miércoles, octubre 14, 2026

Un mapa de Youtube en España

De izquierda a derecha: Ariadna Matamoros-Fernández, Bernhard Rieder y Òscar Coromina 

Está en todas las smart TVs que han reemplazado a las viejas cajas de tubos catódicos. Está en las tablets con las que se intenta calmar o distraer a los infantes y ha batido a las apps de audio como plataforma de referencia para los podcasts. Hablamos de Youtube, uno de los sitos web aurorales de la llamada Web 2.0, aquella que daba protagonismo a la relación entre usuarios por encima del one-to-many de la era del broadcast. El amateurismo de hace dos décadas se ha perdido y hoy en día Youtube promete dar los 15 segundos de fama warholianos, pero a un alto coste. Según Òscar Coromina, investigador de la Universitat Autònoma de Barcelona a cargo de un proyecto financiado por la Fundación LaCaixa que pretende ofrecer el primer mapa de canales y comunidades de Youtube en España y Portugal, los Youtubers son vulnerables, están sometidos a las veleidades algorítmicas de la plataforma. Algunos se queman por el camino de la ansiada fama (la mitad de los canales existentes ya no se actualizan) y cada vez se publica contenido más deprisa y de menor duración.

Según un avance de resultados presentado este miércoles, 14 de octubre de 2026, ante el Grupo de Investigación en Comunicación Políticas y Ciudadanía de la Universidad Carlos III,  en España hay cerca de dos millones de canales en Youtube, de los cuales superan el millar de suscriptores (el umbral que permite a los creadores monetizar sus vídeos) unos 262.000, esto es, un 18%. Coromina y colegas consideran creadores de contenidos profesionales a aquellos canales que superan los cien mil seguidores. Son la élite de Youtube en España: se llevan el 80% de los ingresos pese a producir solamente un 20% de los vídeos.

Hace cinco años, el vídeo promedio de Youtube duraba unos diez minutos; ahora el vídeo típico ronda el minuto y medio. Más de la mitad del contenido que se publica en Youtube no supera los 180 segundos. Los llamados ‘shorts’ son la fórmula más efectiva para crecer en número de seguidores. Es lo que Coromina y colegas denominan una ‘tiktokización’ de Youtube: los cortos concentran el 77% de las visualizaciones.

La mitad de los canales existentes en Youtube están abandonados, es decir, llevan al menos dos años sin publicar contenido nuevo. El abandono es más frequente entre aquellos usuarios que no llegan a la barrera profesional de los cien mil seguidores.

A partir de la lectura de los títulos de los vídeos, un modelo de Inteligencia Artificial es capaz de clasificarlos por temas. Curiosamente, la categoría más popular (Historia, política y sociedad, con un 22,4% de los vídeos publicados) captura solamente un 7,7% de la audiencia. Son los vídeos de humor los que consiguen un 43% de las visualizaciones pese a representar solamente un 16% de los vídeos publicados. El contenido infantil es relativamente escaso (representa menos de un 2% de los vídeos publicados) pero acumula una notable audiencia (un 5% de las visualizaciones).

La Inteligencia Artificial es también capaz de mapear redes de homofilia. Así, los usuarios que se suscriben al contenido esotérico-político de Íker Jiménez suelen seguir canales de fintech y de persuasión política conservadora. La llamada ‘manosfera’ es una atmósfera en la que se respiran artes marciales, apuestas deportivas, fitness...

El público asistente comentó que a veces el contenido político se cuela en los vídeos de gaming, por lo que podría haber más contenido político del que se podría inducir a partir de los títulos de los vídeos. También apuntó que monetización de las visualizaciones no depende tanto de la cantidad sino de la calidad (un visionado desde USA ofrece más réditos que uno desde Cuba) y que el engagement (los comentarios) podría estar más presente en los vídeos largos que en los cortos.

El equipo de Coromina y colegas ha conseguido hacer dos instantáneas (snapshots) de Youtube a escala mundial, en 2019 y en 2025. Antes de la pandemia, la plataforma contaba con 36 millones de canales, de los cuales cuatro millones superaban la barrera de monetización de los mil usuarios. En la actualidad, Youtube ha multiplicado por cinco la cantidad de canales alojados hasta llegar a los 135 millones. De ellos, 24,5 millones superan la barrera de los mil seguidores.

