la unidad europea. Curiosamente, los escoceses son bastante más europeístas que los ingleses, y de hecho su independencia era una manera de mantener un estado más social, más europeo, que el neoliberalismo pro-yanqui de la city londinense. Cameron ha prometido un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE, y ése sí que es un desafío a la unidad europea. A día de hoy, con los datos demoscópicos disponibles, un referéndum en el Reino Unido sobre la pertenencia a la UE daría como resultado un rotundo no, en gran medida gracias a los ingleses, no a los escoceses.

2.- La victoria del no dista de ser una victoria para la centralidad del estado británico. Bien al contrario, el resultado del referéndum es una llamada irrenunciable a una federalización del Reino Unido. Podría ser el detonante de un parlamento inglés distinto al británico de Westminster, y un apoyo al nacionalismo inglés, harto de derivar recursos a las pobres Escocia y Gales. La fallida regionalización el primer gobierno Blair podría tener una segunda vuelta de la mano de los conservadores. Las regiones inglesas como Yorkshire quieren más autogobierno, pero se oponen a crear más capas de funcionarios porque significaría derivar más recursos para la casta política. Tendrán que resolver este wishful thinking. La regionalización de Inglaterra tendrá que proceder de una manera más natural, teniendo en cuenta los condados históricos, en vez de agrupar regiones a tiralíneas como ocurre en las circunscripciones de las elecciones europeas.

3.- El Reino Unido reconoce a sus componentes como ‘naciones’. Lo lleva en su nombre, es un reino ‘unido’. Como dice Benedict Anderson, el hecho de que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (ése es el nombre completo desde 1921) renuncie a definirse como nación “sugiere que es tanto el legado de estados dinásticos prenacionales del siglo XIX como el precursor de un orden internacionalista del siglo XXI” (2006 [1983]: 2). Reino Unido es un estado "multinacional" del que los ingleses forman parte, según dice Tony Wright en su breve introducción a la política británica (2013 [2003]: 5). En este sentido, el Reino Unido sería análogo a la Unión Europea, y ahí sí que se podría establecer un paralelismo entre la 'unidad en la diversidad' británica y la europea. De hecho, en su discurso tras el referéndum, Cameron habla claramente de “naciones”:

“El pueblo de Escocia ha hablado. El resultado está claro. Ha mantenido unido a nuestro país, formado por cuatro naciones (...) Escocia ha votado por un Parlamento escocés más fuerte, respaldado por el poder y la seguridad que ofrece el Reino Unido, y quiero felicitar a la campaña del No por haber demostrado a la gente que verdaderamente nuestras naciones están mejor juntas.”

Sin embargo, en la Televisión Española un estado multinacional es algo tan extraño que en la traducción de las palabras de Cameron las cuatro naciones pasan a ser una (véase y escúchese con atención el vídeo en la propia web de RTVE). En el caso de España el reconocimiento de Cataluña (o el País Vasco o Galicia) como nación es tabú, de ahí la utilización de términos tan ambiguos como el de “nacionalidades” en la propia Constitución.

4.- El año que viene celebraremos 200 años del Congreso de Viena, que dio lugar al Concierto Europeo, el más claro precedente de la actual Unión Europea. Hace dos siglos, los incipientes estados nación recurrían al apoyo de sus colegas europeos para solidificar sus propios estados. Quizá la Unión Europea, que oscila entre convertirse en una federación de 300 regiones y una confederación de una treintena de estados, esté revelando su querencia hacia el segundo modelo. El deseo de los nacionalistas escoceses y catalanes es el de ser una nación dentro de una federación europea con un centro en Bruselas en lugar de Londres o Madrid. Pero ha triunfado la poliarquía y el equilibrio de poderes del Concierto Europeo, al menos por ahora. Como si la unidad en la diversidad europea tuviese que probarse antes dentro de sus propios estados miembros.

