La visita de Robert Entman a Madrid este jueves 16 de abril
coincidía con la celebración del 50 aniversario del estreno de la
película 'Todos los hombres del presidente', de Alan J. Pakula (1976),
el célebre film que convirtió en leyenda a los periodistas del
Washington Post que destaparon el escándalo Watergate. Y fue
precisamente con el malogrado Nixon con quien el insigne politólogo
quiso comparar a Trump, por aquello de intentar entender la actual
deriva populista y carnavalesca de la democracia norteamericana.
Mientras que la popularidad de Nixon entre los republicanos descendió
del 85 al 50% a medida que se iba conociendo el juego sucio contra los
demócratas en los 70, en el caso de Trump su popularidad ha salido casi
indemne, manteniéndose alrededor del 88%. En su charla en el Espacio LATE de Madrid organizada por la Asociación de Comunicación Política (ACOP), Entman se preguntó qué es lo que hace a los republicanos tolerar
tanta información negativa sobre Trump.
La
comunicación política no sería la única variable explicativa. Cierto es
que, en comparación con los 70, la esfera pública norteamericana ya no
merece llamarse tal, pues está divida en dos campos, como demostraron
Benkler y colegas en su libro Networked propaganda (2018): los
demócratas todavía se exponen a los argumentos republicanos en medios
más o menos neutrales, pero los republicanos viven en su propia burbuja
de propaganda autorreferencial. Unos republicanos que, en paralelo, han
abandonado el centro y se aproximan al 'iliberalismo' de partidos como
el húngaro Fidesz, según los datos del proyecto Varieties of Democracy (V-Dem). Curiosamente,
toda esta evolución no sería flor de un día, sino que habría arrancado
precisamente en 1971, con el memorando Powell, una respuesta de las
élites económicas al 'ataque a la libertad de empresa' de la izquierda.
Reagan habría sido de los primeros en alterar el marco, definiendo al
gobierno no como la solución, sino como el problema. Una posición que ni
siquiera la izquierda se atrevería a cuestionar frontalmente, pues la
alternativa de Bill Clinton no dejaría de abrazar el neoliberalismo, un
concepto que, advirtió Entman, la prensa norteamericana solo aplica a
países extranjeros como Argentina o Chile, nunca a su política
doméstica.
El panorama mediático en EE.UU. se
caracteriza según Entman por una "reducción de la exposición al
periodismo". Una esfera pública reducida conduce necesariamente a un
sentido de comunidad mermado, apuntó. La vieja esfera pública distaba de
ser perfecta, pero a decir de Entman al menos ofrecía una 'competencia
de marcos' (frame contest) al que la mayoría de la población estaba
expuesta. En esa vieja esfera donde todavía se compraban y leían
periódicos, tanto las clases adineradas y universitarias como las clases
medias que no habían pasado de la secundaria se exponían a un mensaje
periodístico común. Ahora la lectura de prensa es claramente un signo de
elitismo.
Recordando un paper con su colega Niki Usher, Entman definió la actual esfera pública como un entorno
definido por cinco 'válvulas de bombeo' digitales: las plataformas, la
analítica constante de cada comportamiento, los algoritmos, los medios
partidistas y los rogue actors, que pueden ser hackers o trolls como el
propio Trump. Esta nueva ecología digital prima con sus algoritmos la
emoción y el odio. Trump lo sabe y, a través de su discurso, contribuye a
crear dos comunidades imaginadas superpuestas, el nosotros (los buenos)
frente a ellos (los malos). Ausente el contrapeso del periodismo
tradicional, "las élites se sienten más seguras de su poder para
manipular a las masas en este nuevo ambiente de medios digitales",
lamentó Entman.
En un turno de preguntas del
público muy animado, Entman especuló con algunas posibles soluciones.
Para contrarrestar el poder de las plataformas, las élites deben guiar
la respuesta de política pública, como se está haciendo con las
restricciones de acceso a los menores. En el caso particular de EE.UU.,
Entman no exculpa a los demócratas, que en las últimas elecciones
presidenciales perdieron el apoyo de los jóvenes, los latinos, los
negros y las mujeres de raza blanca, entre otros grupos demográficos. En este contexto de democracia
sentimental, quizá la clave consista en contar historias que resuenen
emocionalmente sin sacrificar el respeto por la verdad. No será fácil,
se teme Entman, porque el miedo al cambio podría estar haciendo aflorar
esa 'personalidad autoritaria' con la que Adorno y colegas explicaron el éxito del fascismo.
Entman,
profesor emérito de la George Washington University, visitó Madrid de
la mano del profesor Carlos Arcila, catedrático de comunicación en la
Universidad de Salamanca. Anteriormente, como comentó la ex presidenta
de ACOP María José Canel, Entman había participado junto a George Lakoff
en el primer encuentro internacional de la asociación en Bilbao, allá por el verano de 2010. Fue un congreso estelar que reunió a dos de los
más célebres estudiosos del framing, Entman desde la comunicación
política, Lakoff desde la lingüística.
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