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martes, abril 21, 2026

Robert Entman en Madrid: ¿es posible explicar a Trump?

El politólogo Robert Entman, el jueves 16 de abril de 2026 en el Espacio LATE de Madrid.

La visita de Robert Entman a Madrid este jueves 16 de abril coincidía con la celebración del 50 aniversario del estreno de la película 'Todos los hombres del presidente', de Alan J. Pakula (1976), el célebre film que convirtió en leyenda a los periodistas del Washington Post que destaparon el escándalo Watergate. Y fue precisamente con el malogrado Nixon con quien el insigne politólogo quiso comparar a Trump, por aquello de intentar entender la actual deriva populista y carnavalesca de la democracia norteamericana. Mientras que la popularidad de Nixon entre los republicanos descendió del 85 al 50% a medida que se iba conociendo el juego sucio contra los demócratas en los 70, en el caso de Trump su popularidad ha salido casi indemne, manteniéndose alrededor del 88%. En su charla en el Espacio LATE de Madrid organizada por la Asociación de Comunicación Política (ACOP), Entman se preguntó qué es lo que hace a los republicanos tolerar tanta información negativa sobre Trump.

La comunicación política no sería la única variable explicativa. Cierto es que, en comparación con los 70, la esfera pública norteamericana ya no merece llamarse tal, pues está divida en dos campos, como demostraron Benkler y colegas en su libro Networked propaganda (2018): los demócratas todavía se exponen a los argumentos republicanos en medios más o menos neutrales, pero los republicanos viven en su propia burbuja de propaganda autorreferencial. Unos republicanos que, en paralelo, han abandonado el centro y se aproximan al 'iliberalismo' de partidos como el húngaro Fidesz, según los datos del proyecto Varieties of Democracy (V-Dem). Curiosamente, toda esta evolución no sería flor de un día, sino que habría arrancado precisamente en 1971, con el memorando Powell, una respuesta de las élites económicas al 'ataque a la libertad de empresa' de la izquierda. Reagan habría sido de los primeros en alterar el marco, definiendo al gobierno no como la solución, sino como el problema. Una posición que ni siquiera la izquierda se atrevería a cuestionar frontalmente, pues la alternativa de Bill Clinton no dejaría de abrazar el neoliberalismo, un concepto que, advirtió Entman, la prensa norteamericana solo aplica a países extranjeros como Argentina o Chile, nunca a su política doméstica. 

El panorama mediático en EE.UU. se caracteriza según Entman por una "reducción de la exposición al periodismo". Una esfera pública reducida conduce necesariamente a un sentido de comunidad mermado, apuntó. La vieja esfera pública distaba de ser perfecta, pero a decir de Entman al menos ofrecía una 'competencia de marcos' (frame contest) al que la mayoría de la población estaba expuesta. En esa vieja esfera donde todavía se compraban y leían periódicos, tanto las clases adineradas y universitarias como las clases medias que no habían pasado de la secundaria se exponían a un mensaje periodístico común. Ahora la lectura de prensa es claramente un signo de elitismo. 

Recordando un paper con su colega Niki Usher, Entman definió la actual esfera pública como un entorno definido por cinco 'válvulas de bombeo' digitales: las plataformas, la analítica constante de cada comportamiento, los algoritmos, los medios partidistas y los rogue actors, que pueden ser hackers o trolls como el propio Trump. Esta nueva ecología digital prima con sus algoritmos la emoción y el odio. Trump lo sabe y, a través de su discurso, contribuye a crear dos comunidades imaginadas superpuestas, el nosotros (los buenos) frente a ellos (los malos). Ausente el contrapeso del periodismo tradicional, "las élites se sienten más seguras de su poder para manipular a las masas en este nuevo ambiente de medios digitales", lamentó Entman.