5.- Decía Gerald Brenan (al que sí podríamos definir como británico, pues nació en Malta cuando ésta era parte del Imperio) en su libro sobre la Guerra Civil española que la condición normal de España es la de “una colección de repúblicas pequeñas, mutuamente hostiles o indiferentes que se sostienen unidas en una débil federación” (2003 [1943]: xv). Todo régimen republicano en España, según Brenan, “tiende ante la presión de los acontecimientos a devenir en federal y, cuanto más lejos llega su programa federal, más débil se vuelve, porque ha desprendido su poder hacia las provincias” (2003 [1943]: xviii). Curiosamente, Brenan veía en España una Europa en miniatura, comparando los intentos de unidad españoles con los europeos.

¿Qué conclusiones podemos sacar del reféndum escocés para el futuro de Europa? Dice Jan Zielonka, uno de los grandes teóricos de la integración europea, que la Unión Europea está condenada a desaparecer tal y como la conocemos. Será reemplazada por otra Europa que estará liderada por ciudades, incluso regiones, y no por estados-nación. Desaparecido el estado-nación, ¿quién ejercerá la labor de redistribución para evitar la caída en desgracia de los lugares alejados de las metrópolis? Sin duda, hará falta algo más que una ampliación de los fondos FEDER de solidaridad intraeuropea. El viejo orden se muere, que diría Gramsci. Y mientras no nace el nuevo, veremos monstruos. Quizá más de algún estado sea ya zombie sin saberlo.

Referencias:
  • Anderson, B. (2006 [1983]). Imagined communities. London and New York: Verso.
  • Brenan, G. (2003 [1943]). The Spanish labyrinth: The social and political background of the Spanish Civil War. Cambridge and New York: Cambridge University Press.
  • Wright, A. (2013 [2003]). British politics: A very short introduction. Oxford and New York: Oxford University Press.

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viernes, agosto 08, 2014

Confianza política en tiempos de crisis

Los tiempos de crisis son particularmente peligrosos para las democracias liberales. En la mente de todos están los años 30. La República de Weimar, que albergó movimientos como la Bauhaus, el expresionismo o la Escuela Crítica de Frankfurt, cedió terreno al nazismo. En el primer tercio del siglo XX, tanto el comunismo como el fascismo se mofaban de la habladuría barata de los parlamentos europeos, demasiado lentos para tomar decisiones ejecutivas de gran calado. La confianza en las instituciones políticas tradicionales, tanto entonces como ahora, estaba bajo mínimos. Durante el encuentro internacional de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) en Bilbao del 17 al 19 de julio, el decano de la Annenberg School for Communication de la Universidad de Pensilvania, Michael Delli Carpini, y el catedrático de comunicación en la Universidad de Múnich Thomas Haniztsch definieron el concepto de confianza política y ofrecieron datos empíricos sobre los niveles de confianza política de ciudadanos y periodistas en las instituciones públicas.

Según Delli Carpini, a diferencia de los consultores, que nos dicen qué tiempo hará mañana, los académicos deben ser algo así como unos climatólogos, analistas de la evolución del clima político a largo plazo. La confianza podría definirse como “una firme creencia en la fiabilidad de alguien o algo”. La confianza puede ser específica (en el presidente, la escuela local, la información –lo que leemos en el periódico–, los comportamientos –creemos que nuestro voto contará–) o general (la gente de mi comunidad, la policía, las escuelas, las empresas periodísticas, etc.). Sin confianza, a decir de Delli Carpini, es muy difícil actuar políticamente. La confianza es esencial para el político y para el elector. ¿Cómo se establece la confianza? Según el profesor de UPenn, a través de la socialización (familia, colegas, educación formal, medios de comunicación…) y la experiencia (directa –ese médico es bueno porque me trató muy bien– o indirecta –la más frecuente en política, uno puede confiar en Obama sin conocerlo directamente–).

