viernes, julio 27, 2007

Democracia postelevisiva: Desigualdad y polarización

La multiplicación de la oferta mediática (en televisión por cable e internet) ha aumentado la distancia entre info-ricos e info-pobres. Los ciudadanos politizados tienen a su disposición más fuentes de información (canales 24 horas, blogs, portales con claras filiaciones ideológicas), mientras que los desinteresados en la cosa pública tienden a sumergirse en la interminable oferta de entretenimiento de los nuevos medios. La limitada oferta televisiva en la era de los medios generalistas tenía la virtud de forzar a los apolíticos a ver las noticias. Ahora este segmento de la población está perdido para la política. Así lo sostiene Markus Prior, autor del reciente libro Post-broadcast democracy: How media choice increases inequality in political involvement and polarizes elections (Cambridge, 2007).

La obra de Prior encuentra un complemento ideal en una tesis doctoral defendida en la Universidad de Pensilvania. En Selective exposure to partisan information (University of Pennsylvania, 2006), Natalie Jomini Stroud advierte que ausencia de la vieja ágora catódica tiene otra consecuencia perniciosa: Los interesados en los asuntos públicos se vuelven más partidistas y, posiblemente, menos tolerantes a las ideas del adversario. Para Stroud la exposición selectiva a información partidista representa para la democracia una espada de doble filo: Por una parte, “inspira la participación ciudadana y facilita un esquema partidista para dar sentido al mundo político”, pero por la otra “polariza las opiniones y fragmenta al público.” La autora apunta que la exposición selectiva a la información partidista debería ser contapesada por “otras fuerzas” que consigan, de nuevo, constituir al electorado en público (en un público unitario, se entiende).

Ignoramos cuáles pueden ser esas “fuerzas” a las que alude Stroud. Parece difícil (y quizá no sea posible ni deseable) volver a la era del monopolio público televisivo en Europa o al triunvirato norteamericano de la ABC, la NBC y la CBS. Pero los retos enunciados por Prior y Stroud siguen vigentes: ¿Cómo enganchar en la vida pública al apolítico si éste ya no tiene por qué soportar los boletines de noticias de las cadenas generalistas? ¿Y cómo evitar que el ciudadano politizado se encierre voluntariamente en la “cámara de resonancia” (feliz metáfora de Sunstein) de su(s) medio(s) partidistas?

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1 comentario:

Fer Ledesma dijo...

Paco:
Em Chiapas estamos haciendo un esfuerzo por construir una agenda política en materia de comunciación, que a la vez se traduzca en una política de estado. Apenas es el comienzo y falta alcanzar los concensos entre academicos, comunicadores, periodistas, investigadores, sociedad y políticos.
Te mando un saludo desde el sur.
Fer