jueves, noviembre 03, 2005

Una mirada escéptica al periodismo participativo

El presente post es una especie de contestación al artículo “El periodismo como arte democrático”, de Juan Varela, publicado en el diario español ABC el 22 de octubre de 2005 y reproducido en su wiki sobre periodismo participativo.

El denominado civic o public journalism de Rosen y Merritt me cautivó tanto le dediqué año y medio de estudio. Me sigue pareciendo una propuesta noble pero difusa, abierta a la interpretación y el abuso, de ahí que a veces la alabe y a veces la critique (con todo el cariño del mundo). El llamado periodismo participativo no me produce excesiva excitación. Para mí los blogs son mucho más efectivos como media watchdogs (vigilantes de la actuación de los medios) que como productores de periodismo de calidad.

Lo que más me sorprende del discurso del periodismo participativo es su celebración de la desaparición de la mediación profesional que hasta ahora encarnaban los periodistas de los MSM (mainstream media). Se percibe cierta satisfacción en la erosión del poder de mediación del periodista. De repente, el periodista pierde autoridad, bien porque se le considera atenazado por los intereses corporativos y políticos de sus patrones, o bien porque se le ve como una mera correa de transmisión de esos mismos poderes. Esto cuando no es visto, simple y llanamente, como un propagandista de un determinado ideario. Quizá convendría traer a colación la famosa advertencia de David Randall (1999): el que quiera hacer periodismo de izquierdas o derechas, tiene una idea muy equivocada de lo que es el periodismo. Cierto que los periodistas tienen casi siempre un prejuicio antisistema (suelen ser críticos con el partido en el poder) y tienen cierta vocación reformista, pero ese es otro tema (Gans, 2005, ed. original, 1979).

Gran parte de la pérdida de credibiliad en la figura del periodista se debe a esa presunta falta de imparcialidad. Una acusación que cobra más vigor con el auge del periodismo descaradamente partidista. Es curioso. El deseo de objetividad en el periodismo tiene en parte una raíz comercial: ser lo más equidistante para no alienar a una parte de la audiencia. Ahora el partidismo es, quién lo diría, una de las grandes bazas comerciales del periodismo. Es como si el consumidor de medios no le pidiese al periodismo información e interpretación cualificada (basada en hechos, ofreciendo todos los ángulos posibles), sino refuerzo de prejuicios y búsqueda de argumentarios para liderar las discusiones de café. Quizá no haya nada de malo en esto. Este es el periodismo que se practicaba en Estados Unidos en el siglo XIX. Y es probable que a más partidismo en los medios, más participación electoral. Esto es contradictorio con el espíritu periodístico más tradicional, pero no debemos negar la evidencia por más que contradiga nuestros más altos principios.

Pero quizá haya que reflexionar sobre lo que estamos perdiendo al desechar la objetividad (o su deseo) como ethos del periodismo. Hace tiempo que la interpretación se considera legítima dentro del periodismo. La mera reproducción de citas de los bandos contrarios, la objetividad como ritual a la que aludía Tuchman, es aún practicada, pero a menudo se va más allá, indagando en las razones de cada uno de los bandos.

No obstante, el deseo de no implicación emocional ha sido y es válido en la era del periodismo interpretativo... o lo era hasta fechas recientes. Ahora parece que esa imparcialidad, que siempre fue difícil de alcanzar, ya ni se persigue. Es más: muchos la desprecian.

Antes de darlo por muerto, convendría indagar en el valor del ideal de la objetividad, o lo que se busca con él. Y lo que podemos perder al descartarlo. Cito a Don H. Corrigan, el azote del periodismo cívico:

“La objetividad es un ideal escurridizo (elusive ideal), como la paz mundial, la armonía racial, los derechos humanos universales o la tolerancia religiosa. Pero la humanidad no debe abandonar la búsqueda de la paz mundial, la armonía racial, los derechos humanos universales y la tolerancia religiosa porque sean ideales difíciles de alcanzar. Los periodistas no deberían abandonar la búsqueda de la objetividad porque sea, admitido está, un ideal esquivo. El concepto de objetividad, en el contexto del periodismo, incorpora ciertas nociones de honestidad e imparcialidad, así como una devoción por la neutralidad, la exactitud y la veracidad. La objetividad no es un ‘cliché improductivo’, ni pierde su potencia porque sea sea un ideal difícil de conseguir. No deberíamos estar tan dispuestos a reemplazarlo por algo diferente” (1999: xvi-xvii).

John C. Merrill (1999), el otro azote del periodismo cívico, denunció en su momento los peligros de reemplazar el liberalismo por el comunitarismo como filosofía de fondo del periodismo. Creo que lo que en realidad criticaba Merrill es el periodismo participativo, la radicalización (o hipertrofia) del periodismo cívico. El sometimiento de los criterios de noticiabilidad a los criterios de “la comunidad”. Los que venimos de la aldea sabemos lo opresivas que son las comunidades, tanto en el mundo físico como en el virtual. Bendita urbanidad, bendito individualismo. Bendito respeto por la diferencia, como decía Schudson en su amable pero rigurosa crítica al periodismo cívico (Schudson, 1999).

El periodismo cívico, tal como se concibió originalmente (a mi modo de ver Rosen se apuntó recientemente al carro del periodismo participativo, la caricatura del periodismo cívico, ese periodismo cívico que él definió de la misma manera en que Varela titula su artículo: “journalism as a democratic art”) tiene su correlato político en la democracia deliberativa. El periodismo cívico ampliaba el papel del periodista (el periodista no era sólo un mediador, sino también un debate facilitator).

El periodismo participativo enlazaría directamente con la democracia participativa. El mediador desaparece. El público elabora y consume, se lo guisa y se lo come. Lo mismo a la hora de administrarse, gobernarse políticamente. Quizá aquí también estemos enterrando otros valores de nuestro sistema político tradicional de una manera irreflexiva, como hacemos con la objetividad en el periodismo. Nada de representación, democracia directa. No sé ustedes, pero yo no tengo tiempo para participar a pleno rendimiento en todas las decisiones de nuestro sistema político. Necesito representantes que se encarguen de hacer por mí lo que yo no tengo tiempo de hacer (elaborar leyes, perseguir a los que las incumplen). Lo mismo ocurre con el periodismo. Necesito mediadores cualificados que me hagan la vida más fácil, que me digan sobre qué puntos debo enfocar mi atención. Tranquilos, no soy un troglodita. Yo mismo soy un blogger, y agradezco las nuevas posibilidades (creativas, informativas, participativas...) de la red. Pero también observo que, por ahora, la blogosfera no es “many-to-many”, sino “many-to-few” (salvo contadas excepciones, la mayoría de los blogs no reciben más de 25 visitas diarias, según un reciente estuido del MIT, véase Chronicle of Higher Education, 23 de junio de 2005). Y basta asistir a una reunión de tu comunidad de vecinos para ver las serias limitaciones de la democracia asamblearia. El voto secreto (y no la mano alzada de las asambleas, donde la “peer-pressure” afecta a la libertad de voto) es una de nuestras grandes garantías. No la tiremos por la borda. Leamos antes a Stuart Mill y sus Consideraciones sobre el gobierno representativo.

En conclusión: A mi modo de ver, no hay periodismo sin mediación, ni democracia sin representación.


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Dos apuntes finales:

1. Sobre la la tradicional oposición Lippman-Dewey:

El célebre libro The Public and Its Problems no es, como se ha dicho siempre, un rechazo frontal de las teorías de Lippman. Dewey compartía con Lippman muchos de los puntos de su diagnóstico, pero su tratamiento era diferente. La propuesta de Dewey era una especia de “tercera vía”: ni el gobierno de las elites de Lippman, ni la dictadura de la mayoría, sino colaboración entre elites y ciudadanos corrientes.

Dewey es una figura mediadora entre el elitismo de Lippman y el credo mayoritario de progresitas de principios de siglo XX en USA, como ha señalado Ralston (5 de marzo, 2004). La propuesta de Dewey se condensa en el concepto de “public-spiritedness”. Ralston lo explica de una manera bastante inteligible (perdón por la larga cita en inglés):

“To resolve the conflict between the elitist position, defended by Lippmann, and the majoritarian position, held by Progressives (…) Dewey proposes a hybrid concept that helps the disputants on either side of the debate imagine their respective ideals realized in practice and harmony with each other. In The Public and Its Problems, Dewey introduces the concept of “public-spiritedness” with the shoe analogy:

‘The man who wears the shoe knows best that it pinches and where it pinches, even if the expert shoemaker is the best judge of how the trouble is to be remedied. Popular government has at least created public spirit even if its success in informing that spirit has not been great’.

According to this analogy, not only does self-government begin with citizens, who know the problems of their environment best, but it also extends to leaders and experts. Thus, citizens consult experts and experts consult citizens, thereby avoiding the tyranny of either and promoting the associated activity of both” (Ralston, March 5, 2004).

2. Una observación quisquillosa:

El Project for Excellence in Journalism es producto de la colaboración de la Columbia University y Pew Charitable Trusts. Cierto es que el material del libro más citado de Kovach, The elements of journalism, si surgió fruto de unos foros convados por Harvard. Supongo que de ahí viene el lapsus. Claro que a lo mejor yo también estoy equivocado...


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Referencias:

Corrigan, Don H. (1999): The Public Journalism Movement in America: Evangelists in the Newsroom. Westport, CT: Praeger.

