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miércoles, octubre 05, 2016

La UE tras el Brexit: esperando un respiro


Publicado en: La Revista de ACOP, Nº 9 (segunda etapa), octubre de 2016, pp. 26-27.

Cuenta Paulo Rangel, vicepresidente del grupo popular en el Parlamento Europeo, que en sus siete años de eurodiputado nunca se había encontrado con una agenda tan apretada a la vuelta de vacaciones: Brexit, reunión de líderes europeos en Bratislava, sanciones a España y Portugal por incumplimiento del déficit, crisis de los refugiados, relaciones con Turquía… El proyecto europeo ha sufrido muchos baches a lo largo de sus casi 60 años, pero ninguno tan impactante como el de la previsible salida del Reino Unido tras el ajustado referéndum del pasado mayo. Por primera vez, la ‘ever closer union’ de los tratados da marcha atrás y la desintegración es ya una hipótesis posible.

El Reino Unido, no obstante, se hace el remolón. Para el eurodiputado laborista Richard Corbett, conocido europeísta además de notable académico, la renuencia del Gobierno británico a activar el Artículo 50 para dejar la Unión es comprensible. Desde el momento en que se invoque dicho artículo, Gran Bretaña tendrá solo dos años para negociar, y antes tiene que tener clara su posición respecto a un dilema irrenunciable: dejar el Mercado Común Europeo y tener de nuevo una barrera arancelaria con el continente, o permanecer en el Mercado sin posibilidad de influir en su legislación, como hace Noruega.

Deshacer los lazos con la UE no será fácil: Reino Unido tendrá que replantearse su relación con los programas de investigación europeos (Horizonte 2020), la colaboración policial (Europol), el intercambio de estudiantes (Erasmus) y, paradójicamente, tendrá que pensar si recrea a escala nacional la parte de la burocracia técnica que ya estaba comunitarizada, como la vigilancia de la aplicación de regulaciones sobre productos químicos que hasta ahora lleva la European Chemicals Agency. “Lo normal es que un referéndum cese el debate sobre la cuestión en juego, pero en este caso no ha sido así”, afirma Corbett. “Irlanda del Norte y Escocia votaron por quedarse y la web de peticiones del Parlamento ha recibido un número récord de solicitudes para la celebración de un segundo referéndum”. Quizá si los ciudadanos comunitarios residentes en Reino Unido hubiesen tenido derecho a votar en la consulta (derecho que sí tuvieron mozambiqueños o cameruneses por su condición de ciudadanos de la Commonwealth), el resultado habría sido diferente.

Por si fuera poco, el inicio curso político europeo, marcado por el discurso sobre el estado de la Unión pronunciado por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker, ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo a mediados de septiembre, ha coincidido con la gira de presentación del libro El euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa (Taurus, 2016), del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz. Incluso eurodiputados europeístas como el popular Pablo Zalba admiten que el euro no es sostenible en su actual condición, aunque no aventuran, como Stiglitz, su posible partición en dos, con un euro norteño y otro sureño.

A la fractura norte-sur se suma la división este-oeste, con los países de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) manifestando una oposición furibunda a las cuotas de refugiados sugeridas por la Comisión Europea, que ya no serán obligatorias sino voluntarias para no fracturar todavía más la Unión. Mientras tanto, Alemania y Suecia asumen más refugiados que nadie en Europa, si bien son los países en vías de desarrollo los que acogen al 85% de aquellos que buscan asilo fuera de su país, según la eurodiputada liberal sueca Cecilia Wikström.

La primera sesión parlamentaria de septiembre en Estrasburgo se celebró bajo unas temperaturas inusualmente altas para la época del año. Pero no hablemos del cambio climático, porque necesitamos, como la propia Unión, un respiro.

Nota: el autor desea agradecer a la Representación en España de la Comisión Europea su invitación para asistir al debate sobre el estado de la Unión en Estrasburgo, celebrado el 14 de septiembre de 2016.

sábado, septiembre 20, 2014

Paradojas y curiosidades del referéndum escocés

1.- La victoria del no en el referéndum ha sido saludada como una apuesta por la unidad europea. Curiosamente, los escoceses son bastante más europeístas que los ingleses, y de hecho su independencia era una manera de mantener un estado más social, más europeo, que el neoliberalismo pro-yanqui de la city londinense. Cameron ha prometido un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE, y ése sí que es un desafío a la unidad europea. A día de hoy, con los datos demoscópicos disponibles, un referéndum en el Reino Unido sobre la pertenencia a la UE daría como resultado un rotundo no, en gran medida gracias a los ingleses, no a los escoceses.

2.- La victoria del no dista de ser una victoria para la centralidad del estado británico. Bien al contrario, el resultado del referéndum es una llamada irrenunciable a una federalización del Reino Unido. Podría ser el detonante de un parlamento inglés distinto al británico de Westminster, y un apoyo al nacionalismo inglés, harto de derivar recursos a las pobres Escocia y Gales. La fallida regionalización el primer gobierno Blair podría tener una segunda vuelta de la mano de los conservadores. Las regiones inglesas como Yorkshire quieren más autogobierno, pero se oponen a crear más capas de funcionarios porque significaría derivar más recursos para la casta política. Tendrán que resolver este wishful thinking. La regionalización de Inglaterra tendrá que proceder de una manera más natural, teniendo en cuenta los condados históricos, en vez de agrupar regiones a tiralíneas como ocurre en las circunscripciones de las elecciones europeas.

3.- El Reino Unido reconoce a sus componentes como ‘naciones’. Lo lleva en su nombre, es un reino ‘unido’. Como dice Benedict Anderson, el hecho de que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (ése es el nombre completo desde 1921) renuncie a definirse como nación “sugiere que es tanto el legado de estados dinásticos prenacionales del siglo XIX como el precursor de un orden internacionalista del siglo XXI” (2006 [1983]: 2). Reino Unido es un estado "multinacional" del que los ingleses forman parte, según dice Tony Wright en su breve introducción a la política británica (2013 [2003]: 5). En este sentido, el Reino Unido sería análogo a la Unión Europea, y ahí sí que se podría establecer un paralelismo entre la 'unidad en la diversidad' británica y la europea. De hecho, en su discurso tras el referéndum, Cameron habla claramente de “naciones”:

“El pueblo de Escocia ha hablado. El resultado está claro. Ha mantenido unido a nuestro país, formado por cuatro naciones (...) Escocia ha votado por un Parlamento escocés más fuerte, respaldado por el poder y la seguridad que ofrece el Reino Unido, y quiero felicitar a la campaña del No por haber demostrado a la gente que verdaderamente nuestras naciones están mejor juntas.”

Sin embargo, en la Televisión Española un estado multinacional es algo tan extraño que en la traducción de las palabras de Cameron las cuatro naciones pasan a ser una (véase y escúchese con atención el vídeo en la propia web de RTVE). En el caso de España el reconocimiento de Cataluña (o el País Vasco o Galicia) como nación es tabú, de ahí la utilización de términos tan ambiguos como el de “nacionalidades” en la propia Constitución.