En un turno de preguntas del público muy animado, Entman especuló con algunas posibles soluciones. Para contrarrestar el poder de las plataformas, las élites deben guiar la respuesta de política pública, como se está haciendo con las restricciones de acceso a los menores. En el caso particular de EE.UU., Entman no exculpa a los demócratas, que en las últimas elecciones presidenciales perdieron el apoyo de los jóvenes, los latinos, los negros y las mujeres de raza blanca, entre otros grupos demográficos. En este contexto de democracia sentimental, quizá la clave consista en contar historias que resuenen emocionalmente sin sacrificar el respeto por la verdad. No será fácil, se teme Entman, porque el miedo al cambio podría estar haciendo aflorar esa 'personalidad autoritaria' con la que Adorno y colegas explicaron el éxito del fascismo.

Entman, profesor emérito de la George Washington University, visitó Madrid de la mano del profesor Carlos Arcila, catedrático de comunicación en la Universidad de Salamanca. Anteriormente, como comentó la ex presidenta de ACOP María José Canel, Entman había participado junto a George Lakoff en el primer encuentro internacional de la asociación en Bilbao, allá por el verano de 2010. Fue un congreso estelar que reunió a dos de los más célebres estudiosos del framing, Entman desde la comunicación política, Lakoff desde la lingüística. 

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martes, marzo 10, 2026

Polarización política: desde USA para el mundo

De izquierda a derecha, Adriana Amado, Ángel Villarino y Juan Luis Manfredi, este lunes en Casa América (Madrid)

Este mes de marzo tendrán lugar las elecciones al parlamento de Dinamarca. Para contar los participantes en los debates electorales televisados no bastan los dedos de una mano. Todos los candidatos saben que el gobierno resultante será una coalición de partidos que no tendría por qué ser ideológicamente homogénea. De hecho, la actual primera ministra socialdemócrata danesa llegó a plantear la conveniencia de formar una coalición de gobierno que incluyera al principal partido de centro-derecha, Venstre.

Ahora saltemos de Escandinavia a Iberia, con la facilidad con la que lo haríamos en Google Earth. El líder dimisionario de las juventudes del Partido Popular anuncia a bombo y platillo que se pasa a Vox, el partido que, a su juicio, sabe guardar las esencias de la auténtica defensa de la unidad española. La idea de una ‘gran coalición’ no es solo indeseable para muchos actores políticos. Es inconcebible. Pocos recuerdan que en vísperas de las elecciones generales de 1979, una de las ideas que flotaba en el ambiente era una posible coalición entre UCD y el PSOE.

Habrá quien vea en las grandes coaliciones un grave peligro de desideologización de la política… incluso un riesgo de autolesión: si la gran coalición no funciona, ¿qué nos quedaría? ¿Cuál sería la alternativa? ¿No sería ésa la evidencia del fracaso de la política como método de gestión de los asuntos públicos? El otro extremo de la ensalada consociativa es la polarización, que parece haberse contagiado desde los Estados Unidos de América al resto de Occidente. Una polarización que no sería solo política, sino también afectiva: la idea de tener un amigo, no digamos una pareja, que vote al otro partido se hace cada vez más improbable. Como la de un ateo que acompañe a su esposa a la puerta de una iglesia un domingo, para que ella oiga misa mientras él se da un paseo por el parque.

¿Cómo hemos llegado aquí? Este lunes, 9 de marzo de 2026, una mesa redonda reunió en la Casa de América en Madrid a un panel de académicos que presentaban sus contribuciones a un nuevo número de la revista Tribuna Norteamericana, el 48, centrado en esta ocasión en la polarización política en Estados Unidos. Moderados por el periodista de El Confidencial Ángel Villarino, participaron de forma presencial Juan Luis Manfredi, catedrático de Estudios Internacionales en la Universidad de Castilla-La Mancha y Adriana Amado, profesora de comunicación política en la Universidad Camilo José Cela. Intervinieron de forma telemática Josep Colomer, profesor e investigador en la School of Foreign Service de Georgetown University (Washington, D.C.), y Sigrid Vázquez Tirado, doctora en Psicología Forense en la Universidad Ana G. Méndez de Puerto Rico.