Chronicle of Higher Education (23 de junio de 2005). So many bloggers, so few readers. The Chronicle: Wired Campus Weblog.

Gans, Herbert H. (2005, ed. Original 1979). Deciding What's News. A Study of CBS Evening News, NBC Nightly News, Newsweek, and Time. Evanston, IL: Nortwestern University Press.

Kovach, B. Rosenstiel. T. 2001. The Elements of Journalism: What Newspeople Should Know and the Public Should Expect. New York: Crown.

Merrill, John C., Gade, Peter J. y Blevens, Frederick R. (2001): Twilight of Press Freedom: The Rise of People's Journalism. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.

Ralston, Shane Jesse (5 de marzo de 2004): “Deliberative Democracy as a Matter of Public Spirit: Reconstructing the Dewey-Lippmann Debate”. Paper presented at the 31st Annual Conference of the The Society For The Advancement Of American Philosophy.

Randall, David (1999): El periodista universal. Madrid: Siglo XXI Ediciones.

Schudson, Michael (1999): “What Public Journalism Knows about Journalism but Doesn’t Know about “Public”. En Glasser, Theodore L., The Idea of Public Journalism. New York: Guilford, pp. 118-133.

jueves, octubre 20, 2005

Howard Dean: americano en las formas, ¿extraterrestre en su discurso?

Sus rivales lo desprecian. Lo consideran poco menos que un comunista disfrazado. Al fin y al cabo, es el gobernador de Vermont, ese excéntrico estado tradicionalmente liberal, “Berkeley con jersey de abrigo”, en palabras de Joe Trippi, el director de campaña de Dean for America en las sorprendentes primarias demócratas de 2004. No tiene el físico ni el estilo de un presidente. Es bajito y se le conoce por su costumbre de remangarse la camisa en cada mítin. A veces parece un telepredicador. Sus formas, su populismo, encajan en América. Su discurso, quizá demasiado escorado a la izquierda, no. Y, sin embargo, Howard Dean triunfa. En febrero fue nombrado director del Comité Nacional Demócrata. Su asombrosa campaña en las primarias, en la que aprovechó al máximo las posibilidades de Internet, fue un ejemplo para sus rivales dentro del partido. Kerry copió su estrategia y recaudó vitales sumas de dinero a través de la red. Los republicanos, en el fondo, le tienen respeto. Dean es el típico perro ladrador, sí, pero pasó de ser un desconocido gobernador a batir récords de recaudación en las primarias. Empezó su carrera presidencial con 432 seguidores y acabó con más de medio millón de americanos a sus espaldas. No hay enemigo pequeño, especialmente cuando entiende el lenguaje de Internet (que es lo mismo que entender la organización social contemporánea).

El pasado viernes, 14 de octubre de 2005, tuve la oportunidad de ver a Howard Dean en persona en un mítin en Chicago. En esta ocasión no se quitó la chaqueta, pero mantuvo su imagen de candidato campechano. Se subió con brío a la pequeña plataforma que le permitía elevarse ante el centenar de correligionarios convocados por el Democratic Leadership for the 21st Century (las juventudes demócratas) en un céntrico hotel de la metrópolis del Medio Oeste. Cogió el micrófono con soltura y comenzó su breve recital. Lo que sigue es una recreación de su discurso a partir de las notas tomadas en mi libreta:

Basta de hacer campaña en los estados declaradamente demócratas o en aquellos en los que el resultado no está claro; vamos a hacer campaña en los 50 estados! [ovación]. En algunas partes de este país es socialmente inaceptable ser un demócrata. Pero no podemos abdicar de nuestra responsabilidad. No podemos dejar de luchar por los derechos de los más desfavorecidos en Misisipi por más que sea un estado republicano. Este país tiene que volver a ser democratic, con d minúscula y con D mayúscula.

Tenemos que acabar con la corrupción, empezando por nuestro partido [ovación]. Queremos una reforma en la financiación de las campañas y una reforma electoral para que las votaciones electrónicas puedan ser recontadas a mano.

Tenemos que construir un mensaje coherente para todo el país. Porque aquí, en Illinois, como en Alabama o en California, todos queremos trabajo. Y la mejor manera de crear empleo es apostar por las energías renovables [“por fin”, gritan desde el público]. Necesitamos una nueva política energética. En este país no hay otra política energética que la de “perforar, perforar y perforar”. La política energética está íntimamente ligada a la política exterior. Algunos países árabes están usando el dinero que nosotros les damos a cambio del crudo para financiar acciones terroristas.

Queremos un seguro sanitario para todos. Nuestro país posee el sistema de salud más caro del mundo, y con diferencia. Vamos a dar un seguro sanitario a cada ciudadano americano. Los republicanos dicen que esto es socialismo. ¿Entonces por qué los canadienses, los suecos, los finlandeses, los alemanes, los franceses y los italianos, entre otros muchos países, lo disfrutan? No podemos retrasar más el sueño de Harry Truman de dar cobertura sanitaria a cada estadounidense.

Nos preocupa la educación. Se habla mucho de la pérdida de posiciones de América en el terreno educativo. Y es cierto. Pero esto no se soluciona enseñando la teoría del creacionismo en las escuelas públicas [gran aplauso]. No tengo nada en contra de la enseñanza de esas teorías en la iglesia o en otros lugares. Vivimos en América, tenemos libertad de culto. Pero sí estoy en contra de la enseñanza de la religión disfrazada de ciencia en las escuelas públicas.

Con la Patriot Act y otras leyes muchos estudiantes y científicos extranjeros han dejado de venir a América. ¿Sabéis a dónde van? A Australia. Y América está perdiendo el talento de esta gente.

El Presidente Bush no ha hecho otra cosa que dañar a nuestro país. Ha destruido el liderazgo de Estados Unidos en el mundo, y ha dañado a nuestra economía creando un déficit sin precedentes.

El debate sobre la inmigración es difícil. Pero no podemos cargar las tintas sobre los pobres inmigrantes que arriesgan su vida para darle un futuro mejor a sus hijos. A quienes tenemos que atacar es a los empresarios que los explotan. Y, si estais preocupados por lo que los inmigrantes puedan hacer con vuestros salarios, aseguraos de que se hagan miembros de un sindicato [nueva ovación].

Necesitamos una discusión franca y abierta sobre el racismo en este país. Me preocupa particularmente el racismo institucional, el que todos practicamos (blancos, negros, de cualquier raza). Consiste en contratar a aquellos que más se parecen a nosotros. Tenemos que acabar con esta práctica. Nuestras empresas, nuestros gobiernos, deben ser el reflejo de la diversidad de este país.

Algunos pensaron que me iba a washingtonizar cuando acepté la dirección del Comité Nacional Demócrata. Pero no. Estaban equivocados. Yo estoy haciendo los cambios necesarios desde dentro, pero necesito gente como vosotros, que haga los cambios desde fuera. A quienes tenemos que cambiar realmente es a los políticos. Son alérgicos al riesgo, pero cuando las cosas cambian se adaptan enseguida.

Para finalizar, sólo un consejo: ¡Defended aquello en lo creéis! [Stand up to what you believe!]

Aunque Howard Dean está claramente muy a la izquierda del centro de gravedad de la política norteamericana (que se sitúa a su vez a la derecha del centro de gravedad de la política europea) convendría no subestimarlo. El año pasado ofrecí una charla sobre la idea del sueño americano, y aludí inevitablemente a los valores típicamente americanos que se describen en el clásico libro El excepcionalismo americano de Seymour Martin Lipset. Al final de la conferencia, un reputado profesor me llevó a un apartado: “Esos son los valores de la mitad de los americanos —dijo—. La otra mitad del país no los comparte.”

miércoles, octubre 05, 2005

Al Gore, padrino del periodismo ciudadano

Al Gore, vicepresidente de los Estados Unidos durante la eclosión de la economía punto-com, ha sido la estrella invitada en la conferencia We Media, que se celebra a estas horas en Nueva York en la sede de The Media Center, el think tank del American Press Institute.

La intervención del que estaba llamado a ser el presidente tecno-ecologista de la Nueva Economía se enmarca dentro de su última aventura: el canal de televisión por cable Current TV, una especie de MTV en la que se emiten los vídeos producidos por su joven audiencia de cineastas y periodistas amateurs. Gore fue periodista en sus tiempos mozos, y vive ahora una segunda juventud como padrino del periodismo ciudadano.

Su intervención se puede descargar del blog de The Media Center.

Vía: Public Journalism Network

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lunes, octubre 03, 2005

Conferencia Internacional de la AoIR en Chicago

Este miércoles, 5 de octubre de 2005, comienza en Chicago la Sexta Conferencia Internacional e Interdisciplinar de la Asociación de Investigadores de Internet (Association of Internet Researchers, AoIR).

Tres académicos de talla internacional impartirán lecciones magistrales:

  • Ang Peng Hwa, profesor de Media Management and Law en la Nanyang Technological University de Singapur. The UN and Internet Governance: Fears, Hopes and Possibilities.
  • Saskia Sassen, Ralph Lewis Professor de Sociología en la Universidad de Chicago. Digital formations: The intersection of technical and social logics in electronic space.
  • Sonia Livingstone, profesora del Department of Media and Communications de la London School of Economics. Youthful experts? A critical appraisal of children and young people’s emerging internet literacy.


Reproducimos los paneles de interés para los estudiosos de la comunicación política:


2.3.4 Political Parties and Campaigns Online

Day 2: Friday, October 7, 2005
Session 3: 1:30 pm – 3:00 pm
Room 4: Lincolnshire I
Chair: Danielle Wiese

Normalization.ca: The State of Online Party Competition in Canada

Tamara Small
Dept. of Political Studies
Queen’s U.