4.- El año que viene celebraremos 200 años del Congreso de Viena, que dio lugar al Concierto Europeo, el más claro precedente de la actual Unión Europea. Hace dos siglos, los incipientes estados nación recurrían al apoyo de sus colegas europeos para solidificar sus propios estados. Quizá la Unión Europea, que oscila entre convertirse en una federación de 300 regiones y una confederación de una treintena de estados, esté revelando su querencia hacia el segundo modelo. El deseo de los nacionalistas escoceses y catalanes es el de ser una nación dentro de una federación europea con un centro en Bruselas en lugar de Londres o Madrid. Pero ha triunfado la poliarquía y el equilibrio de poderes del Concierto Europeo, al menos por ahora. Como si la unidad en la diversidad europea tuviese que probarse antes dentro de sus propios estados miembros.

5.- Decía Gerald Brenan (al que sí podríamos definir como británico, pues nació en Malta cuando ésta era parte del Imperio) en su libro sobre la Guerra Civil española que la condición normal de España es la de “una colección de repúblicas pequeñas, mutuamente hostiles o indiferentes que se sostienen unidas en una débil federación” (2003 [1943]: xv). Todo régimen republicano en España, según Brenan, “tiende ante la presión de los acontecimientos a devenir en federal y, cuanto más lejos llega su programa federal, más débil se vuelve, porque ha desprendido su poder hacia las provincias” (2003 [1943]: xviii). Curiosamente, Brenan veía en España una Europa en miniatura, comparando los intentos de unidad españoles con los europeos.

¿Qué conclusiones podemos sacar del reféndum escocés para el futuro de Europa? Dice Jan Zielonka, uno de los grandes teóricos de la integración europea, que la Unión Europea está condenada a desaparecer tal y como la conocemos. Será reemplazada por otra Europa que estará liderada por ciudades, incluso regiones, y no por estados-nación. Desaparecido el estado-nación, ¿quién ejercerá la labor de redistribución para evitar la caída en desgracia de los lugares alejados de las metrópolis? Sin duda, hará falta algo más que una ampliación de los fondos FEDER de solidaridad intraeuropea. El viejo orden se muere, que diría Gramsci. Y mientras no nace el nuevo, veremos monstruos. Quizá más de algún estado sea ya zombie sin saberlo.

Referencias:
  • Anderson, B. (2006 [1983]). Imagined communities. London and New York: Verso.
  • Brenan, G. (2003 [1943]). The Spanish labyrinth: The social and political background of the Spanish Civil War. Cambridge and New York: Cambridge University Press.
  • Wright, A. (2013 [2003]). British politics: A very short introduction. Oxford and New York: Oxford University Press.

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jueves, abril 10, 2014

La esfera pública europea, a debate en Texas

El Center for European Studies de la Universidad de Texas en Austin acoge estos días (10-11 de abril de 2014) la celebración de un seminario sobre la esfera pública europea. En él participan destacados investigadores europeos (Claes de Vreese y François Heinderyckx, entre otros, incluyendo al español José María García de Madariaga, de la Universidad Rey Juan Carlos). A continuación reproducimos el programa del encuentro:

European Public Sphere: Understanding the Role of Mass Media and Interpersonal Discussion in Shaping Today's European Citizenship
April 10-11, 2014, Belo Media Center (BMC) 5.102


Thursday, April 10th

9:00 a.m.  Welcome and Introduction
Homero Gil de Zúñiga, University of Texas – Austin, Associate Professor & Director Digital Media Research Program at The Annette Strauss Institute for Civic Life
Glenn Frankel, University of Texas – Austin, G.B. Dealey Regents Professor & Director School of Journalism
Stephen Reese, University of Texas – Austin, Jesse H. Jones Professor & Associate Dean for Academic Affairs

Session 1 (9 a.m. – 12 p.m.)
"Media and Interpersonal Discussion in the European Public Sphere"
9:00 a.m.  
François Heinderyckx, Université Libre de Bruxelles
News media in the EU: Missed Opportunities in Fostering a European Public Sphere
10:00 a.m.  
Karolina Koc-Michalska, SciencesCom & Chris Wells, University of Wisconsin – Madison
Encountering difference in communication events:the occurrence and impact of cross-cutting opinion in talk, mass media, and Web use
11:00 p.m.  
Claes de Vreese, University of Amsterdam
Messages and Talking: Effects of Media and Interpersonal Communication on EU Evaluations
12:00 p.m.
Lunch Break

Session 2 (1 p.m. – 4 p.m.)
"Learning About European Politics in a Comparative Context"
1:00 p.m.
Jörg Matthes, University of Vienna
The Determinants of Political Discussion in Europe: A Six-Country Study
2:00 p.m.              
Carlos Muriel, Salvador Alvídrez, Nilsa Téllez, Alondra Salazar, Ana Sáenz, Daniel Alvarado, and Mary Martínez, Universidad Autónoma de Nuevo Leon
Effects of Digital Media on Citizens’ Opinions: Framing the YPF’s Oil Company Conflict between Spain and Argentina

Friday, April 11th

Session 3 (9 a.m. – 1 p.m.)
"New Approaches to European Citizenship"
9:00 a.m.
Jacob Groshek, Boston University
Anti-austerity in the Eurocrisis: Modeling Protest Movements Through Online-Mobile-Social Media Use and Content
10:00 a.m.
Thomas Johnson1, Rachel Mourao1, Stephanie Geise2, & Joseph Yoo1, University of Texas – Austin1 Universität Erfurt2
Is the EU Suffering a Democratic Deficit? The Interplay between Media Preference, Economic Perception and Support for Democracy in the European Union
11:00 p.m.
José María García de Madariaga, Universidad Rey Juan Carlos
Life Beyond Conventional Means: Promises and Perils of Journalism in Spain
12:00 p.m.
Dhavan Shah1, Alexander Hanna1, Chris Wells1, Peter Maurer2, Lewis Friedland1, & Jörg Matthes2,  University of Wisconsin – Madison1 University of Vienna2
Debates as Moments of National Conversation and Polarization Online: A Computational Approach to Understanding the French and U.S. Presidential Elections

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martes, febrero 18, 2014

Comunicación política en Europa: Primeras reseñas del libro

Agradezco enormemente a los profesores Juan Luis Manfredi Sánchez, Antonio Fernández Vicente y Robin Brown sus recensiones críticas de mi libro Political communication in Europe: The cultural and structural limits of the European public sphere (Palgrave Macmillan, 2013):


Un resumen del libro puede leerse en el blog de la LSE sobre el tratamiento periodístico de la presente crisis europea.

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martes, enero 21, 2014

Cita en París: Las elecciones europeas, en perspectiva comparada




Como ya viene siendo tradición desde las elecciones europeas de 2004, el profesor Philippe J. Maarek convoca a los investigadores en comunicación política para un primer análisis comparativo sobre los próximos comicios continentales (a celebrar del 22 al 25 de mayo de 2014). La cita académica será en París un mes después, del 27 al 28 de junio de 2014, en el Centre d'Etudes Comparées en Communication Politique et Publique (Ceccopop), bajo el título “Political Communication for the 2014 European Parliamentary Elections: Which Europe for the Europeans?

Los interesados en presentar una comunicación deben enviar un resumen de su propuesta (de entre 200 y 500 palabras) y un currículum de una página a maarek@u-pec.fr antes del 22 de febrero de 2014.

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martes, noviembre 26, 2013

Ucrania al rescate de la UE



Mientras escribo estas líneas, hay un lugar en Europa donde los jóvenes enarbolan la bandera de la Unión. Un lugar donde se sale a la calle en masa clamando por una mayor integración con los países vecinos al oeste del continente. Un lugar donde la bandera de las doce estrellas significa progreso, libertad, oportunidad y futuro. No son estudiantes azuzados por un cátedro Jean Monnet. No tienen subvenciones de Bruselas. Tampoco aspiran a entrar en el ‘blue book’ de la Comisión Europea para ser becarios en los laberintos del Berlaymont.

