Mostrando entradas con la etiqueta ukraine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ukraine. Mostrar todas las entradas

martes, noviembre 26, 2013

Ucrania al rescate de la UE



Mientras escribo estas líneas, hay un lugar en Europa donde los jóvenes enarbolan la bandera de la Unión. Un lugar donde se sale a la calle en masa clamando por una mayor integración con los países vecinos al oeste del continente. Un lugar donde la bandera de las doce estrellas significa progreso, libertad, oportunidad y futuro. No son estudiantes azuzados por un cátedro Jean Monnet. No tienen subvenciones de Bruselas. Tampoco aspiran a entrar en el ‘blue book’ de la Comisión Europea para ser becarios en los laberintos del Berlaymont.

Para los ucranianos que estos días reeditan la revolución naranja con el color azul, la UE de hoy en día representa lo que para los españoles era la CEE en los años 70: un espacio de libertad, el lugar del que uno quiere formar parte para superar las limitaciones y rémoras patrias. Una lástima que, en realidad, la ciudadanía europea a la que quieren acercarse sea, en la práctica, confederal y privada: en primer lugar, la europeidad se alcanza a través de la nacionalidad en un estado miembro y, en segundo lugar, la ciudadanía europea no es una llamada a la vida pública, sino una invitación a una vida privada de negocio, educación y ocio. El sueño europeo se marchita cuando uno se percata de que no existe una carrera política europea como tal (hay que pactar antes con los diablos nacionales, que establecen sus cuotas de poder) y cuando uno pasa del estado de tránsito al estado de residente. Es ahí cuando uno se da cuenta de lo mucho conseguido y lo muchísimo que queda por hacer.

Pero no les quitemos la ilusión a nuestros vecinos ucranianos. Deben ser los únicos que se emocionan al ver la bandera europea. Los únicos que la sacan a la calle sin mediar subvención comunitaria. Los únicos para los que Europa representa algo más que burocracia, tecnocracia y frígida distancia. En su sueño está la realidad a la que todos aspiramos.

###

sábado, enero 23, 2010

La Evita que llegó del frío

Su aspecto no pasa desapercibido. Para los que desconozcan el atuendo típicamente ucraniano, Yulia Tymoshenko recuerda a la princesa Leia de la Guerra de las Galaxias. Sin embargo, el trenzado capilar de la que fuera uno de los iconos de la revolución naranja en diciembre de 2004 es solo el rasgo más visible del deliberado simbolismo nacionalista de un país que se debate, geográfica y políticamente, entre Europa y Asia.

Tymoshenko, que se verá las caras con su rival pro-ruso Viktor Yanukovich en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales ucranianas el próximo 7 de febrero, es la Evita que llegó del frío. Pocos la imaginan morena y con pelo largo, pero ése era precisamente su look antes de su iconización mediática. Representa supuestamente al occidente de las esencias ucranianas, pero sus orígenes se encuentran en el oriente rusófilo. Su camaleónica transformación, así como su estrategia de comunicación online, la convierten en el ejemplo más claro de neo-populismo eslavo. La hemos visto en la portada de la revista femenina Elle, subida a una moto futurista en chupa de cuero, y acariciando a un tigre bebé. En su web llegó a colgar un completísimo álbum con las fotos de la boda de su hija.

Entretenimientos aparte, los ucranianos están francamente decepcionados con el escaso impulso regenerador de la otrora prometedora revolución naranja. Ironías de la vida, Viktor Yanukovich, derrocado hace cinco años por aquel movimiento popular, lleva camino de conseguir todas las papeletas para relevar en el cargo, limpiamente y por medio de las urnas, a Viktor Yushchenko, ex pareja política de Tymoshenko en la Plaza de la Independencia de Kiev.

En cualquier caso, gane o pierda, la Evita del Este europeo tiene ya su lugar en los anales del neo-populismo.

###