viernes, diciembre 31, 2004

Un año de comunicación política

La victoria de George W. Bush en las elecciones presidenciales de 2004 ha demostrado la eficiencia de la comunicación política below the line. Cierto es que el establishment liberal capitaneado por el New York Times y el Washington Post ha perdido fuelle frente a la irrupción de canales como Fox News (que este año superó en audiencia a las tres grandes networks durante la segunda sesión de la Convención Republicana en agosto) y el ascenso de periódicos de tinte conservador como The Washington Times.

Pero el verdadero éxito de los neocons de hoy se fraguó en los años 60, cuando el movimiento conservador en Estados Unidos era totalmente residual, cuando Barry Goldwater, autor de The conscience of a conservative, era objeto de burlas y no de adoración, cuando los aires bostonianos y liberales de Kennedy deslumbraban aún más que los vestidos de su sufrida consorte.

A Richard Viguerie, el maestro del mailing directo que sentó las bases de la revolución conservadora, se le atribuye una de esas reflexiones que hacen historia: “Amigos, reconozcámoslo: nunca conseguiremos una portada en el New York Times. Es hora de empezar a trabajar con otro esquema”. Así, décadas antes de la erosión del ágora común de los mass media, Viguerie comprendió que era posible pasar de los grandes medios y reclutar votos y voluntades a través del envío directo de propaganda electoral asistido por ordenador. Su libro America's Right Turn: How Conservatives Used New and Alternative Media to Take Power, coescrito con David Franke y publicado por Bonus Books en agosto de 2004, relata cómo la propaganda below the line aupó a Reagan al poder, y cómo este sistema, adaptado a la era de Internet, ha servido por igual a conservadores y a demócratas (recuérdese el éxito del candidato demócrata Howard Dean, que financió su campaña gracias al apoyo de internautas entusiastas).

El año 2004 ha sido un año de crisis para el New York Times. Tras los plagios de Jason Blair, el periódico tuvo que retractarse por dar como exclusivas las filtraciones interesadas del Ahmad Chalabi, aliado americano en la guerra de Irak.

La era de los medios masivos, a decir de Jay Rosen, es sólo una era, y no tiene por qué durar siempre. El significado de la retirada de los tres grandes anchors americanos, Tom Brokaw (NBC), Dan Rather (CBS) y Peter Jennings (ABC) epitomiza, según la revista The Economist, dos movimientos de poder. En primer lugar, los viejos medios pierden terreno frente a los nuevos. Y, en segundo lugar, el establishment liberal pierde poder frente a una cacofonía de nuevas voces más diversa.

Se abre, en definitiva, una nueva etapa. Para algunos, la de los periodistas en pijama (los bloggers como Andrew Sullivan). Para otros, una era más compleja, en la que los mass media convivirán con los otros media, que acturarán como una especie de mini-media-watchdogs, denunciando las irregularidades de los grandes periódicos, radios y televisiones. El public editor del New York Times, una versión mejorada de los discutibles “defensores del lector” (Daniel Okrent es una persona ajena a la redacción; los defensores del lector españoles son, las más de las veces, defensores de su propio periódico) no se entendería sin la influencia de los blogs fajadores, siempre atentos a los desmanes de la gran dama gris.

Es el fin del mundo (mediático) tal y como lo conocemos y, no sé a ustedes, pero a mí me encanta.


2 comentarios:

Roberto Iza Valdes dijo...
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Roberto Iza dijo...
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