Delli Carpini tiró del Eurobarómetro para ofrecer datos sobre la confianza política en los países de la Unión Europea. Aunque la confianza ciudadana en las instituciones disminuía en toda Europa desde 2010, en España la desconfianza ya se manifestaba de una manera acusada desde 2008. En general, los países del sur de Europa confían menos en las instituciones que los países del norte europeo. Uno de los datos sorprendentes fue el relativo a la confianza en la UE. Según los datos del Eurobarómetro citados por Delli Carpini, España se habría convertido en un país más euroescéptico que el propio Reino Unido. Así, mientras en 2007 el porcentaje de población que desconfiaba de UE era del 49% en Reino Unido y del 23% en España, en 2012 el porcentaje de desconfianza era del 69% en Reino Unido y del 72% en España. Esto podría explicar la receptividad de las llamadas a ejercer la soberanía nacional por parte de formaciones como Podemos, mientras que los partidos mainstream como PSOE y PP sacarían poco rédito de su consenso pro-UE en temas europeos.

Curiosamente –y esto no son buenas noticias para los periodistas– la confianza en los medios de comunicación cae de una manera más acusada que la confianza en otras organizaciones.

¿En qué medida la desconfianza en las instituciones puede alentar o desalentar el activismo político? Delli Carpini considera que la confianza interactúa con otras actitudes políticas como la eficacia, la creencia en la posibilidad (del individuo o de las propias instituciones) de efectuar un cambio en la dirección del país. Así, un individuo con alta confianza y eficacia sería un ciudadano participante en los cauces convencionales de la acción política, mientras que un individuo con alta eficacia pero baja confianza sería un ‘protestante’, alguien contestatario con el sistema. Un ciudadano con baja eficacia y alta confianza sería un observador, mientras que un ciudadano con baja confianza y baja eficacia sería, simplemente, un individuo alienado:


¿Cómo explicar las alarmantes caídas en la confianza ciudadana en las instituciones? Para Delli Carpini esta caída es, hasta cierto punto, racional. Tiene que ver más con el gobierno que con los ciudadanos. Estaría relacionada con la incapacidad del gobierno para resolver los asuntos que le importan a la gente. 

Para Thomas Haniztsch la confianza política es, esencialmente, “esperanza en el futuro”. Su charla en Bilbao versó sobre un estudio multinacional denominado Worlds of Journalism, sobre la confianza de los periodistas de 21 países en las instituciones políticas.

Los periodistas occidentales tienen más confianza en las instituciones públicas que los no-occidentales, con la excepción de Estados Unidos (que sería la excepción occidental, con menos confianza que la media) y China (que sería la excepción no-occidental, con más confianza que la media). Haniztsch atribuye la confianza de los periodistas chinos en el sistema a que China ha experimentado un enorme crecimiento en los últimos años (recordemos que la confianza está relacionada con la esperanza en el futuro) y a que los periodistas de regímenes autoritarios tienen expectativas muy limitadas sobre la mejora de la libertad de expresión.

En Occidente, los periodistas registran una mayor confianza en las instituciones que la población general, mientras que en los países no-occidentales el público es más confiado que los propios periodistas, que quizá deban su mayor desconfianza institucional a que son los primeros en detectar una corrupción que no pueden transmitir a sus audiencias debido a la censura.

La confianza de los periodistas en las instituciones estaría íntimamente relacionada con la libertad de prensa. En países como Estados Unidos o España existiría una amplia libertad para los reporteros, que confiarían en gran medida en las instituciones. En sociedades en transición como Turquía los periodistas gozarían de una moderada libertad de expresión, lo que redundaría en una baja confianza en las instituciones por parte de los reporteros. China sería un país excepcional por las razones arriba explicadas, con una limitadísima libertad de prensa pero con unos periodistas muy confiados en la bondad de las instituciones políticas.

