jueves, abril 11, 2019

Garicano: el populismo es una reacción a la automatización



“Vivimos tiempos muy extraños: a pesar de que la humanidad está objetivamente mejor que nunca, estamos asistiendo al ascenso de líderes populistas por todas partes”, afirmó este jueves el economista Luis Garicano, cabeza de lista de Ciudadanos a las elecciones europeas del próximo 26 de mayo, en su visita al campus de Getafe de la Universidad Carlos III de Madrid.

Preguntados por cómo ven el futuro, los europeos responden: ‘incierto’, ‘atemorizado’ o ‘ansioso’. No es para menos. Según Garicano, la nueva revolución del cambio en el empleo ya no se limita a sustituir trabajos manuales por intelectuales, sino que la tecnología también empieza a reemplazar a estos últimos.

Si la inteligencia artificial ya es capaz de hacer diagnósticos médicos con tanta o mayor precisión que un profesional de la sanidad, ¿qué no ocurrirá con los conductores de camiones, trenes, autobuses y taxis? Detrás del malestar de las clases medias está, según el cerebro económico de Ciudadanos, la ansiedad ante un futuro que se antoja como letal para todos aquellos que se dediquen a tareas rutinarias susceptibles de ser automatizadas.

De hecho, según recuerda Garicano, la variable que mejor explica la victoria de Trump en las presidenciales norteamericanas de 2016 es el porcentaje de trabajo rutinario en cada condado. El propio lema de campaña del magnate inmobiliario, ‘Make America Great Again’, llamaba a recuperar un pasado idealizado. Algo parecido pedían los Brexiters, reapropiarse del control que supuestamente tenían antes (‘Take Back Control’).

La Unión Europea, identificada socialmente con las ideas de mercado único y libre circulación, es una amenaza para los que quieren volver al pasado de las fronteras. De ahí que Europa esté, a decir del ex profesor de la LSE y la Universidad de Chicago, en el punto de mira de los populismos. Una Europa que “no conduce, sino que es mera pasajera del coche de la nueva revolución industrial”, según el economista.

Para hacer frente a la competencia desleal de China, que no respeta la propiedad intelectual, Garicano propone una nueva Organización Mundial del Comercio en la que se respeten las reglas del juego. Al mismo tiempo, para hacer de Europa una realidad más tangible, el cabeza de lista de Ciudadanos sugiere un ‘Erasmus de mayores’, una especie de Imserso de talla continental que favorezca el intercambio de destinos vacacionales entre los jubilados europeos.

Sobre el Brexit, Garicano cree que Reino Unido está cada día más arrepentido de la decisión de salir de la UE. A las instituciones europeas tampoco les interesa un Brexit duro que acabe por certificar la entrada en recesión del continente. Si la salida de la UE es problemática, mucho más lo sería una hipotética independencia de Cataluña, sugiere. La negativa de Ciudadanos a pactar con el PSOE de Sánchez vendría condicionada por la temeridad del socialista, que habría supeditado su acceso al poder a cambio de ir cediendo parcelas de soberanía a los secesionistas catalanes.

Garicano, que acaba de publicar un libro-manifiesto titulado El contraataque liberal (Península, 2019), confiesa que le cuesta hacer la transición de profesor a político. “El científico siempre duda”, es consciente de la falsibilidad de su conocimiento. Sin embargo, “el político siempre tiene que responder a todo, no puede mostrar dudas”.

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viernes, marzo 15, 2019

Otra manera de contar



El éxito editorial de Fariña (Libros del KO, 2015), de Nacho Carretero, cogió a muchos periodistas gallegos por sorpresa. “Eso ya se sabía”, “¿a qué viene tanto revuelo?”, se preguntaban en las redacciones de la costa atlántica. El libro sobre la historia del narcotráfico gallego llegó a ser secuestrado judicialmente tras la denuncia de uno de los aludidos y se convirtió en una serie de ficción televisiva de gran audiencia. El volumen sigue traduciéndose a varios idiomas y la serie se ha convertido en un fenómeno mundial gracias a su distribución por Netflix.

En una mesa redonda sobre periodismo local organizada el viernes 15 de marzo de 2019 por el profesor y periodista Fernando Varela en la Universidad Carlos III de Madrid, Nacho Carretero, en compañía de Xosé Hermida, redactor jefe de política de El País, afirmó que una de sus principales motivaciones era, precisamente, la de escribir un libro que él echaba de menos en su propia estantería. A imitación de lo que ocurre en Italia, donde Roberto Saviano hizo mundialmente famosa la miseria de la camorra napolitana en Gomorra (2006), en Galicia faltaba alguien que se atreviera con un libro periodístico sobre la miseria local, la del narcotráfico. Y ese alguien fue un joven periodista, tan joven que era un niño cuando la mayor parte de los hechos que cuenta tenían lugar. Quizá ayudado por la distancia del tiempo y la relativa lejanía geográfica de su trabajo en Madrid, Carretero rescató de la hemeroteca nombres y apellidos que todavía despiertan escalofríos y, sobre todo, mucho silencio.

Carretero reconoce que Fariña no contiene ninguna exclusiva informativa, pero su principal innovación reside en la manera de narrar, de construir una adictiva historia a partir de las crónicas periodísticas y de las entrevistas que mantuvo con sus autores y sus protagonistas. Los episodios estaban ahí, sepultados en la hojarasca de la prensa diaria, faltaba el libro que los hiciera inmortales. Carretero pasó el narcotráfico gallego por el tamiz del periodismo narrativo y, de repente, lo local se hizo universal. El clan de los Charlines, las voluntades políticas compradas, los silencios cómplices y la ruina vital de muchos jóvenes y sus familias se manifestaron como un material novelable, digno de película. Como un cúmulo de ejemplos y anécdotas de esa categoría humana, la corrupción.

El recurrente comentario de “eso lo sabe todo el mundo” es, para Xosé Hermida, una de las inercias contra las que debe luchar diariamente el periodista. Fariña llama la atención desde el diseño de su propia portada. El fardo de cocaína se deshace para el lector y el recuento agregado de todas esas historias, su memoria, se convierte en revolucionario: de repente, lo que se daba por cotidiano (casi no hay banquete de primera comunión en la Galicia de los 80 que no contara con tabaco de contrabando para los invitados) se torna extraño y vergonzoso. Los propios gallegos no eran plenamente conscientes de que la cocaína llegó a Europa a través de sus costas. Que los silencios napolitanos tenían una fidelísima réplica en Vilagarcía.

Si bien la distancia geográfica y temporal benefició a Carretero en Fariña, su siguiente libro, En el corredor de la muerte (Espasa, 2018), sobre el español Pablo Ibar, descendiente de vascos condenado por asesinato en Florida, le ha supuesto más conflictos éticos. La historia está viva y la cercanía emocional con el protagonista es mayor. Un dilema moral no muy lejano al que experimentó Truman Capote durante la documentación de su legendaria novela de no-ficción, A sangre fría (1966). Otra historia híper-local, de la América profunda, que pasó desapercibida en la prensa diaria y se hizo universal tras su reinvención en forma de libro.

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