Para los ucranianos que estos días reeditan la revolución naranja con el color azul, la UE de hoy en día representa lo que para los españoles era la CEE en los años 70: un espacio de libertad, el lugar del que uno quiere formar parte para superar las limitaciones y rémoras patrias. Una lástima que, en realidad, la ciudadanía europea a la que quieren acercarse sea, en la práctica, confederal y privada: en primer lugar, la europeidad se alcanza a través de la nacionalidad en un estado miembro y, en segundo lugar, la ciudadanía europea no es una llamada a la vida pública, sino una invitación a una vida privada de negocio, educación y ocio. El sueño europeo se marchita cuando uno se percata de que no existe una carrera política europea como tal (hay que pactar antes con los diablos nacionales, que establecen sus cuotas de poder) y cuando uno pasa del estado de tránsito al estado de residente. Es ahí cuando uno se da cuenta de lo mucho conseguido y lo muchísimo que queda por hacer.

Pero no les quitemos la ilusión a nuestros vecinos ucranianos. Deben ser los únicos que se emocionan al ver la bandera europea. Los únicos que la sacan a la calle sin mediar subvención comunitaria. Los únicos para los que Europa representa algo más que burocracia, tecnocracia y frígida distancia. En su sueño está la realidad a la que todos aspiramos.

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lunes, agosto 26, 2013

Cita en Bilbao: La legitimidad de la UE a examen

El 2 y 3 de septiembre el Bizkaia Aretoa (Paraninfo de Bizkaia) acogerá la celebración del congreso internacional “Europa después de la crisis del euro: legitimidad, democracia y justicia”, organizado por el Instituto de Gobernanza Democrática ‘Globernance’. Para los estudiosos de la comunicación política europea resulta de particular interés la presencia de dos académicos de renombre:

  • Kalypso Nicolaidis, directora del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Oxford. Nicolaidis ha acuñado el término “demoicracy” para referirse a la pluralidad de demoi en una democracia europea. Un concepto que la politóloga Chantal Mouffe reconoce como intelectualmente atractivo.
  • Philippe C. Schmitter, profesor del Instituto de Estudios Europeos de Florencia. Schmitter ha sido durante décadas una referencia insoslayable para el estudio de la Unión Europea, primero como máximo exégeta del neo-funcionalismo (la teoría que explica la integración tecnocrática y paulatina de Europa) y luego como uno de los comentaristas más cualificados del llamado “déficit democrático” de la UE.

Oficiará como maestro de ceremonias el reconocido académico Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política y social, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática.

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viernes, mayo 31, 2013

Buscando al candidato europeo



Queda menos de un año para las próximas elecciones europeas. Se han adelantado de junio a mayo de 2014 para evitar que coincidan con la celebración del Pentecostés (festivo en algunos países de la Unión) y con las vacaciones playeras. Todo vale para incrementar una participación electoral que ha ido menguando a medida que se le concedían más competencias al Parlamento Europeo, con sedes en Bruselas y Estrasburgo. El proyecto europeo sigue adelante cuando es distante y elitista, y se da de bruces contra el suelo cuando intenta ser cercano y popular. Aún así, el próximo año se quiere poner en práctica un experimento de inducción institucional para favorecer la celebración de unas elecciones auténticamente europeas: los partidos nacionales indicarán su filiación a su homólogo pan-europeo y cada una de las familias (socialdemócratas, cristiano-demócratas, liberales, verdes, etc.) apoyará explícitamente a un candidato pan-europeo que aspirará a ocupar la presidencia de la Comisión Europea.

Los socialdemócratas ya han dejado caer el nombre del alemán Martin Schulz, actual presidente de la Eurocámara, como posible cabeza de su lista. Una lástima que no sea Helle Thorning-Schmidt, primera ministra danesa y una de las pocas razones por las que vale la pena prestar atención a las photo-calls de las soporíferas reuniones del Consejo Europeo.

El pasado mes de abril tuve la oportunidad de dar una clase sobre actualidad europea a los alumnos de un máster en Educación Cívica de la Universidad del Danubio en Krems, cerca de Viena. Les propuse dos ejercicios: dibujar el cartel electoral de ese candidato pan-europeo, y esbozar la portada de una revista pan-europea a la que bautizamos provisionalmente como Der Spiegel Europe. Los resultados fueron muy elocuentes.

Los carteles electorales se dividían en dos categorías: candidatos cosmopolitas y multilingües y candidatos ciborg.

Entre los primeros, mis alumnos austríacos proponían a Maria Vassilakou, concejala de Urbanismo en el Ayuntamiento de Viena. Su origen griego y su exitosa integración en el panorama político austriaco era para ellos la evidencia de que la unión de la Europa del sur y del norte es posible. También salió a la palestra el nombre de Karel Schwarzenberg, ministro de Asuntos Exteriores de la República Checa pero conocidísimo en Austria (donde vivió 40 años) por su pertenencia al linaje de los Habsburgo, antaño cabeza de un imperio multi-nacional.

Los candidatos-ciborg tenían todos algo de Margaret Thatcher, lo que supongo es una reclamación subliminal de los atributos ajenos a todo lo relacionado con EUropa: carisma y capacidad de decisión.

Los contenidos de la revista pan-europea eran casi todos económicos, lo que de nuevo revela otra condición de la Unión Europea: su identificación casi exclusiva con la economía. Mis alumnos no encontraban ninguna figura de un supuesto star-system europeo para aligerar los contenidos de una revista que ni los propios Eurominati serían capaces de leer sin bostezar.

Fue una clase sumamente productiva, porque nos indicó (a ellos y a mí) lo lejos que estamos de una Europa políticamente ‘normal’. No obstante, durante el ejercicio me dí cuenta de un rasgo que compartimos los europeos: llorar y emocionarnos ante la presencia de una bandera no es algo que envidiemos. “No creo que sea bueno ni deseable llegar a sentir lo que sienten los americanos por su bandera”, dijo de uno de los alumnos ante el asentimiento de sus compañeros. Lo que me recordó una de las observaciones del filósofo Bernard-Henri Lévy cuando se dispuso a seguir los pasos de Tocqueville para la revista The Atlantic:

“A thing which impressed me there, at the beginning, was the flood of American flags. Everywhere American flags. On the windows, on the shops, on the jackets, on the bicycles, on the cars. I am coming from a country where you never see a flag. I come from a country where to love the flag, or to feel an emotion in front of the flag, is considered as proof that you are a cuckoo and an idiot. And I arrived in a country where there are flags everywhere. My hypothesis is that it has something to do with the fragility of being a nation in this huge space of fifty states. People come from everywhere. The greatness of America is that being a nation has nothing to do with the evidence of the body. It has nothing to do even with the fact of having common roots in common ground. It has to do with an idea. It has to do with contracts. It is to want to be an American. We are not born American, we become American, and this creates a sort of uncertainness, a sort of fragility. Compensation for that is this extreme exhibition of the flag.”

Las elecciones europeas, como el propio euro, son la superposición de un sueño federal sobre una realidad que es, como mucho, una confederación. La elección ‘popular’ del presidente de la Comisión Europea es el enésimo intento de crear, a través de inducción institucional, a los europeos. También es otra ocasión, quizá de las últimas, para revivir la UE mediante aquello que es tan extraño a su ADN: lo explícito y lo popular.