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jueves, agosto 07, 2014

Innerarity: Buena democracia, mala política

Precisamente en un momento en el que la ‘calle’ parece demandar una política más receptiva a sus demandas, el filósofo Daniel Innerarity, director del Instituto de Gobernanza Democrática (Globernance) se erige en defensor de la democracia indirecta. En su intervención durante el encuentro internacional de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) en Bilbao el pasado 17 de julio, Innerarity afirmó que “tenemos una buena democracia y una mala política”. A su juicio, tenemos un espacio político que funciona (no se echan en falta espacios de protesta, porque los ciudadanos pueden expresar su malestar sin muchas trabas) pero sufrimos “una mala política”, es decir, “la capacidad de convertir esa amalgama de opiniones en transformaciones políticas no funciona”.

El catedrático de Filosofía Política y Social considera que están cambiando las formas de activismo político, dando lugar a una ciudadanía “intermitente”. “Más que contralar al ejecutivo, las movilizaciones en la red se orientan a evitar el abuso de poder, son actos intermitentes y apolíticos, sin estructura duradera de intervención”, opina. El ‘clicktivismo’ (el activismo online canalizado a través de webs como change.org o avaaz.org) y el consumo político (‘votar’ con el carro de la compra) serían actos de “soberanía negativa”. Según Innerarity, plataformas como el 15-M, la Plataforma Antideshaucios o el movimiento Occupy, así como las manifestaciones en Burgos, Nantes, o Stuttgart que bloquearon el desarrollo de ciertas infraestructuras “no se inscriben en un marco político coherente, solo hay la presión del momento”.

Curiosamente, es la denostada política tradicional la que puede dotar de continuidad a los deseos de cambio. A decir de Innerarity, “si los partidos políticos sirven para algo, es para dar una continuidad a políticas como las de infraestructura y vivienda”. Pero son precisamente los partidos políticos tradicionales los que se encuentran bajo asedio, no tanto por parte de la población general sino por sus correligionarios más extremistas. Según Innerarity, “todos los partidos tienen un tea party”, una sección que marca las líneas rojas que el partido mainstream no puede atravesar, impidiendo así la transacción con el enemigo. Así, el movimiento Libres e Iguales no estaría dirigido contra los independentistas catalanes, sino contra el propio Mariano Rajoy.

Innerarity apuntó además los límites de dos modas políticas que arrastran gran entusiasmo en la actualidad: los referendos y la transparencia. Según el filósofo, los plebiscitos reflejan peor la pluralidad de la sociedad que las opciones de representación. Reducen todo a algo binario (sí o no), sin matices. Es por ello que un referendo “debe estar al final de un proceso deliberativo, no al principio”, explica Innerarity. La transparencia, otro de los mantras en boga, “da la idea de que la política tiene que ver con datos o evidencias ocultadas por ciertos intereses, y no es así”, observa el filósofo.

El director de Globernance ofrece una interpretación psicoanalítica para la gran ruptura entre el principio de placer, representado por los populistas, y el principio de realidad, gestionado por los tecnócratas. En un contexto de crisis, las diferencias entre las fuerzas del establishment (izquierda y derecha) se reducen en gran medida. Cuando esto ocurre, una parte de la población quiere optar por algo que se encuentre fuera del principio de realidad. “Los partidos de la llamada casta”, observa Innerarity, “han gobernado y volverán a gobernar; saben lo caro que resulta pagar las facturas de las promesas no cumplidas.” La gran dificultad de la política no es ganar elecciones, sino ser reelegido. Los partidos del establishment, dice el filósofo, saben de esto, saben que en algún momento hay que recurrir a los adversarios.

El director de Globernance encuentra en la propia lógica democrática uno de los grandes peligros para la democracia. Se supone que hay que hacer “lo que quiere la gente”, pero, “¿qué es la gente?”, se pregunta Innerarity: “¿la encuesta de mañana? ¿los que aprobaron la Constitución? ¿las generaciones futuras?”. Sí, la gente puede ser todo eso, apunta el filósofo, pero en un contexto de responsabilidad. Según Innerarity la política se está gestionando desde el corto plazo, “y eso genera atascos”. También se muestra intrigado ante las encuestas que revelan que, según los españoles, “la política es uno de nuestros peores problemas”. “¿Qué queremos decir con eso?”, pondera Innerarity.