Understanding the Function of the Web within the Context of Howard Dean's Political Campaign

Gretchen Haas
Dept. of Rhetoric

U. of Minnesota

Computer-Mediated Informal Publics: Redefining Chinese Net Forums of Political Discussion

Mei Wu
U. of Macau

The Internet and Election Campaigns: An International Comparative Analysis

Nicholas Jankowski
Radboud U.

Randolph
Kluver
Nanyang Technological U.

2.4.4 Online Political Discussion: Blogs & Chat

Day 2: Friday, October 7, 2005
Session 4: 3:30 pm – 5:00 pm
Room 4: Lincolnshire I
Chair: Saher Selod

Cross-Ideological Discussions among Political Bloggers

Eszter Hargittai
Communication Studies
Institute for Policy Research
Northwestern U.

Jason Gallo
Sean Zehnder
Media Technology and Society Program
Northwestern U.

Blogging for Election – The Use and Penetration of Webbased Communication in the Danish Parliament Election 2005

Lisbeth Klastrup
Dept. of Digital Aesthethics & Communication

IT U. of Copenhagen

Pia Svejgaard Pedersen
Design Communication & Media Studies, IT U. of Copenhagen

The Best and Worst of Political Chat Online

Jennifer Stromer-Galley
John LeBret
Dept. of Communication
U. at Albany SUNY

Drawing Water: An Ecology of the Political Blog

Peter Welsch
Indiana U.

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miércoles, septiembre 28, 2005

Aquel debate

El debate televisivo entre Nixon y Kennedy en 1960 fue el bautismo de fuego para un (entonces) nuevo medio que se reveló indispensable para la comunicación política. Tal día como ayer, un 26 de septiembre, unos 60 millones de norteamericanos presenciaban aquel famoso debate en el que Kennedy aparecía bronceado y tranquilo, mientras Nixon (recién salido de una operación de rodilla) se mostraba sudoroso y pálido.

Con la creciente fragmentación del ágora catódica en una miríada de canales, la televisión parece haber perdido su liderazgo indiscutible en la comunicación política. Pero quizá nos hayamos apresurado al darla por muerta antes de tiempo. Conviene recordar que durante la campaña presidencial del año pasado, cerca de 62 millones de espectadores en Estados Unidos vieron el primer debate electoral entre Bush y Kerry. Un importante repunte después de los magros 46,5 millones de televidentes que Bush y Gore habían congregado en la campaña del 2000. Claro que estos números palidecen frente a los 80 millones de personas que presenciaron el duelo televisivo entre Carter y Reagan en 1980.

A continuación presentamos una guía de recursos para nostálgicos y estudiosos de la materia.

Vídeos de los debates presidenciales:

Nixon versus Kennedy (1960)

Carter versus Ford (1976)

Carter versus Reagan (1980)

Reagan versus Mondale (1984)

Bush versus Dukakis (1988)

Bush versus Clinton (1992)

Clinton versus Dole (1996)

Bush versus Gore (2000)

Bush versus Kerry (2004)


Transcripciones de los debates presidenciales:

Desde 1960 a 2004

jueves, septiembre 22, 2005

50 años de ‘Personal Influence’

Se cumplen 50 años de la publicación de uno de los textos canónicos en comunicación política, Personal Influence, obra de Paul F. Lazarsfeld y Elihu Katz. Para celebrarlo, la Universidades de Columbia y Pensilvania han organizado una conferencia que tendrá lugar en Nueva York el próximo 21 de octubre. Tres paneles interdisciplinares recordarán el contexto histórico en le que la obra vio la luz (años 40 y 50), rastrearán la influencia del libro en la investigación sobre comunicación política, y extenderán las ideas de Katz y Lazarsfeld a las discusiones contemporáneas sobre política, redes sociales e influencia en la opinión pública.

La conferencia se desarrollará en la Casa Italiana del campus de la Universidad de Columbia en Nueva York. Entre los ponentes figuran profesores de la talla de Lance Bennett (Universidad de Washington) y Michael Schudson (Universidad de California, San Diego). El propio Elihu Katz, profesor de la Annenberg School of Communication de la Universidad de Pensilvania, clausurará la jornada.

El libro, que conoció una versión española en 1979 (La influencia personal, Editorial Hispano-Europea, Barcelona), será reeditado este año en Estados Unidos por Transaction Publishers.

Personal Influence: The Part Played by People in the Flow of Communication (Ed. original: Glencoe, Illinois: Free Press, 1955), es el tercer y definitivo trabajo (después de The People’s Choice y Voting) en el que Lazarsfeld (en esta ocasión con Katz) expone la limitada influencia de los medios de comunicación de masas en la conformación de la opinión de la gente en comparación con el papel desempeñado por los líderes de opinión de locales. En Personal Influence la muestra de personas entrevistadas está formada exclusivamente por mujeres, y la formación de opinión sobre asuntos políticos es sólo una de las áreas estudiadas por los investigadores. El márketing orientado a las amas de casa, la moda y la asistencia al cine también centraron la atención de los autores. De nuevo, la influencia de los medios se considera muy relativa en comparación con los molecular leaders.

Estructura del libro

Personal Influence se estructura en dos partes:

Parte I. Una revisión de los trabajos que han estudiado la teoría de las dinámicas de grupo, que adelantaron la relevancia de los grupos pequeños en la formación de las opiniones y comportamientos de la gente. Esta tradición investigadora aportó a las ciencias de la comunicación dos hallazgos fundamentales: que “las personas son más propensas a cambiar de opinión cuando están en grupos que cuando están solas” (pág. 8), y que “el líder es un elemento estratégico en la formación de las opiniones del grupo” (págs.8-9).

Parte II. Expone los resultados de la investigación empírica en Decartur, Illinois. Los autores pidieron a una muestra de mujeres que identificaran a las personas que les habían hecho cambiar de opinión o ayudado a tomar una decisión en cualquiera de las siguientes áreas: 1) compras para el hogar, 2) moda (vestidos, cosméticos y tratamientos de belleza), 3) asistencia al cine, y 4) formación de opinión sobre asuntos de política local. [Obsérvese que, tal y como Todd Gitlin denunciaría más tarde y Lazarsfeld reconocía abiertamente, las opiniones políticas se colocaban al mismo nivel que las decisiones comerciales].

Conceptos clave

El estudio realizado en Ohio (1940), publicado en el libro The People’s Choice (1948), introdujo algunos conceptos clave que Lazarsfeld nunca abandonaría. Así se describen en Personal Influence:

  • Líderes moleculares: “Personas que son influyentes en sus entornos más próximos, aunque no necesariamente prominentes para el resto de los miembros de la comunidad” (Katz & Lazarsfeld, 1955, pág. 3).
  • Influencia limitada de los medios: “El efecto de los medios de comunicación de masas fue pequeño en comparación con el papel de las influencias personales. Las decisiones de los votantes acabaron por asimilarse al clima político de su entorno” (pág. 3).
  • El efecto de los medios de masas se materializa en un flujo de dos escalones (“two-step flow in the effect of mass media”): “En cada estrato social, estos líderes de opinión ‘moleculares’ se exponían al contenido de revistas y programas de radio que sintonizaban con su nivel de educación e interés. Todo indica que las influencias que se irradian desde los medios hacen contacto con los líderes de opinión y éstos, a su vez, las transmiten a otras personas” (págs. 3-4).

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miércoles, septiembre 21, 2005

Castells prepara un libro sobre las móvil-revoluciones

Manuel Castells, el archiconocido sociólogo catalán que da clases en la Annenberg School of Communication de la USC (University of Southern California), acaba de recibir el premio Godó de periodismo por un artículo sobre el papel de la comunicación móvil en los resultados electorales de marzo de 2004. El artículo, titulado 'Movil-ización' política, fue publicado en La Vanguardia el 20 de marzo de 2004). Entrevistado por este mismo diario el pasado 17 de septiembre, Castells revela que está ultimando un libro con varios estudios de caso sobre las móvil-revoluciones a lo largo y ancho del mundo.

Reproducimos a continuación un extracto de la entrevista:

Pregunta (Justo Barranco)- La sociedad red mostró parte de su poder el 14 de marzo del 2004. ¿Qué más acontecimientos puede acabar protagonizando? Por ejemplo, en el mundo islámico, conectado a los satélites y cada vez más enganchado a los móviles e Internet.

Respuesta (Manuel Castells)- La capacidad de comunicación autónoma de las sociedades se ha manifestado ya en numerosos contextos. En el libro que estamos acabando sobre ese tema con mis investigadores: analizamos una serie de casos semejantes al 14-M español: en Corea del Sur, en Filipinas, en Estados Unidos... Tambien en la revuelta popular de Ecuador desempeñó un papel decisivo la comunicación móvil. Asimismo, Internet es esencial en el movimiento global por una globalización alternativa. Y en el mundo islámico, claro que la autonomía de la comunicación es un instrumento de expresión de una sociedad civil hasta ahora aherrojada, aunque esa expresión también incluye la fuerte corriente islamista que crece en todo el mundo: el islamismo radical no es una ideologia medieval sino hipermoderna, en una vía distinta de modernidad, como han demostrado los analistas del tema.