Para Josep Colomer la polarización política en Estados Unidos es consecuencia de su diseño institucional, “un experimento sin precedentes cuyos errores están todavía pagando”. Los constituyentes de Filadelfia copiaron el sistema parlamentario uninominal británico, sustituyendo al monarca por un presidente cuya elección exacerba la polarización. Colomer insiste en que el binarismo político estadounidense está fomentado desde las instituciones y sus políticos, no proviene de la gente común. De hecho, se intuye cierto hartazgo ciudadano, porque a la hora de registrarse para votar la opción mayoritaria (un 45%) es la de ‘independiente’.

Desde el punto de vista de la psicología social, el principal peligro de la polarización política es la deshumanización de categorías dentro la población. Para Sigrid Vázquez, esto ocurre cuando se identifica a los inmigrantes como ‘ilegal aliens’ (casi extraterrestres) o cuando se identifica, como en tiempos del nazismo, a los judíos o los negros con animales. El corolario de la deshumanización es la violencia extrema: cuando se ve a estas categorías de población como individuos no humanos, es más fácil cometer atrocidades contra ellos, como la tortura o el linchamiento.

La violencia y la capacidad de coerción son ahora la nueva apuesta de Estados Unidos para ganarse aliados por el mundo. Atrás quedó el deseo de asociación que proyectaban el estilo de vida suburbano de las películas de Hollywood o las generosas becas para estudiar en las prestigiosas universidades de las dos costas, lamenta Juan Luis Manfredi. Lo que antes se conseguía con poder blando (la ayuda internacional de USAID o los boletines informativos de Voice of America) ahora se obtiene con el poder duro, forzando al actor internacional a manifestar su adhesión al Board of Peace, la alternativa de Trump a la ONU.

No obstante, el único rival al que Trump parece tomar como igual carece de armamento. La némesis del presidente estadounidense no sería tanto Pedro Sánchez como Bad Bunny. “La polarización no es solamente política”, advierte Adriana Amado. “La polarización política es parte del logos, pero cada uno de nosotros está dentro de muchas polarizaciones que se relacionan más con el pathos, con las emociones”. Según Amado, para entender a Trump y otros líderes redentores resulta más útil la teoría de la telenovela que la ciencia política clásica. La prueba definitiva de que Bad Bunny ha sido el único líder capaz de hacerle sombra a Trump es que éste se ha apresurado a sacarse fotos con futbolistas, los otros líderes de masas que se disputan la adoración iconográfica con los políticos y los artistas. La batalla por la idolatría tiene lugar ahora en el terreno de la cultura popular, aquel de donde procedía el Trump pre-candidato, un socialité.

Aunque el incierto resultado de la guerra con Irán invita a especular, una vez más, con la idea de la caída del imperio americano, Josep Colomer observa que a la constante de la violencia política se une la de la solidez institucional: durante el último siglo, Estados Unidos se ha mantenido en el 5% de la población mundial y en el 25% de la producción económica. “Este país es irrompible”, advierte.

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jueves, marzo 05, 2026

El futuro del fact-checking tras el abandono de las plataformas

El investigador Lucas Graves durante su charla el miércoles en el campus de la UC3M en Getafe
 

Hubo un tiempo, nada lejano, en el que las redes sociales abrazaron el fact-checking. Nacido en la primera década del presente siglo como un movimiento de reforma dentro del periodismo norteamericano, la verificación pretendía superar la objetividad entendida como ‘falso equilibrio’ entre las partes para abrazar la idea de que la verdad está en el dato y no en el relato.

El fact-checking conocería momentos de gran popularidad en España, como la sección ‘Maldita Hemeroteca’ dentro del programa de televisión ‘El Objetivo’ (La Sexta), que debutó en 2014 en las noches de los domingos adoptando el ‘truth-o-meter’ de Politifact, sometiendo las afirmaciones de los políticos a las categorías de ‘verdadero’, ‘falso’ y ‘engañoso’.