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sábado, julio 26, 2014

La política como profesión en la era de Podemos

¿Debe ser la política una actividad limitada en el tiempo, un episodio pasajero de alto compromiso cívico? ¿Puede ser una actividad profesional? ¿O acaso el mero hecho de convertirse en tal redunda en la inevitable consagración de una “casta” autocomplaciente, separada del común de los mortales? La profesionalización de la política, uno de los temas clásicos de la politología, ha vuelto al primer plano con el ascenso de Podemos, una formación que ha hecho del azote a las élites una de las principales bazas de su éxito electoral.

El encuentro internacional de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) celebrado en Bilbao del 17 al 19 de julio de 2014 permitió comparar las dos posturas sobre el tema. Por una parte, Manuel Alcántara, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca y autor del reciente libro El oficio de político (Tecnos, 2012), opina que “la política también se aprende sobre el terreno, si vuelves a casa a los cuatro años se pierde lo que esa persona ha aprendido”. Por la otra, Carolina Bescansa, politóloga de la Complutense y responsable de la Unidad de Análisis Político de Podemos, observa que su formación cuenta con profesionales en la política, en lugar de profesionales de la política. El Pablo Iglesias de hace un siglo tuvo que pedir en las Cortes que la política fuese retribuida para que las clases populares pudiesen tener representación. El Pablo Iglesias del siglo XXI pide justo lo contrario.

Bescansa ve un lado oscuro en la profesionalización de la comunicación política: “¿Qué es lo que la comunicación política ha aportado a la calidad de la democracia? Las técnicas de la comunicación política se han convertido en herramienta del tacticismo y el cinismo político. Las herramientas de la comunicación política no pueden suplir a la política misma”. Para Bescansa, los spin doctors son parte de la casta desprestigiada. A su juicio, debe abandonarse el uso táctico de la comunicación para impulsar una práctica política mejorada.

La estrategia de Podemos relatada por Bescansa dio la impresión de que el éxito electoral de la formación fue fruto de una planificación exhaustiva más que la consecuencia de un voto protesta en unas elecciones de segundo orden. El de Podemos sería el voto que canalizó aquellas ansias de reforma que los partidos mayoritarios no se atrevieron a tocar. Podemos llevaba cuatro meses de existencia cuando sorprendió por su resultado electoral en mayo de 2014, pero el equipo detrás de la formación llevaba mucho más tiempo dedicándose al análisis político. A juicio de Bescansa, España arrastraba un déficit de legitimación institucional con cinco focos de atención: 1) los responsables de la crisis económica, 2) la pérdida de vigencia del eje izquierda/derecha en las cuestiones clave, 3) las identidades nacionales, 4) la estructura del Estado y 5) la jefatura del Estado.

Según la profesora de Metodología de la Complutense, las estadísticas mostraban que los grandes consensos de 1978 se habían roto. Los partidos, los políticos y las instituciones alcanzaban cifras récord de descrédito. Si bien en los 80 una mayoría de la población entre el 55 y el 60% los apoyaba, en el bienio 2010-2012 entre un 80 y un 85% de los españoles manifestaban tener muy mala opinión de los partidos políticos. A decir de Bescansa, las cifras debían leerse en su contexto, prestando atención a los valores absolutos y no solo a la posición relativa. Si Rosa Díez es la política más valorada con un 3,5 de nota, lo importante no es aproximarse a su valoración, sino darse cuenta de que ningún político supera el 3,5 de nota.

Para Bescansa las opiniones de los ciudadanos ya no se explican solo por su posición ideológica en una escala de izquierda a derecha. Así, en 2011 la tasa de concentración de voto (la suma de votos de PP y PSOE) cae once puntos. Podemos ve en esta caída una evidencia de la descomposición de los partidos del 78, una oportunidad para una “campaña relámpago” que, para ser efectiva, debía articular su propuesta de transformación social  en torno a dos o tres temas clave.