Pero más ampliamente, lo esencial es que en casi todo el mundo la gente tiene ahora capacidad de comunicación horizontal autonóma, mediante internet y comunicacion móvil. Hay unos 30 millones de blogs en el mundo, y crecen por miles cada día. Y la gente se monta sus programas de radio (podding),sus vídeos (vlogs)y los intercambian en internet. Por primera vez en la historia, el poder político o comercial no tiene el monopolio de la comunicación de masas. Y como la comunicación es lo que conforma nuestras mentes y la política en último término es la batalla sobre las mentes, estamos asistiendo a una profunda revolución en los procesos de formación del poder y el contrapoder.

Vía: Jornalismo e Comunicaçao.

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viernes, septiembre 16, 2005

Wolton: información, comunicación y democracia

El Portal de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona acaba de publicar una entrevista con el comunicólogo Dominique Wolton realizada por Pablo Rodríguez. Preguntado por la relación entre información, comunicación y democracia, Wolton responde:

"En el siglo XVIII, los tres términos eran equivalentes. Sin embargo, en el siglo XX, el mundo intelectual mantuvo el prestigio para la idea de democracia pero desprestigió a la información y a la comunicación (...). Considero que debemos volver a la equivalencia del siglo XVIII a la luz de problemas que no son de aquel tiempo. Uno de los problemas fundamentales es la contraposición entre dos filosofías de la comunicación: una tecnológica-económica y otra humanística. Si ambas se solapan, el desprestigio de los términos información y comunicación estará justificado. Por eso rechazo la filosofía tecnológica y económica de la comunicación. Después de todo, comunicar no es otra cosa que negociar. Y la política es negociar."


lunes, septiembre 12, 2005

Los partidos políticos se apropian del “pásalo”

Las campañas electorales ya no se conciben sin las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Howard Dean demostró que Internet es un medio válido para recaudar fondos y reclutar voluntarios. En las primaveras democráticas de Ucrania y el Líbano (y en el controvertido 13-M español) los teléfonos móviles jugaron un papel fundamental.

Quizá, dentro de muy poco, ya no hagamos distinciones entre Internet y telefonía móvil. Los gurús dicen que en apenas tres años el teléfono celular será la principal vía de acceso a Internet. Los partidos políticos se preguntan cómo domesticar al teléfono móvil, cómo hacer jugar a su favor un instrumento que se ha demostrado tan poderoso en manos de ciudadanos y activistas políticos.

El Instituto para la Política, la Democracia e Internet de la Universidad George Washington, con sede en la capital de Estados Unidos, ha programado para este 13 de septiembre una jornada titulada “Politics to Go” dedicada al papel de los móviles en la comunicación política.

Dos paneles de expertos expondrán cómo incoporar la tecnología móvil a la estrategia electoral. Los contenidos de la jornada se resumirán en la publicación The Politics to Go Handbook: A Guide to Using Mobile Technology in Politics.

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miércoles, septiembre 07, 2005

Curso de Postgrado en Dirección de Campañas Electorales

La Universidad Europea de Madrid, en colaboración con la consultora de comunicación política MAS Consulting Group, ha creado un título propio de postgrado en Dirección de Campañas Electorales. El curso se impartirá en Madrid de noviembre de 2005 a marzo de 2006. Los profesores son consultores y profesionales del ámbito del márketing político en España, Estados Unidos y México. El postgrado está dirigido a estrategas de campañas, asesores políticos, jefes de prensa, relaciones públicas, y periodísticas políticos.

Más información en la web del curso.

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viernes, septiembre 02, 2005

Call for papers sobre comunicación política

Allá por el año 2003 tuve la fortuna de visitar el campus de la Universidad Fernando Pessoa, situada en la hermosa y entrañable ciudad de Oporto (Portugal). De allí me llega una call for papers para la revista Cadernos de Estudos Mediáticos, cuyo número de marzo de 2006 tendrá como tema central la comunicación política. Se aceptan textos en español y en portugués, de manera que reproduzco la convocatoria en los dos idiomas. Nótese que, para evitar el envío de correos spam, he alterado la dirección electrónica de los coordinadores. Los caracteres “(at)” deben sustituirse por la tradicional arroba: “@”.

Call for papers - Cadernos de Estudos Mediáticos 2005-2006 (Español)

Siguiendo iniciativas anteriores, el Centro de Estudios de la Comunicación de la Universidad Fernando Pessoa pretende publicar, Marzo de 2006, un nuevo número de los Cuadernos de Estudios Mediáticos.

El tema que proponemos para la próxima edición de los Cuadernos es “Comunicación Política”.

Serán aceptadas contribuciones provenientes de las distintas áreas de las Ciencias de la Comunicación: periodismo, medios, publicidad, comunicación de márketing, comunicación audiovisual, comunicación gráfica, etc.

Nos ponemos a su disposición para cualquier esclarecimiento adicional a través de los siguientes contactos:

  • Prof. Doctor Paulo Cardoso: pcardoso(at)ufp.pt
  • Prof. Doctor Álvaro Cairrão: cairrao(at)ufp.pt

Call for papers - Cadernos de Estudos Mediáticos 2005-2006 (Portugués)

No seguimento de iniciativas anteriores, o Centro de Estudos de Comunicação da Universidade Fernando Pessoa pretende publicar, em Março de 2006, um novo número dos Cadernos de Estudos Mediáticos.

O tema que propomos para a próxima edição dos Cadernos é “Comunicação Política”.

Serão aceites contributos vindos das várias áreas das Ciências da Comunicação: jornalismo, media, publicidade, comunicação de marketing, comunicação audiovisual, comunicação gráfica, etc.

Colocamo-nos ao dispor para qualquer esclarecimento adicional através dos seguintes contactos:

  • Prof. Doutor Paulo Cardoso: pcardoso(at)ufp.pt
  • Prof. Doutor Álvaro Cairrão: cairrao(at)ufp.pt

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Los medios importan

Si algún día pudiese hacer una versión radiofónica de este weblog, mi fuente de inspiración no sería otra que Media Matters, un programa semanal dirigido por el profesor Bob McChesney, de la Universidad de Illinois, que se puede descargar en formato mp3 (atención aficionados al podcasting).

Por los micrófonos de este espacio han pasado académicos (Lance Bennet, Michael Delli Carpini), periodistas (Paul Krugman, Naomi Klein) y activistas de diversos media watchdogs. En la presentación de la web del programa, el profesor McChesney dice que “los medios ocupan un lugar central en nuestras vidas, pero a menudo son la parte menos entendida de las mismas. Queremos ayudar a la gente a entender el papel de los medios en la sociedad.”

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viernes, agosto 05, 2005

Conferencia en San Antonio: ¿Cómo recuperar la confianza del público en el periodismo?

El próximo 9 de agosto tendrá lugar en San Antonio (Texas), una jornada dedicada a debatir si la confianza y la calidad pueden ser los valores añadidos que permitan subsistir al periodismo en el siglo que acaba de comenzar. Entre los asistentes, Jay Rosen, padre del periodismo cívico, Philip Meyer, gurú del periodismo de precisión y autor del reciente libro The Vanishing Newspaper: Saving Journalism in the Information Age, y Dan Gillmor, apóstol del periodismo ciudadano. Organiza la Public Journalism Network, presidida por Leonard Witt, de la Kennesaw State University, en el marco del proyecto Journalism and the Public: Restoring the Trust.

He aquí un avance del programa:

A Wake Up Call
Can Trust and Quality Save Journalism?

An Interactive Conference for Journalists, Academics, and Citizen Activists · August 9, 2005 · Marriott Rivercenter Hotel, San Antonio

11:30 a.m. 12:00 p.m. – Registration
Will be wireless and blog friendly?

12:00 – 12:15 Welcome– Leonard Witt/Cole Campbell

12:20 – 1:35 – The Wake Up Call
Is the Mass News Media in a Death Spiral? Can Trust, Quality Save It?

Moderator – Cole Campbell
Issue Introduction – Leonard Witt
Panelists:
· Philip Meyer, UNC, author Vanishing Newspaper
· Dori Maynard, the Maynard Institute

1:40 – 2:55 — Breaking Away from Main Stream Traditions
Will Nonprofits, New Technologies, Citizen Journalism Restore the Trust or Are They More Nails in the Coffin?

Moderator/Commentator – Jay Rosen
Panelists:
· Neil Chase, Deputy Editor, NYTimes.com
· Charles Lewis, founder of the Center for Public Integrity and President, Fund for Independence in Journalism
· Dan Gillmor, author We the Media, Grassroots Journalism, by the People, for the People

2:55 – 3:10 – Snack Break

3:10 – 4:15 – What Do You Mean Restore the Trust?
Have Groups Long Neglected by the Main Stream Media Now Found Their Own Voices?
Moderator: Alice A. Tait, Professor, Central Michigan University
Panelists:
· George Cisneros, VuTure Art, Urban 15 Group, San Antonio
· George White, UCLA Center for Communications and Community
· Alejandro Manrique, Managing Director, Rumbo, San Antonio
· Tino Duran, publisher, La Prensa, San Antonio

4:20 – 5:20 – Mass Media Meets Community and Niche Markets
Is the Roman Empire of Mass Media Disintegrating into Niche Media?