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viernes, mayo 24, 2013

Kratos sin demos: Daniel Hannan en Madrid

El eurodiputado conservador Daniel Hannan, líder intelectual del euroescepticismo británico, estará en Madrid el viernes 31 de mayo para asistir a un almuerzo-coloquio con los antiguos alumnos de la escuela de negocios INSEAD. Hannan defiende la necesaria conexión entre democracia y nación, y entiende que la Unión Europea tiene poder (kratos) pero no un pueblo (demos) que se identifique con un ‘nosotros’ europeo, haciendo imposible una democracia a escala europea.

El Partido Conservador británico no ha hecho más que seguir la pauta avanzada por este joven político de atractiva oratoria. Para entender el euroescepticismo británico del siglo XXI no hay que escuchar a David Cameron, sino a Daniel Hannan, su verdadero ideólogo. En su libro-manifiesto, A Doomed Marriage: Britain and Europe (Notting Hill Editions, 2012) se opone a la idea de una federación europea y defiende una Europa de las Naciones (queda por saber si dicha Europa incluiría a las pequeñas naciones independizadas –ej. Cataluña o Escocia– o si se establecería un ‘umbral de viabilidad’ ponderando el tamaño de las naciones-estado, como proponían los primeros liberales).

Atrás quedaron los años de los británicos europeístas como el laborista David Marquand, que también publicaba hace poco un tratado de tono elegíaco, The End of the West: The Once and Future Europe (Princeton, 2011). Claro que Hannan no admite que se le defina como anti-europeísta, ya que para él el verdadero europeísmo consiste en la diversidad cultural y en la soberanía nacional.

A un año de las elecciones europeas de 2014, Richard Rose, profesor de la Universidad de Strathclyde en Glasgow, promete una visión equilibrada de las virtudes y fallas del proyecto europeo en su nuevo libro Representing Europeans: A pragmatic approach (Oxford, 2013). Dice que su obra disgustará por igual a federalistas y a euroescépticos. Ya tenemos lectura intelectual para el verano.

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lunes, noviembre 19, 2012

Por unos medios más plurales y transparentes: Cita en Madrid

Este viernes, 23 de noviembre de 2012, se presentarán en Madrid los resultados del proyecto de investigación europeo MEDIADEM, cuyo objetivo es identificar las políticas que pueden favorecer el desarrollo de medios de comunicación libres e independientes en los países del continente. El simposio tendrá lugar en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Plaza de la Marina Española, 9) de 11.30 a 14 horas y se centrará en las siete recomendaciones que los investigadores harán a la Comisión Europea (financiadora a su vez del proyecto a través del Séptimo Programa Marco) para el desarrollo de la libertad de información en España:

  1. La mejora de la calidad del marco legal: mejores instrumentos adaptados a la sociedad digital y más transparencia en el proceso del desarrollo normativo.
  2. La creación de un único órgano de supervisión de las actividades de los medios (desde la economía a la diversidad y la pluralidad).
  3. La profesionalización de la gestión de los medios públicos de comunicación: auténticos órganos profesionales, buen gobierno corporativo e independencia de los servicios informativos.
  4. El incremento de la participación social en los medios públicos y en las instituciones.
  5. El fomento del buen gobierno corporativo en las empresas periodísticas.
  6. El apoyo a la reestructuración industrial del sector y el fomento del periodismo emprendedor.
  7. La promoción de la neutralidad de la red, la liberalización de los servicios digitales y la creación de una oficina de alto nivel en materia de tecnología.

El acto de presentación comenzará a las 11.30hs. con las intervenciones de Emilio Guichot (Universidad de Sevilla) y Ana Azurmendi (Universidad de Navarra), que explicarán la situación del marco legal actual de los medios en España y las posibles vías de desarrollo regulatorio. A continuación, a las 12.30 hs., Guillermo López (Universidad de Valencia) y Aurelio Martín (vicepresidente de FAPE) abordarán la situación profesional del periodista español, indagando en las oportunidades que ofrece el periodismo emprendedor. Finalizará Juan Luis Manfredi, investigador responsable del proyecto MEDIADEM en España, quien presentará a las 13.30hs. las propuestas arriba referidas. Clausurará el acto Susana de la Sierra, actual directora general del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA) y anterior responsable del proyecto de investigación entre 2010 y 2011.

El acto está abierto al público, pero se recomienda registro previo en la dirección juan.manfredi[@]uclm.es para facilitar el acceso al Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

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domingo, octubre 14, 2012

Unión Europea: Pacífica… y apolítica



La concesión del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea es, como reza el editorial de Le Monde del 13 de octubre, “ampliamente merecida”. Pero la paz vino a cambio de la despolitización. La Unión Europea nos libró de la guerra, pero a cambio nos libró también de la política. De hecho, la famosa declaración Schuman no fue un acto constituyente fruto de una revolución popular, sino todo lo contrario: la declaración de intenciones de un proyecto de despotismo ilustrado, fundamentado en la paulatina y supuestamente inevitable integración funcional de sectores económicos. No podía ser de otra manera, pues ésa era la mejor solución para la aporía europea: la de integrar a un continente que no es (al menos todavía) un pueblo.

Tienen razón los que dicen que la Unión Europea es un proyecto único, sin precedentes en la historia. Es, de hecho, el ensayo de una federación mundial, imposible de realizar mientras el mundo humano sea político (fundamentado en identidades y en conflicto), o mientras el mundo sea un pluriverso y no un universo. Esta es la razón por la cual la Unión Europea no es ni será jamás popular, porque no apela al colectivo sino al individuo. En este sentido, es un proyecto puramente liberal: tiene por objetivo crear un espacio de libre comercio y vida privada. La UE tiene dificultades para levantar pasiones porque no se define como colectivo (¿por qué no integrar a Turquía? ¿e Israel? Y ya puestos, ¿por qué no a Japón?). Al no saber lo que es, tampoco es capaz de definir al otro, al enemigo. Se niega, porque no quiere adherirse a las categorías de un mundo dividido por identidades colectivas. La Unión Europea es el proyecto del individuo en cuanto a ser humano, no en cuanto a nacional europeo. La UE es la cristalización política del cosmopolitismo, con todos sus correlatos: belleza etérea y frígida. Amar a la UE es querer a la novia mecánica.

Durante décadas, los europeístas se han empeñado en decir que la Unión adolece de un problema de comunicación. Si los periodistas informasen más y mejor, y si los líderes nacionales ejerciesen una labor pedagógica sobre lo que es la UE, las gentes de Europa sabrían apreciar la Unión y participarían más. Diagnóstico equivocado. El problema de la UE no es de comunicación, sino cultural y estructural. Los europeístas deben asumir, o por lo menos debatir, las siguientes provocaciones:

1.- La democracia de masas está íntimamente ligada al nacionalismo. Para que los europeos aceptemos decisiones redistributivas sin que chirríe el sistema, necesitamos una identidad común. De lo contrario, ocurrirá lo que estamos viendo: los periféricos tildarán a Merkel de nazi, y los alemanes querrán cerrarle el grifo a los vagos del sur. El nacionalismo tiene un doble filo: por una parte, se fundamenta en una ficción de homogeneidad, que a menudo se consigue mediante guerras, deportaciones y genocidios. Por la otra, permite la democracia de masas al crear una comunidad de solidaridad. La creación de esa homogeneidad es un proceso muy sucio (véase Turquía), pero una vez conseguida se puede establecer una democracia de masas. No hay nada más anti-nacionalista y, por lo tanto, anti-democrático (en el sentido de un pueblo, demos, que detentaría el poder, el kratos) que la UE. Y no es ningún escándalo que así sea: no hay otra solución para integrar tal diversidad. Mientras no exista nación europea, es peligroso jugar a la democracia a escala europea. Intuitivamente, los padres fundadores lo sabían, de ahí que optasen por un programa funcionalista, de integración sectorial. Como el gobierno de élites carecía de legitimidad popular, a mediados de los 60 los gobiernos nacionales entraron 'a saco' en las Comunidades Europeas, dando forma a la confederación que tenemos hoy en día, con el Consejo Europeo al frente de la nave. La creación de un Parlamento Europeo calmó a los federalistas, pero debido a ese déficit cultural (Europa no es una nación), todavía carecemos de una misma normativa electoral para las elecciones europeas, no existen partidos europeos (salvo en el papel) y las elecciones europeas no determinan un cambio de gobierno (¿estaríamos dispuestos a elegir entre un candidato conservador de Estonia y uno socialista de Rumanía?). La baja participación electoral en las europeas no es fruto de la ignorancia de los europeos, sino una actitud plenamente racional.

2.- El interés europeo se defiende mejor en secreto. Al no existir una identidad europea, la tan lamentada falta de transparencia de las instituciones europeas es, paradójicamente, la mejor manera de defender un interés europeo. Mientras no exista una opinión pública europea, airear las concesiones que unos gobiernos hacen para obtener una ventaja en una futura negociación no tendría sentido, ya que paralizaría la maquinaria institucional. Los gobiernos nacionales necesitan el secreto para poder traicionar temporalmente a su propio pueblo, que se verá beneficiado por una futura concesión que no se puede revelar en el momento de la aparente traición. Existe, por lo tanto, un interés poco confesable para mantener el secreto en el gobierno de la UE. Hay otras dos fuentes extra de secreto además de la proveniente del equilibrio de los intereses nacionales: la planificación tecnocrática y la ‘gobernanza’ corporativa. La planificación tecnocrática de la Comisión Europea podría definirse, a grandes rasgos, como una benigna conspiración. Si no fuese por el despotismo ilustrado europeo, España jamás disfrutaría de la legislación ambiental actual. De hecho, muchos gobiernos locales solo acceden a construir depuradoras de residuos ante la amenaza de una multa europea. Sin embargo, el aislamiento del control popular ha devenido en un exceso de gasto en infraestructuras, sobre todo en los países del sur europeo, como España. Los gastos están perfectamente auditados, pero nadie se pregunta por qué o quién decidió tal gasto. Y, gracias al principio de subsidiaridad, no tenemos a ningún representante europeo cortando las cintas de las inauguraciones financiadas a un 80% por los fondos FEDER. La ‘gobernanza’ es el sinónimo amable del viejo ‘corporativismo’, mediante el cual la sociedad civil organizada co-legisla con el gobierno. En el caso europeo, como no tenemos un pueblo europeo detrás, la Unión Europea llega a la sociedad civil organizada, pero no a la sociedad en general, inorgánica, sin línea directa con Bruselas.

Estas reflexiones no deberían conducir a la rasgadura de vestiduras. Europa es anterior al concepto de nación y a la democracia de masas. De ahí que se dotase de unas instituciones sui géneris, como pedía el insigne diplomático Salvador de Madariaga. Por cierto: aunque su busto adorna la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Madariaga no creía en un Parlamento Europeo porque no creía en la idea de una nación europea.

No hay nada malo, todo lo contrario, en desear una democracia a escala europea. Los ‘Eurominati’, los que están conectados de alguna manera a la maquinaria EUropea, junto con los estudiantes Erasmus, son los primeros en poseer lo más parecido a una identidad europea que haría esa democracia continental posible. Pero deben afinar en el diagnóstico, deben ser conscientes de los condicionantes estructurales y culturales de la UE, en lugar de echarle la culpa a los periodistas o a los líderes nacionales. Europa no necesita una artillería propagandística mejor organizada, sino reflexionar sobre la íntima relación entre democracia de masas y nacionalismo. También necesita reconocer los incentivos anti-populares de las propias instituciones europeas. Allí donde no hay una identidad que apoye decisiones redistributivas, el secreto y la tecnocracia son necesarios, imprescindibles para el gobierno de una comunidad que no es una nación. Suena feo… pero es así. ¿O no?

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martes, julio 17, 2012

Europa se ve a sí misma con ojos ingleses

Reino Unido es el único país de la Unión Europea en el que hemos visto a clientes de un banco (Northern Rock) formar interminables colas para retirar su dinero de una institución financiera quebrada. La prensa inglesa espera con alegría la posibilidad de un corralito en España como primer paso hacia la implosión del euro, pero es en la Pérfida Albión donde los cajeros de NatWest, RBS y Ulster Bank estuvieron una semana en junio de 2012 sin dar billetes ni permitir transacciones a sus usuarios. Sin embargo, algunos líderes de opinión del continente siguen envidiando la soberanía monetaria del Reino Unido. ¿Por qué?

No cabe duda de que Londres es una ciudad cosmopolita sin parangón, y que las islas británicas son uno de los mercados más abiertos del mundo. De hecho, el Reino Unido ha sido una de las principales fuerzas detrás de la liberalización de mercados europeos y la creación de un mercado único europeo. Pero el Reino Unido no está exento de problemas, y el tono dogmático y doctrinal de su prensa para con el resto del continente no se justifica en la mayoría de las ocasiones. El papel del inglés como lengua franca tiene algo que ver en la incapacidad de los europeos para verse a sí mismos con ojos propios. Europa se ve a sí misma con ojos ingleses. Los europeos más cosmopolitas, los que tendrían un interés mayor en tener una visión de conjunto, dependen de agencias como Reuters o Bloomberg, o de publicaciones como The Economist, The Financial Times, The International Herald Tribune o The Wall Street Journal, para formar su criterio. El único contrapeso lo ofrecen la versión online de la revista alemana Der Spiegel, el agregador de noticias y comentarios Presseurop y la curiosa alianza de seis cabeceras europeas (en la que participa El País) para tratar los asuntos europeos desde una perspectiva continental.

Jörg Asmussen, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, se quejaba recientemente de la excesiva influencia del ‘commentariat’ anglosajón en los mercados y en la opinión pública (y publicada) europea. En su queja hay bastante de auto-justificación (un gobernante siempre desea que la prensa cante sus glorias y oculte sus miserias) pero también parte de razón. Aunque las decisiones de carácter europeo se toman en Bruselas y en Fráncfort, los europeos siguen enterándose de ellas a través de Londres y Nueva York. La lejanía periodística de las instituciones es a veces una distancia higiénica. Verse a uno mismo con ojos de otro es, en ocasiones, terapéutico. Pero verse constantemente a uno mismo con ojos de otro es también alienante. Europa haría bien en seguir el viejo aforismo griego: “Conócete a tí mismo” (γνῶθι σαυτόν). O, por decirlo en inglés, “Know thyself”.