La influencia de las campañas electorales en el voto de los ciudadanos es otro de los asuntos eternamente debatidos entre los politólogos. Bescansa cree que dicha influencia es cada vez mayor, y que para descubrir su efectividad no se debe preguntar al encuestado si la campaña le influyó, ya que existe un factor de desirabilidad social que le obligará a decir que no se ha visto influido en absoluto por la propaganda electoral. Para Bescansa es más útil preguntar por el momento en el que el elector decidió su voto. Según sus datos, en las europeas de 2014 el 40% de los electores decidió su voto durante la campaña, lo que pudo beneficiar a una candidatura insurgente como Podemos.

El equipo electoral de la formación de Pablo Iglesias se diferenciaba del resto de los partidos políticos en dos aspectos: 1) estaba formado por jóvenes profesionales muy preparados pero con un limitadísimo presupuesto (solo consiguieron dinero para liberar a 8 personas con un salario entre los 800 y los 1.200 euros) y 2) trabajaba de manera horizontal, lo que redundaba en un relato electoral más coherente, según Bescansa.

El proceso de construcción de Podemos fue la principal noticia sobre la propia formación: la consecución de avales para presentarse a las elecciones, el diseño del programa electoral y la celebración de elecciones primarias fueron tres hitos “coherentes con la propia propuesta política” de Podemos, de acuerdo con Bescansa.

Este corresponsal preguntó a la estratega de Podemos sobre dos cuestiones:
  1. La incómoda relación de Podemos con el liberalismo: nuestras democracias son democracias liberales, en las que las decisiones mayoritarias se topan con el límite impuesto por la protección de los derechos individuales. Podemos parece olvidarse del apellido liberal de las democracias occidentales.
  2. La resurrección del mandato imperativo: Podemos quiere convertirse en una auténtica correa de transmisión de sus electores, limitando la autonomía del representante por la que abogaba Edmund Burke en su discurso a los electores de Bristol (1774). 
Bescansa considera el liberalismo como una de las corrientes fundamentales del pensamiento occidental, abierta a múltiples interpretaciones. La estratega de Podemos se reveló a favor de John Locke y de la defensa de la propiedad privada. Sobre el mandato imperativo, Bescansa dijo que la democracia representativa tiene muchos problemas y se mostró partidaria de una posibilidad de “fuerza revocatoria” por parte de los ciudadanos, para que “los compromisos electorales no sean papel mojado”.

Sobre el uso estratégico de las redes sociales por parte de Podemos, Bescansa afirmó que fueron los nodos de la formación (los famosos ‘círculos’) los que fueron creando la presencia de Podemos en las redes sociales de manera horizontal, sin que hubiese una orientación jerárquica por parte del equipo de campaña.

El inesperado éxito electoral de Podemos no lo fue tanto a ojos de Bescansa. “A 30 de abril de 2014 teníamos una encuesta que nos daba tres eurodiputados”, apuntó. “Lo asombroso fue el efecto y la reacción de nuestro resultado en el resto del tablero político”.

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Benenson: Cómo diseñar encuestas para ganar elecciones

Joel Benenson, uno de los consultores clave en la reelección de Obama en 2012, ofreció durante el congreso de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) en Bilbao (17-19 de julio de 2014) una lección magistral sobre cómo aprovechar la investigación cualitativa para descubrir las preocupaciones de los votantes y así rediseñar cuestionarios cuantitativos que muestren con mayor claridad los ejes sobre los que hacer pivotar el mensaje del candidato.

El reto de Benenson no era fácil. Ningún presidente de EE.UU. había sido elegido con una cifra de desempleo mayor del 7% (Obama estaba en un 8%), ni con un porcentaje de aprobación inferior al 50% (Obama estaba en un 43%). Benenson y su equipo mantuvieron seis sesiones de entrevistas online con un centenar de votantes de clase media sin filiación partidaria definida. Les preguntaron sobre sus valores religiosos, su comunidad, sus esperanzas de futuro y sus frustraciones. Las preguntas no eran totalmente abiertas, sino que solicitaban información sobre situaciones concretas: “Hábleme sobre la última vez que se sintió tratado injustamente en su trabajo”. El resultado fueron 1.400 páginas de transcripciones, que eran analizadas cada noche por un equipo de cinco personas.