La era dorada de la verificación (al menos desde el punto de vista financiero) llegaría en la segunda mitad de la década de 2010, cuando grandes corporaciones como Google o Facebook decidieron incorporar el fact-checking a su operativa para contrarrestar la ‘posverdad’ (el sometimiento de los hechos a la emoción) y la desinformación (campañas de influencia extranjera). Así, los resultados de búsqueda en Google mostraban verificaciones de ciertas afirmaciones, mientras que en Facebook los posts denunciados por los verificadores eran eliminados o degradados por el algoritmo.

Todo cambió en 2022. Desde su residencia en Mar-a-Lago, un Trump destronado denunciaba el régimen de censura izquierdista (left-wing censorship regime). Musk compraba Twitter ese mismo año, convirtiendo la imperfecta plaza pública global en un abrevadero de la extrema derecha. En cuanto Trump recuperó el poder en 2025, Mark Zuckerberg anunció el final de su colaboración con los fact-checkers en Estados Unidos. El desacoplamiento de las plataformas tendría graves consecuencias: los gobiernos autoritarios de medio mundo se sintieron legitimados para dar caza a los verificadores. Irónicamente, el país que alumbró el movimiento del fact-checking prohíbe ahora las visas para investigadores que deseen investigar la desinformación desde Estados Unidos.

Lucas Graves, el académico de referencia en el estudio de la verificación, es en la actualidad uno de los talentos norteamericanos que ha captado el programa Atrae del Ministerio español de Ciencia, Innovación y Universidades. Este miércoles, 4 de marzo de 2026, hacía balance del estado del fact-checking en un seminario abierto del grupo de investigación en Comunicación, Políticas & Ciudadanía de la Universidad Carlos III de Madrid, su nueva casa académica.

Según datos del Duke Reporters Lab citados por Graves, la mitad de las 450 organizaciones de fact-checking que operaban en 2025 se encuentran en el sur global. En 2016 el número de verificadores se situaba en 145 organizaciones. Un crecimiento de un 210% en apenas una década, en gran medida gracias al músculo financiero de Facebook y Google. Algo más de la mitad de los verificadores están afiliados a medios periodísticos, pero el resto son activistas independientes o ‘brazos’ de organizaciones de la sociedad civil.

El impulso ofrecido por las plataformas ha sido crucial. Graves lo desglosa en cuatro ámbitos:

1.- Apoyo financiero. En 2022 Meta presumía de haber invertido más de 100 millones de dólares en financiar verificadores, mientras que Google cifraba su apoyo en 75 millones entre 2018 y 2022.
2.- Impacto. Los fact-checkers estaban integrados en el ecosistema donde las audiencias se exponían a los bulos, permitiéndoles moderar posts en Facebook o aparecer en búsquedas de Google apostillando la veracidad de ciertas afirmaciones.
3.- Legitimidad. Contar con el apoyo de Google o Facebook permitía a los verificadores entrar en un círculo virtuoso que les abría las puertas de agencias gubernamentales, organizaciones filantrópicas y medios de comunicación.
4.- Institucionalización. Antes de la entrada de las plataformas, la International Fact-Checking Network (IFCN) era poco más que una lista de correo y un congreso anual. La colaboración con Meta le obligó a controlar con más rigor quién entraba a formar parte de la red, forzando la aprobación de unos estatutos, un código ético, elecciones para renovar cargos… 

Ahora que las plataformas se han retirado, ¿qué futuro le espera a las organizaciones de verificación? Graves ve amenazas y oportunidades. Ya no hay conflicto de intereses para que las propias plataformas puedan ser objeto de auditoría por parte de los fact-checkers. También pueden seguir demostrando su valía destapando estafas a los consumidores, en lugar de gastar sus energías en desmentir pequeños bulos. Y pueden pasar de regular el discurso en la sala de máquinas de las plataformas a ocupar un papel más protagónico, colaborando con influencers y combinando pequeños vídeos en Tik Tok con piezas explicativas más largas en forma de newsletter.

El futuro es a la vez incierto y apasionante. La industria de la desinformación no descansa y ya hay estrategias de AIEO (Artificial Intelligence Engine Optimization), una evolución del SEO (Search Engine Optimization) para que las respuestas de los agentes de Inteligencia Artificial estén contaminadas por las partes interesadas. ¿Qué papel le corresponde a los fact-checkers en este nuevo escenario? La respuesta es abierta, lo único seguro es que Lucas Graves la seguirá buscando.