Moderator – Peggy Kuhr, Knight Chair, University of Kansas
Panelists:
· Kendra Hurley, Editor, Youth Media Reporter, ymreporter.com
· Jock Lauterer, UNC, Community News
· Brett Thacker, Managing Editor, San Antonio Express-News

sábado, julio 23, 2005

Fuentes anónimas

Me van perdonar, pero por más que lo intento no entiendo nada el caso Plame, que ha llevado a la controvertida periodista Judith Miller a pasar unos meses a la peor de las sombras, la de la cárcel. Recapitulemos: un conocido comentarista conservador, Robert Novak, desvela en su columna del Washington Post que la mujer del embajador Joseph Wilson, Valerie Plame, era agente de la CIA. Wilson había sido uno de los mayores críticos con la guerra de Irak. En un artículo publicado en el New York Times Wilson había tildado de falsedad la acusación de Bush de que Irak había tratado de comprar uranio en Níger para fabricar armas de destrucción masiva. Ahora todo parece indicar que el fontanero mayor del presidente, Karl Rove, filtró el nombre de la espía a Novak. Desvelar el nombre de una espía se considera delito federal en Estados Unidos, y los que han pagado el pato han sido un periodista de la revista Time, Matt Cooper, que se limitó a dar cuenta de lo dicho por Novak, y Judith Miller, que ni si quiera llegó a publicar historia alguna, pues lo único que hizo fue documentarse al respecto. Cooper ha entregado al juez las notas que recogió durante su investigación y se ha librado de la cárcel. Miller (muy criticada por sus exageradas informaciones sobre el poderío nuclear de Saddam Hussein en los meses previos a la guerra) parece ser la más inocente en este caso, y la que más ha pagado.

El caso Plame ha reabierto el debate sobre el uso de fuentes anónimas en el periodismo, que se ha visto enriquecido por la renovada actualidad del caso Watergate después de la revelación del nombre de Garganta Profunda (el agente del FBI Mark Felt) y por la rectificación de la revista Newsweek, que no pudo confirmar la veracidad de las informaciones relativas a la profanación del Corán en la base de Guantánamo, facilitadas por una fuente anónima.

Son de sobras conocidos los riesgos de usar informaciones provenientes de fuentes que no quieren desvelar su nombre. Pueden ser personas que efectivamente tienen algo importante que contar y temen represalias, o de intoxicadores sin escrúpulos. En cualquier caso, un periodista deberá saber siempre con quién está hablando, aunque después el nombre del informante se oculte. Mas el problema, como dice Douglas McCollam en un reciente artículo aparecido en la Columbia Journalism Review (Agosto 2005), no está en el uso de las fuentes anónimas, sino en la veracidad de las informaciones que éstas aportan:

“But the current obsession with sourcing misplaces focus on the process rather than the product. Just as people don’t care whether they got a piece of news from a newspaper or a cable box or the Internet, they ultimately don’t care if it came from a quoted or anonymous source. They care whether it’s right or wrong (see Mark Felt and the Watergate scandal). Newsweek was forced into its humiliating atonement not because its source for the Koran-flushing allegation was anonymous but because he went wobbly and his information couldn’t be verified. Perhaps there would be less of that if all sources were on the record, but there would also be a whole lot less important news broken. It would be a poor trade-off.”

La función de cuarto poder de la prensa depende, en cierta manera, de la capacidad para proteger a informantes que desean mantener su anonimato. El recurso a este tipo de fuentes debe ser siempre la excepción y nunca la norma, pero la salud de nuestras democracias se la hemos debido, en casos puntuales, a tipos como Mark Felt.

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sábado, julio 09, 2005

Atentados en Londres: ¿el ocaso del periodismo?

La cobertura informativa (es un decir) de los atentados de Londres enfrenta en el fondo a dos teorías sobre el papel de la prensa en la sociedad. La teoría de la responsabilidad social (nacida de la Comisión Hutchins en los años 40) y la teoría libertaria de la información (cuyas raíces se encontrarían en la Aeropagetica de John Milton).

Los defensores de la erradicación de las imágenes violentas han ganado la batalla en estos atentados. La “pornografía de la violencia” de la que habla el politólogo norteamericano Michael Ignatieff en su reciente libro El mal menor (edición española: Taurus, 2005) ha sido contenida, ocultada. Un estricto control informativo por parte de las autoridades, y un presunto civismo de la clase periodística inglesa nos han dejado unos atentados limpios, que no ofenden a ninguna sensibilidad.

En mi modesta opinión, esta nueva política informativa es un gran error que puede tener consecuencias nefastas para la propia investigación policial de los atentados. He aquí las razones de mi descontento:

  • Que los periodistas acaten el apagón informativo del Gobierno no es un ejemplo de civismo y responsabilidad, sino una dejación de funciones que convierte a los medios tradicionales en una fuente de información secundaria, superada por los blogs, que tanto pueden ser una vía de escape a las informaciones negadas por el establishment informativo como una fuente de inexactitudes. Si Woodward y Bernstein se hubiesen plegado a las llamadas al “sentido de estado” y “responsabilidad” que les hacían desde la Casa Blanca, nunca conoceríamos el escándalo Watergate. Cuando el gobierno le pide a un periodista que sea responsable, es para que se autocensure y salvaguarde los intereses del ejecutivo. ¿Acaso la dimisión del presidente Nixon no fue una crisis para un país en medio de una guerra (Vietnam)? Sí, lo fue, pero el mejor servicio del periodismo a la sociedad no es su contribución a la estabilidad gubernamental, sino su incansable búsqueda de la verdad.

  • En el mundo de la información siempre es mejor pecar por exceso que por defecto. Prefiero una imagen hiriente y repugnante a este silencio que, lejos de protegernos, pone en peligro a más vidas humanas. La búsqueda de la exclusiva no debe dar lugar a informaciones inexactas, pero el periodismo no tiene por qué acatar una determinada política gubernamental. La raíz del periodismo es contar lo que se cuece en los salones de los poderosos, para que el pueblo soberano decida si esa representación se atiene a sus intereses. Si desde el primer momento se hablara sin ambages de un atentado, los viajeros podrían haberse fijado en las pintas de tipos aparentemente sospechosos, que seguramente han escapado como Perico por su casa en medio de un parón “por una avería eléctrica”. Con el tiempo sabremos si este control informativo de los primeros momentos detuvo o impidió el inicio de mecanismos de respuesta muy necesarios, como la alerta a los ciudadanos, tanto para su propia protección como para su colaboración en la detección de sospechosos.

  • Como decía el genial Oscar Wilde, el camino hacia infierno está empedrado de buenas intenciones. El no provocar el pánico, el plegarse a las directrices de un gobierno en una situación de crisis, son decisiones que se toman con la mejor de las voluntades del mundo. Pero a un coste altísimo. Si el periodismo empieza a autocensurarse, corre el riesgo de no saber dónde parar. Podemos discutir si es necesario o no ver un cuerpo despedazado en una portada. Pero no podemos acatar un silencio forzoso en nombre de un presunto bien común. El periodismo consiste en informar pese a quien pese. Ya lo decía Ben Bradley, el legendario director del Washington Post durante el Watergate: toda noticia, si es verdad, debe ser publicable.

jueves, junio 30, 2005

Enmarcando los cuatro días de marzo

11 de marzo de 2004. A primera hora de la mañana, varias mochilas bomba explotan en los trenes de cercanías de Madrid, causando 192 muertos y unos 1.500 heridos. El atentado se producía tres días antes de las elecciones generales del 14 de marzo. El conservador Partido Popular, al que todos los pronósticos auguraban una cómoda victoria, acabaría perdiendo en las urnas frente al socialdemócrata Partido Socialista. Un reciente documento de trabajo publicado por el Instituto Elcano examina los encuadramientos (frames) que gobierno y oposición utilizaron para favorecer una determinada interpretación de la masacre. El informe, realizado por el politólogo José A. Olmeda, de la Universidad Española de Educación a Distancia (UNED), se refiere a dos hipótesis que explicarían el vuelco electoral:

  • La hipótesis del miedo. Ante las noticias que apuntaban hacia la autoría islamista en la masacre, el pueblo español se amedrentó. Percibió el atentado como una (¿lógica?) represalia por la participación del gobierno Aznar en la guerra de Irak y votó a los socialdemócratas, que habían sintonizado con la mayoría de los españoles en su rechazo al apoyo gubernamental a la invasión y habían prometido la retirada de las tropas del país iraquí. En cierta manera, el terrorismo habría cumplido sus objetivos (forzar, a través del terror, un cambio de opinión pública) y habría sentado un peligroso precedente para las democracias liberales: los atentados en vísperas electorales pueden dar lugar a resultados que favorezcan los intereses de los terroristas. Los partidarios de esta deducción critican la actuación de la oposición socialdemócrata, que habría convocado (o, de no haber convocado, se habría aprovechado de) las manifestaciones que tuvieron lugar frente a las sedes del PP en varias ciudades españolas en la tarde del 13 de marzo. En estos flash mobs, cuyos participantes fueron convocados a través de páginas web de contra-información y teléfonos móviles, se increpaba al partido gobernante por su deliberado intento de culpabilizar a los terroristas vascos (ETA) y ocultar la autoría islamista por intereses electorales. El razonamiento era el siguiente: de hacer creer al público que los autores de la masacre eran los etarras, el PP revalidaría con creces su mayoría absoluta en el parlamento, pues era el partido que más se había significado en la lucha contra ETA; por el contrario, si el público interiorizaba la autoría islamista, la opinión pública se volvería contra el PP, puesto que el atentado se vería como una respuesta injusta-pero-comprensible a la participación española en la guerra de Irak.