Los norteamericanos entrevistados por Benenson revelaron las siguientes características comunes: 1) Sentían que la regla de oro del sueño americano (el trabajo duro lleva siempre al progreso) ya no seguía vigente; 2) Tenían miedo a arriesgarse y a no poder seguir adelante, o incluso a retroceder en su posición social; 3) Deseaban restaurar los valores comunitarios de solidaridad intervecinal. Este era el estado mental post-crisis de los estadounidenses, que sirvió para orientar la redacción de preguntas en encuestas con muestras representativas. Así, como se prefiguraba en el estudio cualitativo, los americanos revelaron altos porcentajes de asentimiento con las siguientes proposiciones:
  • “Estoy menos inclinado a asumir riesgos debido a la crisis financiera” (75%)
  • “El sistema económico en EE.UU. favorece a los ricos, no a la clase media” (68%)
  • “He rebajado mis expectativas financieras como resultado de la crisis financiera y la recesión” (60%) 
A decir de Benenson, estos resultados les permitieron entender algo que a los Republicanos se les escapaba: los americanos creen que el fundamento de una economía fuerte es la clase media, no la alta clase financiera. Es más, creían que la crisis financiera de los últimos cinco años no era “la típica recesión que ocurre de vez en cuando” (23%), sino “una crisis extraordinaria, la más severa de las últimas décadas” (74%). Este resultado llevó a Benenson a recomendar a Obama que parase de hablar de una “recesión” y utilizase la expresión “una crisis extraordinaria” en su lugar, a fin de enmarcar el problema de una manera congruente con el marco interpretativo de los votantes.

Benenson verificó sus intuiciones a través de preguntas en las que se forzaba a los participantes a elegir entre dos opciones, indicando cuál se aproximaba más a su manera de pensar. En junio de 2011, una mayoría de americanos pensaban que “los problemas económicos heredados por el presidente Obama eran demasiado severos como para que cualquiera los pudiese resolver” (61%), frente a un tercio de la población que opinaba que “un presidente diferente habría reflotado la economía” (33%).

Los votantes, insistió Benenson, no querían soluciones rápidas, sino soluciones duraderas. Sus investigaciones mostraron al equipo Obama que una mayoría de los electores querían 1) una economía con sólidos fundamentos, no una economía de burbujas; 2) inversiones a largo plazo (infraestructuras, educación, industria); 3) un retorno al papel protagónico de la clase media en la economía. Según Benenson, los postulados reaganianos del “trickle-down economics” (la idea de que la bonanza de los grandes negocios acabaría redundando en toda la población) ya no eran compartidos por una amplia mayoría de los americanos. Los Republicanos tenían como cabeza de cartel a un exitoso hombre de negocios (Mitt Romney), pero la investigación social revelaba que para los votantes el conocimiento técnico sobre la economía era menos importante que la voluntad de luchar por la clase media.

La clave de las encuestas electorales encargadas por candidatos y partidos, sentenció Benenson, es preguntar por aquello que necesitas saber para luego comunicar y, en última instancia, ganar.

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martes, junio 24, 2014

Debate sobre periodismo (de código) libre en Madrid

Este miércoles, 25 de junio de 2014, a las 19.30hs en la librería La Central de Callao, tendrá lugar un debate titulado “El periodismo libre, la información como bien común” con motivo de la presentación del libro de Víctor Sampedro El cuarto poder en red: Por un periodismo (de código) libre (Icaria, 2014). Acompañarán al autor en el acto Juan Carlos Monedero (politólogo de la Complutense, de reciente notoriedad por su participación en Podemos), César Rendueles (sociólogo, autor del provocador ensayo Sociofobia: El cambio político en la era de la utopía digital, de 2013) y Javier de la Cueva (abogado, experto en propiedad intelectual).