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jueves, octubre 02, 2025

Toni Aira: los mitos siguen siendo cruciales en la era del logos

De izquierda a derecha: Iván Redondo, Toni Aira y Verónica Fumanal


“El paso del mito al logos aún no está resuelto”, afirmó el comunicólogo Toni Aira citando al filósofo Jorge Freire durante la presentación del libro Mitólogos: el arte de seducir a las masas (Debate), que tuvo lugar este miércoles en la librería Antonio Machado en Madrid. Acompañado de los consultores Iván Redondo y Verónica Fumanal, Aira atribuyó el éxito de los líderes políticos contemporáneos a su capacidad para encarnar mitos que hunden sus raíces en la Grecia clásica. Así, la imagen de Milei con su motosierra sería una nueva versión de Perseo sosteniendo la cabeza de Medusa, mientras que la gorra MAGA de Trump tendría las virtudes del casco alado de Hermes. Detrás de estos mitos estaría, cómo no, la mano de los spin doctors, esos asesores políticos cuyo estudio Aira ha impulsado de manera pionera.

Verónica Fumanal se mostró entusiasta acerca del libro: “he conectado con la manera en que retratas el mundo de la política hoy”, confesó a Aira, “un mundo vacío, polarizado, en el que quizá falta política real y hay exceso de comunicación”. Su lectura la llevó a formular una batería de preguntas: “En la era del individualismo neoliberal, donde creíamos gozar de una autonomía sin parangón, ¿estamos siendo más manipulados que nunca? ¿A quién le interesa que estemos extasiados por la dopamina que nos generan las redes sociales, sin tiempo para pensar o reflexionar? Los personajes histriónicos que dominan la agenda política, ¿nos indican que el líder institucional es ya cosa del pasado? ¿Por qué el hartazgo de los electores se traduce en un voto anti-político y no en abstención? ¿Por qué han renunciado los políticos a ofrecer orientación, esperanza y pertenencia? Los líderes, en fin, parecen estar más preparados para ser candidatos que para gestionar las instituciones. ¿Qué culpa tiene la comunicación política en ello?”

Iván Redondo, cuya arma demoscópica, Opina 360, acababa de publicar una encuesta que auguraba un crecimiento electoral de Vox sin precedentes, añadió un problema: “los órdenes son muy cortos”. Así como en su momento el crecimiento de Podemos anunció el fin del bipartidismo, una derecha radical fuerte podría dar lugar a un nuevo orden. Coincidió con Aira en la necesidad de crear mitos poderosos, ya que éstos son los que hacen posible “reunir una cuenca de votantes mínima para alcanzar el poder”. Los asesores políticos, afirmó, son ante todo estrategas. Así, cuando están en la oposición, para crear un mito ganador los consultores deben responder a tres preguntas: ¿qué es lo que quiere el elector? ¿qué es lo que quiere el partido? ¿qué es lo que quiere el candidato? Mientras que desde el gobierno deben preguntarse: ¿qué es lo que necesita el ciudadano? ¿qué es lo que necesita España? ¿qué es lo que necesita el presidente?

Aira expresó su preocupación por la socialización política de los jóvenes. A diferencia de la era de la televisión, que forzaba a los apáticos a conocer las figuras políticas antes de ver los deportes o el programa de variedades, en la era de las redes sociales es más fácil que nunca aislarse en una burbuja apolítica. “La tele te metía la política en casa aunque no te interesara”, insistió Aira, “ahora muchos de mis alumnos ignoran quién los gobierna, ni siquiera en su propio ayuntamiento”.

Redondo tomó el testigo de Aira para insistir en un aspecto clave en toda acción de comunicación: ¿quién es el público? “Nuestra España es la de Lamine Yamal y Alexia Putellas”, advirtió. En breve una mayoría de electores españoles tendrá padres o abuelos nacidos en el extranjero. Ante esta revolución demográfica, aparece la ola reaccionaria. Todas las democracias occidentales tienen en común el desafío del ascenso del autoritarismo, observó.