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lunes, junio 25, 2012

La aporía europea

El nacionalismo nos ha legado una visión del mundo engañosa. Al menos en lo que respecta a Europa, un continente que es pre-nacional y cuyas raíces pre-nacionales escapan a los esquemas del estado-nación. La gran virtud del nacionalismo es dotar a una comunidad de una identidad colectiva y una solidaridad que hacen posible la democracia de masas. Su contrapartida es la homogeneidad necesaria para crear esa ilusión de comunidad, homogeneidad que en muchos casos se ha conseguido gracias a genocidios, deportaciones y persecuciones. La historia de la democracia de masas está manchada de sangre, como relata Michael Mann en su reciente pero ya clásico libro The dark side of democracy (Cambridge, 2005).

Para entender la idea contemporánea de Europa es necesario comprender la vocación universalista de la Iglesia Católica. No es casualidad que los padres fundadores de lo que hoy es la Unión Europea fuesen devotos católicos, como tampoco es casualidad que los auténticos europeos hayan sido siempre una élite: ayer era la élite eclesiástica que sabía latín, hoy es la élite de los ‘Eurominati’, los que entienden y saben sacarle partido a la Unión Europea, bien sean sindicalistas, agro-businessmen, abogados o profesores universitarios. La imposibilidad europea de crear una identidad continental tiene mucho que ver con las raíces católicas de la idea contemporánea de Europa: el catolicismo es universal, no particularista; Europa es cosmopolita, no nacionalista.

Cuando allá por el siglo XII Europa occidental opta por dejar de lado la idea de imperio político y convertirse en unión espiritual (léase el injustamente olvidado libro de Donald Matthew The medieval European community, Batsford, 1977), el continente opta por no ser una unión política homogénea y mantener su diversidad. De ahí que Europa case tan mal dentro de los designios del nacionalismo. Sus regiones y ciudades son anteriores a la idea de nación. Y dada la íntima relación entre nacionalismo y democracia de masas, toda unión europea jamás será una unión democrática, porque nunca habrá una nación europea. Esta es la aporía europea, y ésa es la razón por la cual la interdependencia del continente tiene siempre que dilucidarse a través de la tecnocracia o los consensos del llamado ‘directorio europeo’, una curiosa pero no casual resurrección del Concierto Europeo que consiguió afianzar los estados europeos contemporáneos (véase el libro de Jacques-Alain de Sedouy Le concert européen : Aux origines de l'Europe (1814-1914), Fayard, 2009).

Europa casa mal con la idea de nación, y por lo tanto casa mal con su correlato político, la democracia de masas. Sin embargo, Europa casa bien con la idea de universalismo y con su correlato político, el liberalismo. Curiosamente, aunque nacionalismo y liberalismo son teleológicamente divergentes (el primero tiene como fin la comunidad y es particularista, el segundo se ocupa del individuo y es universalista), hubo un momento en que el liberalismo necesitó del nacionalismo para hacer realidad su proyecto político. Para tratar al ciudadano como individuo libre e igual a sus congéneres, el liberalismo hubo de fomentar la idea de una nación que igualase a todos los individuos y los despojase de sus particularlismos de residencia, clase social y género. El trato como ciudadano quedó condicionado a la aceptación de ser español, francés o portugués. Sin embargo, Europa, como la Iglesia Católica, apela al individuo a través de su condición de ser humano o ciudadano del mundo. Para ello, Europa y la Iglesia Católica renuncian a inmiscuirse en la Ciudad del Hombre y apelan al individuo para que piense en sí mismo como integrante de la Ciudad de Dios.

Europa rompe los esquemas. De ahí que sea tan difícil de interpretar a los ojos del nacionalismo, que nos ha legado la mirada con la que hoy vemos el mundo. Pero Europa es más antigua y más rica, también por ello más compleja. Quizá necesitemos una nación Europea para tener una Europa democrática. Pero eso sería lo más anti-europeo. De ahí la aporía europea.

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lunes, febrero 06, 2012

La insoportable levedad del soberano europeo

Michael Ignatieff, el intelectual que algún día pudo presidir Canadá, ha vuelto a su hábitat natural, la academia. Y lo ha hecho con un artículo periodístico de máxima actualidad, tratando de responder a una serie de preguntas acuciantes: ¿Quién es el ‘soberano’ en estos tiempos en los que la máxima autoridad parece ser la mano invisible de los mercados? ¿Acaso esta Gran Recesión no ha puesto en evidencia que los únicos soberanos dotados de legitimidad popular –los Estados– habían aceptado, tácitamente, la idea de la auto-regulación natural de los mercados? ¿No son los rescates de los grandes bancos y aseguradoras –financiados en última instancia por el pagador de impuestos– una irónica reivindicación de un soberano político que, a diferencia de los mercados, está limitado por el territorio y la identidad?

Si hay algún lugar del mundo en el que el soberano está missing es, sin lugar a dudas, Europa. ¿Quién manda? Y, quienquiera que mande, ¿tiene legitimidad popular? El euro ha unido los destinos de un continente que no se ve a sí mismo como una nación, de ahí que el soberano europeo –carente de legitimidad popular– no pueda actuar con autoridad. El estado de Europa es el peor de los estados, a decir de Ignatieff: “soberanía sin poder e integración si legitimidad.”

Por su parte, Charlemagne advierte desde su columna en The Economist de la ausencia de legitimidad popular para aprobar la regla de oro del equilibrio presupuestario inducida por Alemania. Se trata del primer gran paso hacia una especie de constitucionalismo fiscal en Europa, en el que el poder federal (y no sus estados miembros) sería el único con capacidad de endeudarse. De nuevo, la ausencia de una nación europea requiere que las élites nacionales actúen por el bien de los ciudadanos sin los ciudadanos, de ahí la reciente reforma constitucional española, operada con urgencia y nocturnidad.

Europa va más rápido que los europeos. ¿Creará la institución a la nación? ¿Estamos ante la dura batalla por la consolidación del esqueleto que dará consistencia al cuerpo político europeo?

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jueves, enero 26, 2012

El proyecto Europa: ¿Adiós al inglés?

 
Esto es un español, un polaco, un francés, un italiano, un alemán y un británico que se juntan y… Podría ser el comienzo de un chiste sobre estereotipos nacionales europeos, pero es en realidad un proyecto de seis periódicos líderes en sus respectivos mercados para publicar un suplemento de opinión y reportajes sobre asuntos europeos (en el que, curiosamente, se incluye un reportaje sobre los estereotipos nacionales). “Europa”, un cuaderno de 24 páginas, se publicaba hoy adjunto a El País, Gazeta Wyborcza, Le Monde, La Stampa, Süddeutsche Zeitung y The Guardian, sin anunciar claramente su periodicidad: ¿mensual? ¿ocasional? Es, en cualquier caso, lo más parecido a la operacionalización de una esfera pública europea. Y, curiosamente, es una apuesta multilingüe, lo que representa una alternativa a la sección en inglés que iniciarion (exclusivamente online) Der Spiegel (semanario alemán), NRC Handelsblad (diario holandés, reemplazado por el agregador Presseurop.eu tras cerrar en junio de 2010 su servicio internacional), Politiken (diario danés) y Corriere de la Sera (diario italiano).

En una columna sobre la red paneuropea capitaneada por Der Spiegel, Charlemagne, el articulista de asuntos europeos de The Economist, sostenía que la penetración del inglés entre los jóvenes europeos (un 60% de ellos lo hablaría “bien o muy bien”, según este autor) permitiría una esfera pública europea online angloparlante. Sin hacerle ascos a la red, el nuevo proyecto Europa nace en formato impreso y deja a un lado el inglés como lengua franca para apostar por la traducción, que según el filósofo francés Étienne Balibar es el verdadero idioma de Europa. Quizá porque, como dice el semiólogo Umberto Eco en el propio suplemento, “Europa no será nunca los Estados Unidos de Europa, un solo país con una sola lengua como los Estados Unidos de América. Aquí tenemos demasiadas lenguas y culturas. Este suplemento es meritorio precisamente porque un periódico único europeo, por ahora, es una utopía”.