Víctor Sampedro es Catedrático de Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos y director del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digital, que dicha universidad ofrece en colaboración con el MediaLab Prado en Madrid. Precisamente queda una semana para que finalice el periodo de preinscripciones en este posgrado, que ofrece becas patrocinadas por la consultora Ideograma y por la Asociación Calidad y Cultura Democráticas.

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miércoles, mayo 28, 2014

ICA 2014: Crónica desde Seattle



El pasado jueves, 22 de mayo de 2014, tenía lugar en la Universidad de Washington en Seattle (EE.UU.) un encuentro sobre investigación cualitativa en comunicación política, una de las pre-conferencias que precedieron a la conferencia anual de la International Communication Association (ICA) en la misma ciudad. El número de remisión de papers (más de 70) excedió con creces las expectativas de los organizadores, que hubieron de seleccionar una treintena para su presentación. En su mayoría, las contribuciones de los asistentes no se limitaban, curiosamente, a los métodos de investigación social cualitativos, sino que los combinaban con otras técnicas de investigación cuantitativa. Una de las referencias constantes fue la ‘network ethnography’ (etnografía de redes) acuñada por Philip Howard (Universidad de Washington), consistente en realizar entrevistas y trabajo de campo con informantes seleccionados a través de un análisis de la red social en la que verifican sus interacciones (‘social network analysis’). Para Michael Delli Carpini, decano de la Annenberg School de la Universidad de Pensilvania, la combinación de métodos cualitativos y cuantitativos es el futuro. Lo realmente importante, añade Silvio Waisbord, es centrarse en la orientación teórica del estudio, ya que los métodos aplicables deberían derivarse la pregunta de investigación y no anteceder a ésta. De poco sirve la sofisticación metodológica si la pregunta de partida no es ni siquiera interesante, si no nos ayuda a aprender algo nuevo y significativo del mundo que nos rodea.

Los estudiosos de la comunicación política disfrutamos además de un emotivo homenaje a los legendarios Lang de Chicago, el matrimonio formado por Kurt y Gladys Lang, que siendo estudiantes todavía estudiantes de posgrado en Chicago realizaron un estudio pionero sobre el impacto social de los medios: su famosa investigación sobre el desfile del general MacArthur en Chicago, que reveló una diferencia abismal entre la entusiasta cobertura televisiva del evento y la desangelada realidad del desfile a pie de calle. El no menos legendario Elihu Katz (Universidad de Pensilvania), discípulo aventajado de Lazarsfeld, el padre de la teoría de los efectos limitados --con quienes los Lang siempre mantuvieron una amistosa rivalidad académica por su minimización de la influencia social de los medios – dedicó unas amables palabras a la egregia pareja: “La tradición de [la escuela de] Chicago ha quedado ensombrecida por la escuela de Columbia. Chicago es el ambiente que vio nacer a los pioneros de la investigación en comunicación”. Kathleen Hall Jamieson (Universidad de Pensilvania) tildó a los Lang de “padres fundadores” de la investigación en comunicación política. A decir de Jamieson, los Lang legaron el prestigio académico de la sociología a los estudios de comunicación, que por aquel entonces adolecían de una orientación teórica. “Sus estudios eran multi-método, así que podría decirse que estamos volviendo de nuevo a sus enseñanzas”, concluyó.

Tras un simpático mensaje de vídeo a cargo de Jay G. Blumler (Universidad de Leeds), el propio Kurt Lang, bajo la atenta mirada de su esposa Gladys, agradeció en nombre de los dos el concurridísimo homenaje (poblado de jóvenes académicos que dan prueba de la vigencia de los Lang) y animó a los presentes a seguir su curiosidad. “No teníamos becas, así que tuvimos que pensar”, recordó jocosamente. “La clave es investigar lo que te interesa, sin estar atado necesariamente a ningún método”. Palabra de maestro.

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