Fumanal se mostró preocupada por la ausencia de castigo al engaño. En una analogía entre la manipulación electoral con Inteligencia Artificial y el dopaje en el mundo del deporte, se preguntó: “si se engaña a la gente y no pasa nada, ¿quién no va a competir dopado? Si la ausencia de ética no tiene consecuencias, ¿qué incentivos tiene la política para no engañar a la gente?”

Ante este preocupante panorama, Toni Aira apostó por “educar la mirada”, siendo conscientes de que toda comunicación es interesada. “Estoy seguro de que el péndulo girará”, vaticinó, augurando un mundo en el que el interés de los asistentes a la presentación del libro se vea reflejado en una política de mayor nivel intelectual y dialéctico. 

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sábado, septiembre 27, 2025

Nuestra preocupante credulidad como audiencias

Joe Rogan (izda.) entrevista a Rod Blagojevich (dcha.) en su popupar podcast.


Los podcasts han irrumpido en el ecosistema de la comunicación política. A pesar de que pertenecen en teoría al mundo del narrowcasting, a las audiencias nicho, se les considera un factor clave en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas.

Concebidos inicialmente como piezas de audio, las jóvenes audiencias, criadas en tabletas conectadas a YouTube, asumen que los podcasts son ante todo vídeos, larguísimos vídeos que superan ampliamente la hora de duración. Curioso panorama: TikTok e Instagram han popularizado los shortclips y soundbites híper-breves, pero los podcasts de los que se extraen no tienen problemas de duración.

Como si siguieran una costumbre labrada en sus infancias frente a la tablet, las jóvenes audiencias son capaces de soportar vídeos de alrededor de una hora de duración, bien en sus móviles o en las propias smart TVs, donde es YouTube -y no Netflix- el servicio de streaming más popular.

Las parodias sobre podcasts ilustran muy bien las constantes del género: una conversación en la que entrevistado y entrevistador se disputan la popularidad. Es más, es frecuente que, lejos de dividirse claramente los roles, el entrevistador acabe entrevistado por el invitado. Esa transgresión del periodismo convencional parece ser una de las virtudes del nuevo formato.

Intrigado por el fenómeno Joe Rogan, el podcaster más popular en EE.UU., con invitados que van desde Donald Trump a Bernie Sanders, me decidí a escucharlo. Opté por su entrevista con Rod Blagojevich, el ex gobernador de Illinois que pasó una temporada en la cárcel condenado por cohecho, al intentar ‘vender’ el escaño en el senado que dejaba libre Obama al convertirse en presidente. ‘Blago’ aprovecha la conversación para criticar la doblez moral de Obama, celebrar a Trump (que conmutó su sentencia) y explicar su renacimiento espiritual y religioso mientras estaba convicto. Rogan no le busca las cosquillas, sino que actúa más bien como un terapeuta. Los podcasts rara vez son adversariales, son una oportunidad ideal de promoción para los entrevistados.

The Guardian comentaba recientemente la dulcificación de los documentales sobre estrellas de la música y el cine. Parece que las audiencias quieren celebrar, más que conocer. La clave es no ofender a nadie. Y, sorprendentemente, este tipo de contenidos edulcorados, más próximos a la publicidad que al periodismo, gozan del favor del público.

El periodismo tendría, además de un problema de modelo de negocio, un desafío doble: la polarización y el gusto por la retórica epidíctica, celebratoria. Quizá la polarización y lo epidíctico estén relacionados: todo para los amigos, nada para el enemigo. El análisis periodístico tradicional, que expondría luces y sombras, cuestionaría la certidumbre moral del partisano, del fan. Mejor optar por un contenido ‘a favor de obra’, que no moleste al entrevistado o a las audiencias.