A continuación reproducimos las portadas de los diarios participantes en el suplemento.








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martes, enero 03, 2012

Majone: “El final del euro no sería el final de Europa”

 Crédito de la imagen: Euroacademia.eu


Profesor emérito del Instituto Universitario Europeo de Florencia, Giandomenico Majone es uno de los autores clave de la teoría de la integración europea. Se le encuadra, junto a Andrew Moravcsik, en la escuela intergubernamental (la que explica la unidad europea según el interés consciente de sus estados miembros), aunque él se ha forjado su propia escuela, la ‘regulatoria’, que concibe a la UE como una pseudo-confederación que haría mejor, a su juicio, en imitar el gobierno compuesto de la Europa medieval que un nuevo estado pan-europeo. “A veces me tildan de euroescéptico”, dijo en una reciente conferencia en Viena organizada por la fundación Euroacademia, “nada más lejos de la realidad. Incluso podría ser un federalista, si creyese en la viabilidad de semejante proyecto.”

Para Majone, el principal defecto de los padres fundadores de la actual UE, así como el de los eurócratas contemporáneos, es el de intentar hacer de la Unión Europea un estado federal. Europa, dice Majone siguiendo a Eric Jones, autor del libro The European miracle (1981), estaba unida cultural y económicamente antes de la existencia de la actual UE, incluso antes de la llegada del nacionalismo, invento relativamente reciente que dotó de legitimidad popular a los estados nación. Afirmaciones como la de Merkel o Sarkozy, de que el final del euro sería el final de Europa son, a juicio de Majone, exageraciones carentes de sentido. “Los federalistas nunca han prestado atención a las limitaciones intrínsecas, y eso ha llevado a la situación que tenemos hoy en día”. En su opinión, el proyecto de moneda única es el ejemplo más claro de “una cultura política de total optimismo”. No había plan B por si fallaba el euro, como tampoco lo había por si los referendos constitutionales salían negativos.

El proyecto de una moneda única no siguió el método Monnet de integración paulatina. Fue un salto cualitativo. En vez de empezar con un grupo reducido de países, se optó por cuantos más países mejor. Una integración monetaria progresiva que tuviese a Alemania y a su área de influencia como protagonistas era temida por Francia, que apostaba por integrar a más países, a fin de hacer la unión monetaria lo menos alemana posible. “Obviamente”, afirma Majone, “a más países, mayor heterogeneidad. En una situación como la actual, una política monetaria centralizada significa que habrá países –los periféricos– que sufran mucho.” Si continuamos apoyando una unión monetaria de la presente escala, habrá que centralizar los presupuestos y la política social, pero a día de hoy las diferencias económicas y sociales entre los países miembros son enormes, avisa Majone.

A este respecto, Majone trae a colación un artículo del economista austríaco Friedrich Hayek, que en 1939 trataba de responder a las consecuencias de una posible conversión de la Commonwealth británica en una federación. Sus conclusiones tienen relevancia para la Europa de hoy: en una unión de países muy desiguales económica y socialmente, los estados miembros de esa hipotética federación tendrán muy poco margen de maniobra y autonomía para ejecutar políticas domésticas. Además, la federación estará siempre presa de la inestabilidad que supone aplicar políticas redistributivas en países que no son cultural y socialmente homogéneos. La renuencia de Alemania a pagar la factura griega sería un claro ejemplo de este peligro.

La actual crisis es, en opinión de Majone, una oportunidad magnífica para pensar modos de integración europea que vayan más allá del modelo del estado nación, o de la federación pan-europea. “Muchos eurócratas desconocen la propia historia de Europa”, apunta el profesor, que invita a estudiar otros ejemplos históricos de integración, como la Liga Hanseática.

Hace diez años, cuando se dio luz verde al euro, hubo Premios Nobel de Economía como Milton Friedman que alertaron de sus peligros potenciales. “No quiero decir que los políticos se tengan que plegar a las opiniones de los economistas”, reconoce Majone, “pero si tienes a varias luminarias diciéndote que la cosa puede salir mal, debes tener al menos un plan de contingencia.” Para el profesor, la adopción del euro epitomiza el modelo de integración europea, lleno de saltos al vacío sin red. “La integración política tiene costes y beneficios. La UE y la propia literatura en estudios europeos sólo presentan los beneficios. Ahora podemos ver también sus costes. Tenemos a millones de europeos hipotecados que están pendientes del euríbor. Y la única solución que se vislumbra para mantener vivo al euro tal y como lo conocemos hoy en día es mediante una supervisión, por parte de las instituciones europeas, de los presupuestos de los estados nacionales. No  creo que sus respectivas opiniones públicas lo toleren fácilmente”, destaca. La centralización de la política monetaria requiere una centralización inevitable de las políticas presupuestarias y sociales de los estados miembros. Semejante nivel de integración con el nivel actual de heterogeneidad cultural y la limitadísima financiación de las instituciones europeas con un 1.2% del PIB europeo no es sostenible, según Majone.

Quizá el 2012 haga realidad lo que muchos europeístas dicen desear: que el debate sobre la integración europea se haga popular. Pero hay que tener cuidado con lo que se sueña...

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lunes, noviembre 28, 2011

Lecturas sobre tecnocracia



Technocrats: Minds like machines”, The Economist, 19 de noviembre de 2011, pp. 61-62.
Las democracias ponen en manos de técnocratas agencias independientes y bancos centrales. Las autocracias los incorporan con frecuencia a sus gobiernos. ¿Cuál es la cantidad de tecnocracia adecuada para un gobierno democrático-liberal? The Economist dice que los gobiernos tecnocráticos suelen ocupar el poder en épocas de crisis, pero sus reinados suelen ser cortos.

La actitud del BCE: dos hipótesis”, de Luis Garicano, en El País, 20 de noviembre de 2011, pp. 26-27.
¿Por qué el BCE no interviene para comprar más deuda pública de los estados europeos de una manera decisiva? Una hipótesis sería el temor a la inflación. La otra sería la de forzar a los díscolos países periféricos a reformar sus economías, ya que de no verse frente al precipicio de la quiebra total nunca lo harían. El despotismo ilustrado EUropeo elevado a su máxima potencia.

"Can Monti save Italy? The trouble with technocrats", de Christopher Dickey y Barbie Latza Nadeau, The Daily Beast, 21 de noviembre de 2011.
Repasa casos exitosos de gobiernos tecnocráticos, como el del primer ministro indio Manmohan Singh, o el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Pero se pregunta si un tecnócrata como Mario Monti será capaz de hacer emerger la economía informal italiana, donde el 20% de los trabajadores cobran en negro.

Románticos crueles y aburridos”, de Paul Krugman, en El País Negocios, 27 de noviembre de 2011, p. 24.
El euro no habría sido una decisión de tecnócratas, sino de románticos cegados por la posibilidad de unos Estados Unidos de Europa. No hay verdadera movilidad laboral entre estados, ni lengua común, ni nación que alimente con legitimidad popular a las instituciones europeas. Sin embargo, la marcha atrás al viejo orden nacional tampoco parece verosímil.

