sábado, mayo 02, 2009

La sombra del poder

Hay películas que sirven, como los fósiles, para documentar una época. Si los peores augurios se cumplen, La sombra del poder (State of Play, Kevin McDonald, 2009) podría convertirse en un homenaje romántico a un mundo que se acaba, el de la prensa y el periodismo de calidad.

Cal McAffrey (interpretado por Russell Crowe) es un periodista panzudo, no demasiado aseado, que encarna todos los estereotipos del periodista avezado. Está de vuelta de todo. La confianza de sus fuentes, ganada a pulso tras años de buen hacer, y su olfato para la noticia lo convierten en el mentor con el que todo joven periodista gustaría encontrarse al llegar a una redacción. Esa es precisamente la fortuna de Della Frye (interpretada por Rachel McAdams), joven y sagaz bloguera que escribe para la edición electrónica del periódico. El contraste entre la mesura del formato impreso y la impulsividad del formato digital son un guiño cómplice del guión. Curiosamente, es la joven bloguera quien acaba pasándose al bando del viejo periodista impreso, que quiere aguantar la noticia hasta confirmar todos los datos, y es la edición impresa (y no la digital) la que publica la exclusiva con la que se cierra la película. “Una historia como esta”, dice la joven, “merece leerse en papel.” La gruñona directora del Globe, Cameron Lynne (Helen Mirren), se convence de que ha merecido la pena confiar, una vez más, en el periodismo de calidad frente a la presión de los editores, siempre dados al sensacionalismo. ¿Qué ha pasado, por cierto, con las directoras de temple que interpreta Mirren? ¿En qué momento fueron reemplazadas por los efébicos albaceas que sufrimos en el presente?

Tal es el grado de romanticismo que los reporteros del ficticio Washington Globe escriben sus noticias en un procesador de textos similar al PC-News, la aplicación informática que revolucionó las redacciones en los años 80. Hoy en día, la mayoría de los periódicos que sobreviven permiten a sus periodistas redactar directamente sobre maqueta. Al final de la película (tranquilidad, no vamos a desvelar la trama), observamos cómo el veterano periodista deja a la joven redactora pulsar la tecla de envío (mediante la cual el texto se transfiere a la planta de filmado e impresión). Los títulos de crédito corren parejos a la cadena industrial de la impresión del periódico, que a primera hora de la mañana habrá de sorprender a sus lectores y poner en su sitio a los políticos corruptos.

¡Qué tiempos aquellos! Qué tiempos aquellos en los que las empresas periodísticas eran lo suficientemente viables económicamente como para, con todos los matices conocidos, salvaguardar su independencia editorial. Sí, es cierto, quizá estemos idealizando una época que no era tan dorada como la pintamos en nuestra memoria reciente. Pero concurrimos con Paul Starr, a quien citamos ahora por tercera vez en este blog, que Internet está reemplazando al periodismo de calidad impreso sin ofrecer una alternativa similar en formato digital. La muerte del periódico impreso se está llevando consigo al otro mundo al periodismo de calidad. El amable lector podrá diferir de este diagnóstico. Por eso recomendamos el interesantísimo debate entre Paul Starr y Steven Johnson, que publica este mes la revista británica The Prospect.

Así como La sombra del poder se convierte en una película romántica sin quizá pretenderlo (al fin y al cabo, es un thriller the excelente factura), la cartelera cinematográfica de estos días ofrece, también de forma involuntaria, momentos de irónica hilaridad. En Marley & Me (David Frankel, 2008), el protagonista empieza la película consiguiendo empleo como periodista en un gran diario metropolitano. Ése es quizá el momento más irrisorio de toda la comedia. En I Love You, Man (John Hamburg, 2009), el actor principal, un agente inmobiliario, pide matrimonio a su novia prometiéndole un gran futuro juntos en cuanto venda su próxima urbanización. Sin comentarios. El momento álgido de disonancia cognitiva nos lo brinda Confessions of a shopaholic (P.J. Hogan, 2009), película que no hemos visto, pero que, visto el contexto de crisis económica mundial en la que se ha estrenado, ha de calificarse más como film de ciencia ficción que como comedia.