  • La hipótesis del cambio latente. Según esta deducción, no habría habido tal vuelco electoral, sino la culminación del progresivo acercamiento del Partido Socialista al Partido Popular en intención de voto. De no haber existido el 11-M, los dos partidos habrían quedado casi empatados. Fue la errónea gestión de la información durante esos cuatro días de marzo (la insistencia en la intervención etarra frente a las evidencias de la autoría islamista) la que habría provocado que muchos abstencionistas de izquierdas se acercasen a las urnas para expresar su rechazo ante los intentos de manipulación del gobierno. La participación española en la invasión de Irak fue el último de una serie de desencuentros entre el gobierno y gran parte de los españoles, que ya habían expresado su malestar por la reforma de la enseñanza universitaria, la mala gestión de la crisis del petrolero Prestige y el desastre del avión Yak-42. El malestar contra el PP no habría sido flor de un día, sino el resultado de varios desencuentros entre el partido gobernante y sus gobernados.

¿Cuál es la hipótesis más plausible? Antes de dar una respuesta, a más de uno nos gustaría conocer los resultados de los tracking polls que se efectuaron entre los atentados y la jornada electoral, para conocer –aunque sea de manera aproximada- la evolución de la opinión pública a medida que se iba confirmando la autoría islamista y la hipótesis de ETA perdía credibilidad.


El informe de Olmeda examina la confrontación de dos frames, el gubernamental (“la autoría de ETA”) y el de la oposición (“el gobierno miente”). Para el autor del documento, una de las claves del fracaso del gobierno fue la débil argumentación de la intervención española en Irak en los meses previos a los atentados. De haber tratado de convencer a la opinión pública de la necesidad de la guerra, el gobierno Aznar podría haber asumido la participación islamista de la masacre. “Para el gobierno”, escribe Olmeda, “el problema consistía en que no era capaz de elaborar un encuadre omnicomprensivo que incluyese tanto a ETA como a al-Qaeda, de acuerdo con su propia conceptuación de terrorismo” (p. 34). Aznar ha sido uno de los grandes defensores de la teoría del one terrorism, que defiende que todos los terrorismos son iguales, independientemente del contexto en el que se produzcan. El propio presidente del gobierno, en sus declaraciones del 12 de marzo decía que “ninguna sociedad democrática puede admitir que hay terrorismos de géneros distintos o calificaciones morales, que hay terrorismos explicables o inexplicables”. ¿Perdió el PP las elecciones por su torticero manejo de la información en las idus de marzo, además de por su gestión ineficaz y autoritarista de crisis anteriores? ¿O porque una parte importante de la población española vio “explicable” el terrorismo islamista –una justa represalia por la guerra de Irak, inocentes por inocentes– y votó al partido que ofrecía el regreso de las tropas que participaban en dicha guerra?


Olmeda matiza que, a pesar de la obcecación del gobierno en la autoría etarra, las evidencias que apuntaban a la pista islamista nunca fueron ocultadas. Es más, se informó de ellas puntualmente: “El gobierno sostuvo, quizá con demasiada rigidez para algunos oídos, el encuadre de la autoría de ETA, pero siempre mencionó los datos relativos a la otra línea sin dilación” (p. 25). Sin embargo, y precisamente por esa insistencia, cabe pensar que el propio PP y Aznar dudaban de que la población española secundara sus tesis de que todos los terrorismos son iguales. La insistencia en la autoría etarra se podría haber debido, precisamente, a que se temía que los españoles considerasen los atentados de forma diferente dependiendo de su autoría: inexplicables en el caso de ser etarras, explicables si eran de corte islamista.


De las dos hipótesis enunciadas arriba, Olmeda se decanta por la del miedo: “El efecto fundamental es el miedo; este es el clima de opinión que posibilita culpar al gobierno en vez de a/junto con los terroristas” (p. 33).


Los cuatro días de marzo que cambiaron la historia de España (y quién sabe si la del mundo) son un campo de investigación apasionante para los estudiosos de la comunicación política. Además, en este caso, el gobierno y los medios tradicionales no fueron los únicos protagonistas. Los activistas sociales, concentrados el 13-M, jugaron también un papel relevante, quizá crucial. La editorial Los Libros de la Catarata acaba de sacar a la luz un libro coordinado por Víctor Sampedro, 13-M: Multitudes online, en el que varios investigadores estudian el qué, el cómo y el porqué de la que ya se conoce como la noche de los móviles.


A buen seguro, los cuatro días de marzo serán objeto de numerosos libros, artículos y tesis doctorales. Pocas veces la comunicación se reveló tan importante para la política, la democracia y la ciudadanía.

jueves, junio 02, 2005

El poder de los weblogs

En los últimos tiempos los weblogs sobre política y periodismo se han vuelto temibles para los medios tradicionales, al menos en Estados Unidos. A ellos se les atribuye la caída de una de las grandes esfinges catódicas de nuestro tiempo, Dan Rather. El periodista de la CBS adelantó su retirada de las cámaras después de que la blogsfera demostrara, con la colaboración espontánea de ciudadanos anónimos, la falsedad de los informes que cuestionaban el pasado militar del presidente Bush y que habían sido aireados por la CBS a bombo y platillo. En fechas recientes, un directivo de la CNN hubo de dimitir tras la insoportable presión de los bloggers, que se hicieron eco de unas declaraciones en las que este alto cargo había denunciado las muertes de varios periodistas por causa de acciones protagonizadas por el ejército estadounidense en Irak.

¿Se han convertido los blogs en un quinto poder? ¿Es este enjambre cibernético el mejor sustituto de los media watchdogs y los ombudsmen? ¿O han derivado en máquinas de producir rumores que atentan contra el honor de las personas? De todo hay y habrá en la viña de McLuhan. Quizá el mejor análisis disponible hasta el momento sobre el papel de los blogs en la comunicación política se encuentre en un informe preliminar del Pew Internet and American Life Project titulado Buzz, Blogs, and Beyond: The Internet and the National Discourse in the Fall of 2004. El estudio analiza el impacto de los blogs políticos en la agenda de temas de discusión nacional en Estados Unidos durante la campaña presidencial de 2004. Concluye que las bitácoras no fueron las que llevaron la batuta de los temas que se discutieron (o que escandalizaron) durante la campaña que enfrentó a Bush y a Kerry. Los bloggers políticos, dice el informe, fueron iniciadores y seguidores de ruido (buzz) en igual medida. Lo que sí consiguieron fue una discusión más profunda de temas como las referidas noticias de la CBS sobre el pasado militar de George Bush. Los presuntos informes militares que dieron lugar al llamado Rathergate podían ser analizados y contrastados por los propios internautas. Además, los blogs políticos más populares (como el conservador Instapundit o el liberal The Blogging of the President) sirvieron de guía a los periodistas de los medios tradicionales para conocer lo que se estaba debatiendo en los chats demócratas y republicanos.

La campaña del 2004 estuvo sazonada de los pequeños escándalos que tanto gustan a los gurús del márketing político norteamericano: el lesbianismo de la hija del vicepresidente Cheney, la deslealtad de Kerry al denunciar las atrocidades de sus compañeros en Vietnam, el sospechoso bulto de la chaqueta de Bush, que se dijo correspondía a un ingenio electrónico para recibir instrucciones durante los debates electorales... Para saber de qué manera circularon estos y otros asuntos, los autores del estudio analizaron el contenido de cuatro canales:

- Los blogs sobre política (los 40 más destacados)
- Los chats en los que los ciudadanos más politizados dejaban sus mensajes.
- Los webs, newsletters, y weblogs de los equipos de campaña de Kerry y Bush
- Los medios tradicionales (16 en total, entre periódicos impresos y webs de televisiones y radios)

Los investigadores identificaron los 20 temas principales en cada canal, y observaron las correspondencias entre unos medios y otros. Ningún actor particular se erigió en comandante del debate. “Los bloggers”, dice el informe en su página 17, “fueron seguidores y líderes de la agenda. No es posible discernir ningún camino de influencia mono-direccional.”

El trabajo de investigación finaliza con una sugerencia esperanzadora. Si el análisis crítico se impone al insulto fácil y a la caza de brujas, los blogs están en condiciones de convertirse en el perro guardián de los periodistas, un perro mucho más efectivo que los observatorios de medios institucionales: “El discurso nacional se podría beneficiar de un sector que favoreciese la transparencia sobre la opacidad, la conversación sobre la presentación, las pequeñas piezas sobre los grandes trabajos, la flexibilidad frente al anquilosamiento, lo abierto frente a lo conclusivo, la documentación sobre la descripción y, paradójicamente, la individualidad frente a la institucionalización” (p. 31). Que así sea.

martes, mayo 17, 2005

Comunicación internacional y conflicto

Desde hace cuatro años, una conferencia sobre Comunicación Política precede a la celebración del encuentro anual de la Asociación Americana de Ciencia Política (APSA). Es la Political Communication Pre-Conference, que en esta edición, programada para el 31 de agosto de 2005 en Washington D.C., reúne una serie de ponencias en torno al tema Comunicación Internacional y Conflicto.

