martes, junio 12, 2012

Consejo de Cicerón: Promete lo imposible

Acaba de salir de la imprenta una nueva traducción al inglés del breviario de campaña de Quinto Tulio Cicerón (a cargo de Philip Freeman bajo el título How to win an election: An ancient guide for modern politicians, en Princeton University Press), y la revista Foreign Affairs aprovecha la ocasión para publicar un extracto del libro con una apostilla de James Carville, el consultor político que aupó a Bill Clinton a la presidencia de los Estados Unidos.

Entre los consejos más provocadores del breviario destaca el de hacer promesas electorales aún a sabiendas de que no se podrán cumplir. Según Quinto Tulio Cicerón (hermano menor del famoso Marco Tulio Cicerón), mejor prometer lo imposible que no prometer nada:

“Las consecuencias de incumplir una promesa no son claras y el número de personas afectadas será en todo caso pequeño. Pero si te niegas a hacer una promesa, las consecuencias serán obvias y enfadarás a un número importante de votantes. La mayoría de los que te piden ayuda jamás la necesitarán en realidad. Así que es mejor tener a unas pocas personas descontentas en el Foro cuando los decepcionas que tener a una turba a la entrada de tu casa cuando te niegas a prometerles lo que quieren…” (Foreign Affairs, Mayo/Junio 2012, pág. 25).

Curiosamente, la cínica intuición de Quinto Tulio Cicerón se ha confirmado en estudios empíricos. El pasado sábado el diario El Mundo publicaba una entrevista con el psicólogo Daniel Kahneman, profesor emérito en la Universidad de Princeton y ganador del Premio Nobel de Economía en 2002 por demostrar que nuestras decisiones económicas son a menudo más emocionales que racionales. Dice Kahneman que “a los ciudadanos no les gustan los políticos que tardan en decidir (…) el atractivo de lo inmediato es irresistible. Es imposible que un gobernante logre un rédito electoral por evitar un desastre lejano en el tiempo” (El Mundo, 9 de junio de 2012, pág. 24).

El actual contexto de crisis europea, con medidas impopulares cuyas consecuencias se prolongarán durante décadas, es una prueba de fuego para los gobernantes y electorados del continente. Y todo un reto para los consultores políticos.

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