El viejo orden se extingue sin dejar claro el horizonte. Aún así, resulta esperenzador ver en la joven periodista encarnada por Rachel McAdams el mismo espíritu combativo que destila el curtido Russell Crowe. La nueva generación de reporteros ya no sueña con abrir las puertas en estampida al grito de “¡Paren las rotativas!” Pero mientras haya jóvenes dispuestos a contar las verdades que duelen con el máximo rigor y profesionalidad, el periodismo no morirá. Ya lo decía el polígrafo gallego Salvador de Madariaga: El ansia de saber, y no la búsqueda de la siempre escurridiza felicidad, es la mejor de las motivaciones vitales.

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2 comentarios:

minimo dijo...

querido pablo,

abordas un tema que me gusta mucho discutir con algunos compañeros en la redacción en que trabajo (en particular con uno al qe le he enviado el link, y de quien espero respuesta). Él es un acérrimo defensor del periodismo tradicional y yo soy para él una especie de rockero obsceno de los nuevos formatos (evidentemente esto sólo ocurre cuando discutimos, porque habitualmente somos mucho más sosegados con nuestras opiniones).

Algunos de mis argumentos en favor de los nuevos medios tienen que ver precisamente con eso que añoras en la prensa actual: independencia.

No sólo son independientes los 'periodistas' online con respecto a los poderes fácticos, sino que a veces son independientes hasta de los propios periodistas!!! El Periodismo con mayúsculas, el que se enseña en la facultad con Bernstein y Woodward o Kapuscinski en mano, es una disciplina a menudo demasiado rígida, en mi opinión. Los estudiantes salen de la facultad pensando que el papel es el único medio realmente digno, mirando hacia abajo, lo último que aparece son los blogs.

Y yo creo que los blogs son información especializada escrita por gente con conocimientos que decide comunicarlos por simple amor a su profesión. Qué puede ser más de fiar??

No quiero abusar, así que aquí dejo mi primer argumento en contra del romanticismo anquilosante, en espera de una respuesta tuya, o de mi compi de batallas, que espero que se anime.

Un saludo, y enhorabuena por el blog

Paco Seoane dijo...

Gracias por el comentario,

Mis posiciones respecto al debate periodismo tradicional vs. blogs son muy similares a las del Profesor Starr (léase el referido debate en la revista The Prospect). Hay muchas razones por las cuales los blogs no son un buen sustituto del periodismo tradicional. En primer lugar, por su fragmentación y su especialización. El periodismo consiste precisamente en hacer comprensible para el ciudadano medio la retórica y la jerga especializada de ciertos agentes sociales y económicos. La estructura de ‘cobertura de la realidad social’ diseñada tras años y años de práctica profesional (los juzgados, la policía, el parlamento, etc.) no encuentra parangón en los blogs. Cubrir sucesos, crímenes horrendos, no es plato de gusto para nadie. No conozco a ningún bloguero que, por voluntad propia, haga una ronda de llamadas a la policía y a los bomberos para conocer los últimos accidentes. Es un trabajo engorroso, pero muy necesario. En cuanto a la independencia, como la objetividad, es un ideal inalcanzable, pero por el que vale la pena luchar. Dado que ningún periódico/medio de comunicación será jamás totalmente independiente, lo mejor que podemos hacer es tener una oferta plural con varias cabeceras que compitan entre sí. Los blogueros, como los periodistas, tienen muy pocos incentivos para criticar a la empresa o entidad que les da de comer. Pero ahí reside una de las maravillosas funciones de la blogosfera para la democracia: La crítica de los medios de comunicación tradicionales. Los blogs son un complemento muy necesario para la prensa tradicional y son beneficiosos para la democracia, pero a mi modo de ver no son un buen sustituto del periodismo tradicional.