Las conferencias se repartirán entre dos de las principales universidades de la capital norteamericana: la Georgetown y la George Washington. Reproduzco a continuación el programa preliminar del encuentro:

International Communication and Conflict
The 4nd annual Pre-APSA Conference on Political Communication
August 31, 2005

Panel 1: Presidency and the Press after 9/11
Georgetown University
  • Stephen Farnsworth, University of Mary Washington and S. Robert Lichter, George Mason University. Presidents in War and Peace: Television News Coverage of Military and Foreign Policy.
  • Shana A. Kushner, Princeton University. The Politics of Fear: The effects of threat and television on foreign policy opinion.
  • Nathalie Frensley, University of Texas; Gregory Brown, University of Texas; and Nelson Michaud, Universite du Quibec. Measuring Soft Power: Presidential Framing of September 11 and Australian Press Coverage

Panel 2: Information, Communication and Bounded Rationality
Georgetown University

  • Scott Wright, Democracy, Deliberation and Design: the Case of Online Discussion Forums
  • Jason Brozek, University of Wisconsin-Madison. Building a Better War Machine: Markets, Resolve, and Efficiency
  • Frank Louis Rusciano, Rider University. Simulation, Simulacra, and Seduction: Political Communication and Strategic Defense Initiative
  • Cristina Bicchieri, University of Pennsylvania and Azi Len-on, New York University. Computer-Mediated Communication and Cooperation in Social Dilemmas: An Experimental Analysis

Panel 3: Propaganda and Public Support for War
Georgetown University

  • Jill Edy, University of Oklahoma and Patrick C. Meirick, University of Oklahoma. Wanted, Dead or Alive: Predicting Public Support for the War in Afghanistan
  • A Trevor Thrall, University of Michigan-Dearborn. War, News, and Public Opinion
  • Jason Barabas, Harvard University. Message Clarity in Mediated Deliberation: How Elite Claims Regarding Iraqi Weapons of Mass Destruction Affect Public Knowledge
  • Mark Allen Wolfgram, Carleton University. Democracy and Propaganda: NATO’s War in Kosovo
  • Ben D. Mor, University of Haifa. Propaganda Wars: Rhetoric and Dynamics

Panel 4: Public Diplomacy, Media and Cultural
Georgetown University

  • Antonio Lambino II, University of Pennsylvania. Deliberative Public Diplomacy
  • Misti Williams, University of Washington. Quitting While Ahead: An Analysis of US Public Diplomacy Efforts Within the Middle East.
  • J.P. Singh, Georgetown University. Public Diplomacy, International Negotiations, and Cultural Identity
  • Jing Sun, University of Wisconsin. China as Mirror: How Japanese Newspapers Watch China: 1972-2003.

Panel 5: Public Opinion and the Iraq War
The George Washington University

  • Scott Althaus, University of Illinois-Urbana. Is Public Support for America’s Wars Really Won or Lost on Television? Debunking the Spin Myth
  • Stefaan Walgrave and Joris Verhulst, University of Antwerp, Belgium. Media Coverage, Politics, Public Opinion and Activists’ Opinion in Eight Countries
  • Sean Aday, The George Washington University. It's the War, Stupid: Exploring the Relative Power of Media and Political Predispositions in Shaping Foreign Policy Attitudes in the Persian Gulf and Iraq wars

Panel 6: Mapping 21st Century Public Diplomacy: Transformation, Transparency, Technologies, and Strategy
The George Washington University

  • Donna Oglesby, Eckerd College. A Pox on Both our Houses
  • Kristin Lord, The George Washington University. Linking Theory and Practice: What Academics (Should Have to) Say about Public Diplomacy
  • Joshua Fouts, Public Diplomacy Center, University of Southern California. Rethinking Public Diplomacy for the 21st Century: A Toolbox for Engaging the Hearts and Minds of the Open Source Generation
  • Bruce Gregory, Public Diplomacy Institute, The George Washington University. Public Diplomacy and Strategic Communication: Cultures, Firewalls, and Imported Norms

Panel 7: Framing Conflict and Peace
The George Washington University

  • Sam Robison, Louisiana State University. Framing the Troubles: The Role of British and Irish Media in the Northern Ireland Peace Process
  • Carolyn Lee, University of Washington. A Lasting Peace?: Framing Patterns of the Northern Ireland Conflict in the British Media
  • Justin Martin, University of Florida and Andrew Paul Williams, Virginia Tech University. Media Framing of Afghanistan’s First National Democratic Elections
  • Kazuhiro Maeshima, University of Maryland. The Social Construction of Evil: Comparative Content Analysis Between the U.S. and Japanese Media Concerning the Iraq War
  • Athanassios N. Samaras, Oppositional Decoding of the War on Terrorism Master Frame: Framing Gulf War II in the Greek Press

Panel 8: Global News Coverage of Conflict
Georgetown University

  • Francis A. Beer and G. R. Boynton, University of Iowa. Insurgents, Rebels, and Anti-U.S. Fighters: Aljazeera, BBC World, and CNN World Construct the Iraqi Aftermath
  • Dietlind Stolle, McGill University and Marc Hoogle, Catholic University Leuven, Belgium. Chronicle of a War Foretold: A Comparative Study of Media Framing in Television News Broadcasts in Preparation to the War in Iraq
  • Gadi Wolfsfeld, Paul Frosh, Maurice T. Awabdy, The Hebrew University of Jerusalem. Journalistic Mechanisms for Covering Death in Violent Conflicts: News about the Second Intifada on Israeli, Palestinian, and Al-Jazeera Television

Panel 9: From Media Events to Event-driven News: The Changing Landscape of News
The George Washington University

  • Elihu Katz, University of Pennsylvania and Tamar Liebes, Hebrew University of Jerusalem. ‘No More Peace’: How Disaster, Terror and War Have Upstaged Media Events
  • Tamar Liebes and Menahem Blondheim, Hebrew University of Jerusalem. From Staging Ritual to Managing Disaster: Live Television in Historical Moments
  • W. Lance Bennett, University of Washington; Regina Lawrence, Portland State University; and Steven Livingston, The George Washington University. A Press Dependency Model: Defining the Limits of Event-driven News
  • Phil Gussin, University of California, Los Angeles. Views that Matter: How Visual Representations of Protest in Television News Shape Political Preferences

sábado, mayo 07, 2005

Oda a las sedes periodísticas

Recuerdo cuando, todavía adolescente, me detenía frente a la antigua sede de La Voz de Galicia en A Coruña. Era un edificio acristalado, coronado por el rótulo de letras góticas rojas que caracteriza a la centenaria cabecera gallega. La sección de Local estaba en la planta baja, de manera que si uno se acercaba al ventanal podía ver a los periodistas trabajar en sus ordenadores. “Algún día –me decía- seré uno de esos.” Mi deseo, afortunadamente, se cumplió. Al menos por tres meses, los mismos que trabajé como redactor en prácticas en la sección Galicia.

En el otoño de 1999, La Voz de Galicia mudó su redacción central a un polígono de industrial cercano a la ciudad. El solar que ocupaba el periódico, en la calle Concepción Arenal, lo habita ahora un edificio de apartamentos. La tendencia de los periódicos a emigrar hacia los polígonos industriales es casi universal. Ya no hay diferencia entre los procesos intelectuales (la producción de noticias, que tenía lugar en la ciudad) y los procesos industriales (la impresión del periódico, que desde hace años tenía lugar en las afueras).

Las empresas de la información merecen estar en el centro de las ciudades, a la misma altura que las sedes de los bancos o los despachos de abogados. Los medios son una institución de poder. El lugar donde trabajan los profesionales de la mediación, aquellos a los que la sociedad ha encargado la tarea de que se la mantenga informada. Los periódicos son catedrales de la sociedad civil, no fábricas de palabras. Merecen estar en los centros urbanos, no en los polígonos industriales.

Por eso me gusta la sede del Chicago Tribune, cuya arquitectura se inspira en las catedrales góticas europeas, y es desde hace años uno de los edificios más característicos de la ciudad. ¿No es maravilloso que uno de los iconos más reconocibles de la tercera ciudad de Estados Unidos sea la sede de un periódico? Times Square, la plaza neoyorkina que epitomiza este mundo global, debe su nombre al New York Times. Periódico que, por cierto, ha tomado la acertada decisión de encargar su nueva sede al prestigioso arquitecto Renzo Piano. El edificio proyectado es vertical y transparente, no horizontal ni opaco.

Las sedes de los periódicos deben ser altas, rascacielos cuando el entorno urbano lo permita. Su altura simboliza el deseo de alcanzar la verdad. Se elevan sobre la animalidad del terreno para discutir con frialdad las ideas. Y deben cristalinas. Deben predicar con el ejemplo de transparencia que exigen al resto de la sociedad.

miércoles, abril 20, 2005

Nuevos media y cambio social: Conferencia internacional en Budapest

Las nuevas tecnologías de la comunicación se han convertido en herramientas imprescindibles para los activistas sociales. Es más, el activismo social ha cambiado en sí mismo gracias a Internet y a la telefonía celular. Ahora las convocatorias circulan por un nuevo boca a boca, el de los mensajes encadenados a través del correo electrónico o los teléfonos móviles.

Las manifestaciones contra la guerra de Irak celebradas en todo el mundo el 15 de febrero de 2003 no se entenderían sin estas nuevas tecnologías. En España todavía se debate si el vuelco electoral del 14 de marzo de 2004 se debió a la circulación masiva de mensajes de teléfono móvil en los que se llamaba a una especie de rebelión cívica contra el Gobierno del Partido Popular por tratar de ocultar la implicación de terroristas islámicos en los atentados del 11 marzo.

El papel de las nuevas tecnologías en el activismo social es el tema central de la conferencia internacional Re: activism: Re-drawing the boundaries of activism in a new media environment, que tendrá lugar en Budapest (Hungría) los días 14 y 15 de octubre de 2005. Las jornadas tienen la intención de reunir a académicos y a activistas sociales para debatir el potencial transformador de los nuevos media. Ya han confirmado su asistencia Saskia Sassen (University of Chicago), Nicholas Jankowski (University of Nijmegen), Michael X. Delli Carpini y Barbie Zelizer (ambos de la University of Pennsylvania).