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martes, junio 10, 2025

Stiglitz: los medios libres e independientes son esenciales para la buena marcha de la economía

El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, en el CaixaFórum de Madrid

El impresionante aumento en los estándares de calidad de vida en los últimos 250 años tienen, a decir del economista Joseph Stiglitz, un claro responsable: la Ilustración. Pero ese mundo, en el que el conocimiento está basado en el método científico y la organización social en el Estado de Derecho, está en peligro por la falta de incentivos económicos para producir información de calidad. El modelo de negocio mediante el cual la publicidad comercial subsidiaba la provisión de noticias de interés público se ha desvanecido. Los medios sociales han descubierto que la mejor forma de atraer audiencias es mediante la indignación, a menudo provocada por noticias falsas. Al escaso interés de las plataformas en producir noticias -simplemente las seleccionan- se une el robo intelectual de las aplicaciones de Inteligencia Artificial, que ofrecen respuestas a partir de la información recopilada por terceros, a los que no se remunera. El resultado es un ecosistema informativo contaminado que genera desconfianza en los medios y, por extensión, en el resto de instituciones.

El Nobel de Economía, que inauguró este martes en el CaixaFórum de Madrid una jornada sobre la gobernanza de medios auspiciada por el Observatorio de Medios e Información Responsable, insistió en la importancia de la confianza en las instituciones para la buena marcha de la sociedad y la economía. Para abordar el problema, Stiglitz propuso tres medidas: hacer responsables a las plataformas por lo que publican (a diferencia de un medio editorial tradicional, la legislación no las responsabiliza por la circulación de noticias falsas); encontrar la manera de distinguir la buena de la mala información y reducir el nivel de concentración en la propiedad de los medios. “Para que una democracia florezca, no se pueden tener grandes concentraciones de poder en ninguno de los sectores clave de la sociedad”, sentenció.

La jornada continuó con una serie de mesas redondas en las que participaron editores, activistas, periodistas y reguladores. El nuevo Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación (European Media Freedom Act o EMFA), que entrará en vigor en agosto, obliga a los medios a ser más transparentes sobre su propiedad y financiación. La posibilidad de crear un sello de calidad que distinga a los medios periodísticos fiables centró gran parte del debate: ¿quién debería ser el órgano que otorgara dicha distinción? ¿cuáles serían los requisitos para conseguir y conservar ese sello? ¿debería condicionarse la financiación con publicidad institucional a la obtención de ese distintivo?

Lo paradójico de este nuevo ecosistema es que los medios periodísticos nunca tuvieron tanta audiencia, pero no tienen manera de monetizarla de manera eficaz. Ante la inundación de contenido automatizado y procesado, algunas cabeceras apuestan por lo artesano, por el periodismo de autor. De ahí el resurgir de las newsletters y la proliferación de podcasts, además de los encuentros entre redactores y lectores-suscriptores. Pero la sensación de que nos encontramos ante un fallo de mercado inducido por las nuevas tecnologías es omnipresente. Cómo el Estado puede intervenir para corregir ese fallo es otro dilema. Además de los medios que posee en titularidad, el Estado puede financiar y regular los medios privados, atendiendo a la idea de que el periodismo es un bien público que justifica su intervención. No obstante, los peligros para la independencia editorial son evidentes.

El simposio terminó con la intervención de la profesora de periodismo de la Universidad de Columbia Anya Schiffrin. Irónicamente, nuestro presente hiper-tecnologizado le recuerda al mundo anterior a la existencia de un público moderno que describía el sociólogo Gabriel Tarde: las sociedades pre-impresas se regían por la emoción, el contagio y la imitación de los influyentes. Recomendó la lectura de Careless people, el libro de memorias de una antigua ejecutiva de Facebook, Sarah Wynn-Williams. Un relato aleccionador sobre la ausencia de escrúpulos entre los dueños de la nueva esfera pública.

La Fundación Haz, que junto a Ethosfera sostiene el Observatorio de Medios e Información Responsable, presentó su propuesta de Estándares de Transparencia y Gobernanza Informativa, una especie de aplicación práctica del reglamento europeo sobre libertad de medios, en la que se define un código de buenas prácticas para los medios periodísticos de calidad. Entre ellas, la recomendación de que ningún medio dependa en más de un 10% de su financiación de un único anunciante.

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