Estado de excepción económica permanente”, de José María Ridao, en El País, 26 de noviembre de 2011.
El estado de excepción es el momento en el que sabe quién es el verdadero soberano, decía el politólogo Carl Schmitt. Pero en lugar de un führer nacional tenemos a tecnócratas transnacionales, bien en Bruselas o bien en las capitales nacionales.


Europa necesita un Bismark, un Hamilton, un Garibaldi… un ‘nation builder’. Pero ni está, ni se le espera. Mientras tanto, gobernará la mano invisible de la tecnocracia... o retornará el populismo.

Ilustración: George Grosz, 'Republikanische Automaten' (1920)

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miércoles, noviembre 16, 2011

¿Y si la culpa es del euro?

De las tres teorías que explican la integración europea (funcionalismo, inter-gubernamentalismo y federalismo), la primera es la más polémica y discutida. El funcionalismo propone una integración europea fundamentada en la tecnocracia, el soslayo de la opinión pública y las identidades nacionales, y la federalización indirecta de áreas políticas interrelacionadas a través de ‘derrames’ inevitables. Así, se empieza por un  mercado único, que sólo podrá funcionar correctamente si se evita la competencia entre países con monedas distintas, que podrían distorsionar el mercado mediante devaluaciones competitivas. El paso siguiente inevitable es una moneda única, que a su vez sólo podrá funcionar de manera eficiente con una fiscalidad conmensurable a la eurozona. Y en esas estamos: o creamos un súper-ministro federal con capacidad de injerencia en los presupuestos estatales, o estallará el euro. Y si estalla el euro, las deudas serán todavía más impagables, por lo que sólo queda un salto hacia adelante que es difícil de vender al ciudadano de a pie… por lo que mejor no contar con él.

La investigación social sobre la UE está casi monopolizada por la propia UE, de ahí que se eviten enfoques verdaderamente críticos. Y cuando los hay, quedan en manos de euroescépticos cuya ceguera es comparable a la de los eurócratas. Por eso es bueno recurrir a la prensa extranjera, que nos dice lo evidente: el euro consiguió su objetivo de facilitar inversiones transfronterizas, permitiendo a los países periféricos endeudarse con el prestigio crediticio de los países del corazón de Europa. En buena medida, la burbuja inmobiliaria española estuvo alimentada por el euro. A pie de calle, uno no podía comprar una casa en España con una hipoteca de un banco alemán, pero un promotor inmobiliario español sí podía pedir dinero a unos bancos cuya liquidez estaba inflada por las inversiones centro-periferia, entre ellas las alemanas. La crisis ha puesto de manifiesto que la moneda única europea existe en un espacio que no es una ‘optimal currency area’: las barreras lingüísticas y administrativas, pese a décadas de integración, impiden la verdadera existencia de un ciudadano europeo.

Mientras tanto, la campaña electoral española ha demostrado su condición de epifenómeno, es decir, un fenómeno que oculta al fenómeno verdaderamente importante. En cierta ocasión un diplomático me dijo que Europa estaba atrapada en una contradicción difícilmente superable: la legitimidad sigue viniendo de las naciones, pero las soluciones sólo pueden venir desde instancias supra-nacionales. Puesto que Europa no es ni será jamás una nación, sino un racimo de naciones (Madariaga dixit), un gobierno europeo siempre carecerá de una verdadera legitimidad popular, que en última instancia proviene de la identificación entre gobernantes y gobernados (Schmitt). Es hora, pues, de intentar legitimar a los tecnócratas. Frank Vibert lo intentó en el libro The Rise of the Unelected: Democracy and the New Separation of Powers (Oxford University Press, 2007), cuya lectura recomendamos.

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martes, noviembre 01, 2011

Grecia y la confusión demo-liberal

El referéndum griego sobre la aceptación del rescate europeo es una excelente oportunidad para examinar el ADN de la democracia y de la Unión Europea. A este respecto debemos recurrir, de nuevo, al politólogo alemán Carl Schmitt y a la vieja distinción entre democracia y liberalismo, hoy olvidada.

La democracia es, ante todo, un régimen de identidad entre gobernantes y gobernados, insistía Schmitt. Las garantías procedimentales (constitución, transparencia, derechos civiles, etc.) no son democráticas, sino liberales. Venezuela es muy democrática (Chávez ha sido elegido y los observadores internacionales dicen que las elecciones fueron limpias), pero escasamente liberal (el derecho a la propiedad privada es el primero en entredicho). El régimen de la Unión Europea es poco democrático (es posible amar u odiar a Obama o Sarkozy... al bueno de Van Rompuy no podemos ni amarlo ni odiarlo, no existe identificación). Sin embargo, es extremadamente liberal (la legislación y la burocracia lo inundan todo, cumpliéndose la predicción de Carl Schmitt de que el telos del liberalismo es la tecnocracia).

También decía Carl Schmitt que el acto político por excelencia es la decisión, y que una relación es política cuando existe la posibilidad de que dos sujetos lleguen a las manos (de la misma manera que una relación entre dos sujetos es sexual si existe la posibilidad de que acaben entre las sábanas). La Unión Europea no nos facilita el saber quién toma una decisión, y el enemigo nunca está claro (porque la identidad tampoco lo está). Su origen fundacional está precisamente en la erradicación de la enemistad entre Francia y Alemania. Pero al liberarnos de la guerra, la UE nos liberó también de la política.

La política, como la democracia, son feas. Llaman a la exclusión, al nosotros contra ellos. El mundo político es un pluriverso, decía Schmitt, no un universo. Solo el liberalismo se preocupa por las libertades y por la protección del individuo. La democracia se lleva bien con el nacionalismo (el kratos, el poder, pertenece a la demos, al pueblo). El liberalismo se lleva mejor con el individualismo y el universalismo (de ahí la frigidez que inspira todo lo EU-ropeo).

Es la difícil alquimia entre la identidad colectiva propia de la democracia y las garantías constitucionales propias del liberalismo la que dio lugar a las democracias liberales o a los regímenes demo-liberales, que son dependientes de la gente pero blindan sus constituciones de los vaivenes populares.

El referéndum griego rompe los esquemas al poner de manifiesto que una confederación como la europea no puede ser (al menos todavía) democrática, pues sus entes constitutivos son los estados miembros, no los ciudadanos de los mismos. Allí donde no existe identidad entre gobernantes y gobernados no es bueno jugar a la democracia.

Grecia podría reivindicar, sin saberlo, a Carl Schmitt, recordándonos que la política es algo más que el ideal deliberativo del liberalismo. Es también, por desgracia, la guerra.

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viernes, julio 22, 2011

Austeridad germánica


Uno siempre se imagina las comidas y cenas de líderes europeos como pantagruélicas comilonas que incluyen copa y puro. La imagen de agencia con la que abrían esta mañana los principales periódicos españoles presenta una escena en las antípodas de ese estereotipo. El Primer Ministro griego Yorgos Papandreu y el Presidente francés Nicolás Sarkozy observan cómo la canciller alemana Angela Merkel se sirve café de un termo en una mesa sobre la que se reparten galletas, fruta y zumo en tetra-brik. La fotografía no es inocente, y habrá quien vea en ella una calculada operación para trasladar la idea de que, por fin, la frugalidad teutónica se ha impuesto a la opulencia mediterránea. Sarkozy, de espaldas, oculta su expresión facial. Una escena así sería difícil de imaginar en El Elíseo. Y mucho menos en Versalles.

Fuente de la imagen y del pie de foto: http://www.ibtimes.com/

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