Tanto los investigadores como los activistas tienen de plazo hasta el 14 de junio de 2004 para enviar los resúmenes de sus conferencias y exhibiciones, respectivamente. El intervencionismo estatal en la Era de la Información, los usos cívicos de las nuevas tecnologías de la comunicación y el papel de los nuevos media en los procesos electorales democráticos serán algunos de los temas que se tratarán en los paneles de discusión.

La conferencia está organizada por la Budapest University of Technology and Economics, la Central European University, el Open Society Institute y la Annenberg School of Communication de la University of Pennsylvania. Más información en http://www.re-activism.net/

domingo, abril 10, 2005

Blogs y periodismo

En un artículo publicado en la edición de marzo de la revista The Saint Louis Journalism Review, Joe Pollack critica la falta de rigor ético y estilítico de los bloggers, a los que tilda de soberbios. Cito un par de párrafos:

  • More than anything, I resent that bloggers hide behind the well-known cloak of anonymity. They can say what they please, without regard for truth, accuracy or even common decency, and let the Devil take the hindmost, defending their actions by saying that they are free to speak the truth (as they see it).
  • My interest in blogs and bloggers is minimal. I'd rather read the New Yorker, or Texas Monthly, or a book or even watch television than waste my time reading the misspelled, ungrammatical, virulent opinions of someone (...) whose maturity is non-existent.

¿Estamos ante la resurrección del debate entre apocalípticos e integrados (esta vez con los blogs substituyendo a la cultura de masas como centro de la polémica)? ¿O ante una acertada denuncia de la cantidad de literatura baldía que inunda la blogsfera?

Continúe leyendo la pieza de Joe Pollack, "Blogs are not journalism", aquí.

viernes, marzo 25, 2005

El nuevo máster de Columbia

Pues sí, ya está aquí. La Columbia School of Journalism, la escuela de Periodismo más prestigiosa del mundo, ha abierto el plazo de admisión de solicitudes para su nuevo máster en Periodismo. El programa dura un año y está especialmente diseñado para completar la educación de los estudiantes que ya han cursado el tradicional máster (también de un año) por el que la escuela se ha hecho famosa. Pero también se aceptarán titulados en periodismo de otras universidades o incluso periodistas en ejercicio que no tienen ningún título en periodismo.

El objetivo del nuevo programa es ofrecer a sus alumnos la oportunidad de especializarse en política, economía, cultura o ciencia, según informa Emma Daly en el New York Times (25 de marzo, 2005). Sabedores de lo privativa que resulta la educación en la Universidad de Columbia (más de 50,000 dólares anuales) los directores del máster y el propio rector han prometido ayuda financiera para los agraciados admitidos. Serán un total de 24 ó 25, pero la escuela planea reclutar unos 200 dentro de pocos años.

Habrá dos cursos obligatorios: uno versará sobre la Historia del Periodismo y el otro impartirá conocimientos sobre “evidencia e inferencia”. El responsable de este último será Nicholas Lemann, decano de la escuela y una de las firmas habituales en la revista New Yorker. Los alumnos, dice el New York Times, estudiarán cómo encontrar e interpretar estadísticas, archivos y documentos legales.

El máster ofrecerá además cuatro cursos de duración anual. Cultura, economía y negocios, política y ciencia serán los temas de estos seminarios, que estarán específicamente orientados a educar periodistas.

Esta es la propuesta de la escuela fundada por Joseph Pulitzer para instruir a los profesionales de la información del Siglo XXI. Los interesados en solicitar admisión en el programa sólo tienen que hacer clic aquí.

miércoles, marzo 16, 2005

Los think tanks y la pluralidad de ideas

En una carta destinada a captar nuevos miembros, Edward H. Crane, presidente del Cato Institute, habla sobre el papel de los think tanks en la batalla de las ideas: "Aunque las universidades evidencian una tendenciosidad izquierdista monolítica, no hay un punto del espectro político que no esté representado por un think tank". Crane secunda los argumentos del historiador Alan Kors, para quien este tipo de organizaciones son “la respuesta del mercado a la conformidad intelectual y a la inactividad de los departamentos de ciencias sociales de muchas universidades americanas”. En opinión del presidente del Cato Institute, Kors da en el clavo al denunciar “la falta de apertura intelectual en la academia”, que estaría detrás de la incapacidad de las universidades para tratar con rigor los asuntos más acuciantes.

A juicio de estos autores, los think-tanks (en ocasiones definidos como “universidades sin estudiantes”) son la consecuencia inevitable de la esclerotización de las mastodónticas y antaño prestigiosas universidades. Sus argumentos no son tan distintos a los de los defensores de la partidización de los medios de comunicación norteamericanos. En cierto modo, los blogs son a la prensa de referencia lo que los think tanks a las universidades. Más pequeños, más ágiles y... ¿más libres para opinar?

Dos notas interesantes:

  • Kors, historiador de la Universidad de Pensilvania, es co-autor del libro The Shadow University (1999), una diatriba contra la "corrección política" de los campus norteamericanos.
  • El Cato Institute es el cuarto think tank en América en presupuesto (17.6 millones de dólares), pero su página web recibe más visitas que cualquier otro think tank. Al menos, eso es lo que dice Crane en su carta.

viernes, marzo 04, 2005

Así nace (y se hace) un neocon

Guy Benson tiene 19 años y estudia periodismo en la prestigiosa Medill School of Journalism de la Universidad de Northwestern, en Chicago. Está llamado a ser la próxima estrella del canal Fox News, aunque no me sorprendería verlo como candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos en la tercera década del siglo XXI.

Benson es el protagonista de la portada del periódico Chicago Reader esta semana. En un magnífico reportaje, Christopher Hayes nos introduce en la vida de este joven activista de derechas. Benson es el miembro más destacado de los Northwestern University College Republicans. Durante tres veranos hizo prácticas en Fox News y adopta el rol de tertuliano conservador en un programa de radio de su universidad.

Lo interesante del relato de Hayes es la oportunidad que nos brinda para conocer cómo nace, crece y se desarrolla un neocon. Si hay algo admirable en los políticos de la derecha norteamericana es su capacidad de argumentación, su habilidad para dominar el debate político a través de efectivas metáforas que, repetidas una y otra vez, acaban siendo parte del lenguaje común. Hoy todos sabemos que Europa es de Venus y Estados Unidos de Marte. Que Naciones Unidas es una organización corrupta y desfasada. Que Chirac era poco menos que amigo íntimo de Sadam. Que Kerry era un “flip-flopper” y un “wishy-washy”, esto es, un candidato que cambiaba de opinión como de chaqueta.

La batería argumental de la derecha norteamericana (de la que se alimentan el resto de las derechas mundiales, sobre todo la británica) no es fruto de la improvisación, sino del arduo trabajo de think tanks como el Project for the New American Century o la Heritage Foundation. Ese es el abrevadero de donde beben los tertulianos de Fox News y los jóvenes activistas como Guy Benson. El hecho de que los neocons crezcan en un ambiente hostil (la mayoría de los campus norteamericanos son de izquierdas) no hace más que mejorar su capacidad argumentativa. “Como muchos otros en la derecha”, escribe Hayes, “él [Benson] es mejor comunicando porque se ha visto forzado a pasar toda su carrera universitaria discutiendo con los demócratas. De manera que él y sus amigos rebuscan en sus fuentes, perfeccionan sus argumentos y llegan a ser virtualmente imbatibles. No ocurre lo mismo con los demócratas en las universidades de elite. Somos buenos [el autor del reportaje se declara abiertamente de izquierdas] debatiendo acerca de lo clasista que es la guerra contra la droga, o sobre el carácter subversivo del porno. Pero cuando nos echan al auténtico mundo político no estamos lo suficientemente curtidos como para ganar un debate... o unas elecciones”.

Christopher Hayes ejemplifica con unas declaraciones de Benson la habilidad de la derecha a la hora de enmarcar los acontecimientos. Cuando el joven estudiante fue preguntado acerca de las dificultades económicas que atravesaba Air America (radio pro-demócrata) el año pasado, Benson respondió que “el problema de Air América es que es una maniobra de relaciones públicas generada artificialmente. Antes de su creación, el mercado libre no demandaba una radio izquierdista de perfil intelectual, porque de haber sido así habría surgido espontáneamente. El hecho de que una pequeña elite de demócratas ricachones decidiese que una radio de esas características era necesaria significa muy poco”. A juicio de Hayes, la declaración de Benson es “una virtuosa muestra de right-wing framing. En tan sólo unas pocas frases Guy fusiona dos mitos centrales para los conservadores: el juicio superior del ‘mercado libre’ para producir los mejores resultados, y los esfuerzos de la temible ‘elite de demócratas ricachones’ para empujar sus ideas a través de las gargantas de la confiada ciudadanía. La cita era tan buena que acabó siendo referida con aprobación en numerosos websites conservadores”.

Finalmente, Hayes apunta un dato que invita a la reflexión: “Treinta, veinte, incluso diez años atrás, un joven y apasionado activista político como Guy estaría estudiando Ciencias Políticas con miras a conseguir un trabajo en la Colina del Capitolio.” Pero Guy Benson estudia periodismo. Y, por lo que sabemos, es un genio comunicando.